Verano Azul.


Este verano no lo estamos percibiendo, desde dentro, como lo estudiarán el día de mañana quienes puedan pagar un profesor o una escuela particulares. Que no serán muchos.
Este verano hemos visto cómo las vacías arcas públicas se volcaban en gastar lo que es de todos para que los católicos reuniesen a sus “jóvenes” paralizando Madrid y escenificando confesiones y absoluciones masivas en quiosquillos que una amiga confundió con servicios públicos móviles. En el fondo no le faltaba razón: por ahí el cura tiraba de la absolutoria cadena para evacuar las mierdas personales de quienes no tienen suficiente con un padre. Además, tampoco fue para tanto: tuvieron que recurrir a la práctica totalidad del planeta para reunir un mísero millón de personas. En otros tiempos hubieran sido decenas de millones. Claro que por el método de que si no ibas o te quemaban o, más modernamente, no podías acceder a cargos públicos.

Este verano hemos visto también la demolición incontrolada de dos pilares fundamentales de nuestras vidas: la izquierda socialdemócrata que en el siglo pasado renunció a sus pecadillos de juventud para alcanzar el poder, por un lado; por otro, una Constitución que permitía cosillas como la inversión pública con objetivos de reactivación económica. En una palabra, Zapatero pasará a los e-books de historia de mañana como el tipo que desmontó la izquierda y se sumó a la legitimación de la codicia fascista –que por mucho que disfracemos con el prefijo neo- de neocon o neoliberalismo, siempre ha significado lo mismo.
Hemos visto también el abucheo sonrojante que recibió Cayo Lara cuando creyó que todo el monte del 15-M era orégano de votantes potencialmente rojillos, sin enterarse de que las corrientes históricas están por el abandono, también, de un pos(otro sufijo, equívoco y agramatical)comunismo rancio, envejecido y desnortado.

Sin una izquierda con discurso, con alternativa y con voluntad de lucha y resistencia, no hay obstáculos ya para que quienes inventan el dinero, lo degluten y lo defecan entre los suyos hayan sustituido al sujeto histórico del capitalismo (el individuo y su capacidad de buscar la riqueza y, por tanto, las empresas) por los especuladores. Un sujeto que vive tanto del hambre Somalí (o dominicana, o del Barrio de la Fortuna) como del comercio de armas en guerras interminables y absurdas, como del precio que creen que tendrá el trigo dentro de seis meses.

También ha sido un verano en el que una cohorte infinita de gilipuertas ha decidido votar a esos sujetos, vestidos de gaviotas para la ocasión, que acabarán con los pilares de lo público porque se tragan todo lo que se les dice. Es cierto que los y las profesionales de la enseñanza no han contribuido precisamente al prestigio de lo público, y que son muchos los funcionarios que creen que su vida formativa y profesional acabó (en lugar de empezar) cuando aprobaron la oposición. Pero eso no debería dar argumentos a quienes saben que una población sin formar es más maleable ante las mentiras y los miedos que fabrican personas tan siniestras como las cospedales, los fabras, los bonos, los camps,… Por no hablar de quienes luego protestarán por listas de espera interminables, falta de profesionales y equipos médicos, falta de fondos para personas dependientes…

Que en este verano mi madre haya muerto sin dolor, mientras dormía, tras luchar contra dos tozudos y malnacidos cánceres, rodeada de quienes la queríamos casi ha sido lo mejor que podía pasar. Ahora su cuerpo será camino, le dará verde a los pinos y amarillo a la genista. Prefiero su amarillo y el blanco de sus cenizas a este azul que nos amenaza y en el que, probablemente, vivirá la generación de su nieto. Que tendrá bastante con sobrevivir.

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  1. #1 por raquel el febrero 10, 2012 - 10:59 am

    Siempre me emociona leerte, me parece que pones palabras a mis propios pensamientos. Gracias chache!

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