Archivos para 3 junio 2014

Poder con los detalles. Las elecciones de Mayo.


Cuando empezó la campaña, Equo tenía la expectativa de, tras un gran esfuerzo de la militancia, conseguir en coalición con otras fuerzas políticas la entrada en las instituciones por primera vez. Ya en Euskadi nos habían separado de ese objetivo poco más de 600 votos. En esta ocasión, con un gasto de poco más del triple que en el País Vasco, sin apoyos mediáticos, apoyados en una coalición amplia y con un enorme esfuerzo territorial, el objetivo se consiguió de sobra. Se obtuvo el escaño nº 43 de os 54 en juego y “sobraron” para las divisiones D’Hont más de 50.000 votos. Nunca estuvimos cerca del drama que vivió VOX. Después de un millón de euros cedió el último resto a Ciutadans por algo menos de 2.200 votos.

El 25 de mayo pasado, antes de los resultados, muchos de los presentes asistimos con perplejidad (algunos con entusiasmo) a la entrada de Equo en el mapa político. Algo que muy pocos dábamos por seguro antes del recuento se había hecho realidad. Tras tres años de experiencias irregulares, algunas frustrantes, el objetivo se consiguió.

Pero la noticia de la noche era Podemos. En menos de cuatro meses habían constituido un partido, habían puesto al frente a un líder y habían logrado más de un millón de votos. Cinco escaños. En caliente, muchos sintieron que Podemos había “robado” votos de nuestro espacio, que habían ocupado el lugar que “nos” correspondía. Que todo lo habían hecho bien. También en caliente hubo un reflejo inmediato de echarse en brazos de Podemos, de surfear la ola, de sumarse al tsunami. De ser otros, en definitiva, de triunfar más, porque nuestro triunfo había sido magro, coaligado, deudor. Y el suyo había sido en solitario, limpio y morondo, avasallador.
En frío y en caliente, sin embargo, yo tuve miedo. Porque todo era cierto, con salvedades sistémicas e históricas que me daban escalofríos. No porque la formación en sí misma no sea próxima. Lo es en muchos aspectos políticos y personales. Lo es en cuanto a la bolsa de voto que ha logrado movilizar, hermana de la “nuestra”: una zona enorme de la “nuestra”. Convergeremos con ellos en muchos escenarios personales y políticos, porque es inevitable: nos une mucho más de lo que nos separa. No: me daba miedo por lo que se olvidaba.

Lo que muchas y muchos estaban olvidando en el calor de una victoria ajena eran detalles que para mí, como investigador social, como historiador aficionado (muy aficionado, es decir muy amateur) y como analista político, no son menores ni se pueden olvidar. Porque son cosas que no molestan en sí mismas, detallitos que tienen justificación fácil, rápida. Porque llaman la atención un poco y luego se olvidan. Todas esas son características de los detalles importantes.

Por ejemplo, la discusión sobre si la foto del amado líder es válida como logo para una papeleta me parece estéril. El pequeño detalle es que más de un millón de personas ha votado una papeleta con el rostro de un líder. No sé lo que hubiéramos pensado de esa papeleta en Honduras o en Iraq, por poner dos casos.

Otro detallito: el hecho de que una formación que no tiene más discurso –en el corro social, en el imaginario electoral– que el discurso “contra la casta” haciendo suyas las propuestas asamblearias, horizontales, no personalistas y de radicalidad democrática emergidas de la demanda ciudadana haya aceptado, vendido y explotado el éxito de un líder indiscutible e indiscutido. Que, pequeño detalle, pone su foto en la papeleta como logo del partido.

Hay más detallitos. Como el sueldazo del contrato con Cuatro para sus tertulias, el apoyo del grupo Planeta. La sospecha de que al PPSOE se le fue de las manos interponer al peón para debilitar a la dama de Cayo Lara. La postulación durante la campaña del amado líder para las Generales de dentro de año y medio, el que se hayan apuntado hasta la abdicación del ciudadano Juan Carlos, el voto de ultimísima hora, la constatación de que cada minuto de televisión vale por cincuenta mil militantes.

De ahí la rabia de quienes se patearon asfaltos, arenas y adoquines o se comieron horas de AVE, avión, coche… para arrancar un voto; para explicar casi persona a persona una alternativa compleja con soluciones a medio y largo plazo; para captar un voto consciente, razonable y razonado, para oponer al caos propuestas pensadas, elaboradas con la ciudadanía; para dar a conocer nuestras primarias abiertas, para mostrar nuestra transparencia. Todo eso lo barrió la técnica pura. El puro laboratorio mediático. La constatación de que desde que en los años veinte del siglo pasado se inventase la propaganda como método de nada vale ser lo mejor si no tienes los medios de tu lado. Si no tienes la valentía de señalar un enemigo y movilizar a tus seguidores contra ese enemigo, real o ficticio. Si no tienes el descaro de no decir nada siempre que lo digas como la gente lo quiere oír.

Por todo eso, aún hoy, en frío, prefiero nuestro éxito, pequeñito, luchado, proporcionalmente modesto, a su victoria. Porque me gusta fijarme en los detalles.

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