Mamá, soy pianista en un burdel.


Jacques Séguéla, uno de los grandes entre los grandes de la publicidad mundial, tituló un libro, ya célebre al menos en los que estamos o estuvimos en el ramo, así: “No le digas a mi madre que estoy en Publicidad. Ella cree que soy pianista en un burdel” (Ne dites pas à ma mère que je suis dans la publicité… elle me croit pianiste dans un bordel, Flammarion, 1979).

Séguéla, maestro de campañas políticas y mago del reposicionamiento transversal (vender algo por lo que no es y trasladar un producto o marca a otra categoría para diferenciarlo de la competencia) hizo militancia de su profesión, denostada por estar en el corazón mismo de la influencia que el capitalismo estaba empezando a ejercer sobre los valores, las actitudes y la cultura cotidiana de lo que aún no se sabía que iba a ser el posmodernismo.

La posición de Séguéla hizo que muchas personas buscasen en la publicidad un modo nuevo de expresión y llevaran la cultura audiovisual a cimas de las que no tuvieron más remedio que beber el cine, la naciente industria del video –los hermanos Scott eran realizadores publicitarios, y seguramente sin esta nueva visión no hubiéramos tenido un Blade Runner o un Twin Peaks, por ejemplo– y aun la literatura, el comic y las llamadas Bellas Artes. A menudo, entre finales de los 70 y los primeros 90, las mejores piezas audiovisuales eran spots de publicidad. Y mucha gente estaba orgullosa de pertenecer a ese mundo efervescente, que además contaba con al menos tanto alcohol, drogas y desfase creativo como el rock star system de los 60 y 70.

Digo esto porque ahora, en lugar de decirle a sus madres que militan en un partido político, hay muchas personas que preferirían que creyeran que trabajan de pianistas en un burdel. Las barbaridades, los atropellos y los sinsentidos que una panda de filibusteros desalmados han cometido en nombre de la política ha hecho de ésta una marca sucia, y a los sujetos que la ejercen (colectivos o individuales) en apestados, gente que pertenece a una casta (la palabrita) que los hace o rajás inmisericordes o parias ante sus iguales.

Por culpa de esos desalmados y de los demagogos que han utilizado sus tropelías para poner en cuestión el sistema mismo de la representatividad y de la gestión de las demandas sociales, esconder las siglas es ahora condición sine qua non para presentarse en una acción o colectivo social. Y eso aunque el partido al que una o uno pertenece tenga un historial impoluto en cuanto a corrupción, transparencia o participación abierta y horizontal. Aunque uno o una esté orgullosa de representar a unas siglas que expresan su voluntad transformadora, su deseo de, simplemente, hacer que las cosas vayan mejor y no nos vayamos a la mierda en un alegre y cantarín desfile de consumo ciego y despreocupación por las generaciones futuras.

Quienes creemos en que Equo es un partido imprescindible para transformar la realidad, con alternativas serias, cuantificadas y sólidas al modelo que nos ha puesto perdidos de miseria y polución (de la atmosférica y de la otra); quienes creemos que estamos junto a personas que creemos más o menos lo mismo y queremos construir desde posiciones honestas, contundentes, razonables un presente que haga habitable el futuro; quienes creemos que el sistema tiene que airearse, rellenarse de gente que crea y trabaje… deberíamos estar orgullosos de comportarnos, de hablar y de trabajar en consecuencia.

Que haya momentos tácticos en los que sostener la sigla no sea prioritario, vale. Que haya escenarios en los que la sigla deje paso a la generosidad y al acuerdo, al trabajo en común, también vale. Pero creo que no podemos ni debemos traicionarnos a nosotras y a nosotros mismos el día después, ni en el durante, ni en el antes. Yo, al menos, soy de Equo. Trabajo y trabajaré para Equo. Estoy y estaré en Equo.

Así que, mamá, estés donde estés: milito en un partido político. En Equo. Ecologistas, ya sabes.

Aunque a veces toque en sitios poco recomendables.

El bajo. No el piano.

Eso, encima.

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  1. #1 por Pelayo el septiembre 16, 2014 - 5:47 pm

    Gracias Juvenal por expresar de forma clara y precisa este sentimiento hacia EQUO que, al menos, yo comparto contigo.

    Gracias.

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