Podemos: ¡qué emocionante!


Hace muy poquito, en una reunión informal, una mujer joven, arquitecta, inteligente y entusiasta hacía una reflexión que ahora debe ser muy común y que –con forma diferente—no era la primera vez que oía: “es que eso de [Equo] de reflexionar, argumentar, exponer programa… eso es viejo, del siglo XX. En el siglo XXI se trata de las emociones, de comunicar emociones, de llegar a las tripas, al corazón”. Se refería así, comparando sus actitudes ante la comunicación política con la de Equo, claro está, a la alegre muchachada de los círculos.

La respuesta que di  a esta entusiasta mujer no le gustó nada. Le hice notar que las emociones, en política, se llevan usando mucho tiempo antes del siglo XXI. Y que cuando se ha hecho así, las cosas no han ido precisamente bien. Le hice notar lo emocional que era, por ejemplo, el nacional-socialismo. En general, añadí, todos los ultranacionalismos, los extremismos, los fundamentalismos,  se construyen sobre lo emocional.

Y es normal que así sea. Casi nada de lo que las emociones aceptan sin rechistar se puede tratar racionalmente sin que a uno o a una lo acusen, como mínimo, de aguafiestas. Meterse con las emociones, con lo emocional, es meterse contra la moda del marketing pasional, contra los dictados de Pretty Woman y derivados, contra la identidad de pueblos, contra los paraísos religiosos,… cosas así.

Ante esta dictadura de lo emocional no hay nada que hacer. Si uno señala que considerar que es mejor que un espermatozoide y un óvulo, por azar, se reunieran en Castelldefels que en Villamanta; mejor en Jaén que en Bourg-en-Soissons; mejor en Ejpannia que en Ecuador, etc. y que esa cualidad azarosa es como presumir de tener cinco dedos en las manos, se le contesta inmediatamente: “es un sentimiento, hay que respetarlo”. Pues no. A la persona siempre, a lo que juzgo una estupidez, nunca.

Si uno señala la irracionalidad de los paraísos de cualquier religión o secta, de la existencia de un Dios omnisciente, omnipotente  y que interactúa con la historia (y hasta habla con gente y opera violaciones de las leyes naturales) por el sencillo método de señalar que no hay una sola prueba de que tal ente exista, se le reprende con el “no ofendas los sentimientos de la gente, es su creencia”. Vale, sin ofender. Respetando a la persona creyente, pero jamás la creencia.

La alegre muchachada de los círculos no soporta, ni admite, una sola crítica precisamente porque está surfeando los sentimientos de indignación, de cabreo, de hartura, que están gobernando nuestra sociedad desde que se acabó la fiesta del ladrillo y empezamos a ser los felices propietarios de monumentos ruinosos, constructoras megalómanas y bancos llenos de delincuentes. De modo que cuando alguien señala que su discurso es un anti-discurso; cuando alguien se atreve a apuntar que hace meses dijeron unas cosas y ahora dicen otras (especialmente en temas económicos); cuando a alguien se le ocurre decir que en Cofrentes son pro-nucleares y en Burgos anti-nucleares, o idependentistas en Catalunya y antiindependentistas en Toledo; cuando algún o alguna valiente se atreve a recordar que no han apoyado una sola movilización ciudadana desde abril; cuando una voz se alza para hacer ver que estos adalides del 15-M y la democracia participativa han elegido sus órganos a la búlgara; cuando alguien se horroriza de que digan a las claras y en medios de comunicación masivos que “harán y dirán lo que sea necesario para llegar al poder”;

http://politica.elpais.com/politica/2014/11/26/actualidad/1417030679_132277.html

cuando una memoria se espanta de que basen sus discursos en cepillarse –con razón—la Transición… pero al compás de L’Estaca y del Canto a la Libertad… entonces sus sentimentales voceros, su cohorte mediática y sus ciberactivistas crucifican a quien sea “porque el enemigo es otro”, porque “esos son los ataques de la casta”, porque “el clamor de la ciudadanía pide que desalojemos a los corruptos, no importa cómo”, porque, en fin, cualquiera que les critique es un resentido, un miedoso, celoso de su éxito y que no comprende que lo nuevo tiene que imponerse a lo viejo por la sencilla razón de que es nuevo. Aunque la novedad huela a II Internacional, por supuesto.

Y ahora, por favor, lean esta entrevista sobre las “propuestas” de Podemos sobre cultura. Si tienen tiempo háganse un resumen y vean lo que sale después de quitar las consignas, los lugares comunes y las ocurrencias. Es precioso ver frases como:

“… podemos decir que en el proyecto político de Podemos hay una voluntad de generar un nuevo espacio cultural. Una orientación que entiende la cultura como un elemento fundamental del cambio que proponemos”.

 ¿Es la Cultura elemento de cambio? Respuesta: “El modelo denominado [¿denominado por quién? N. del A.]  “Cultura de la Transición” ha sido un modelo político y cultural al tiempo. Tenemos que salir de ese bloqueo para formar un nuevo proyecto de país”.

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-11-11/queremos-acabar-con-la-hipsterizacion-de-la-cultura_439785/

Es decir. Casta, Transición y cambio. Si se les pregunta por cualquier cosa –y esta es la clave de su éxito–: casta, Transición y cambio. Y emociones. Muchas emociones. Mucha indignación. Mucho clamor social.

Esta semana convocan una manifestación solo para ver cuánta gente va. No los vimos por la República, con las mujeres, ni en el Día del Orgullo, ni apenas en las Mareas (excepto, claro está, a título “personal” como en Ganemos)… Pero para sí mismos sí, para saber cuánto es el apoyo que pueden visibilizar en la calle. A ver si son tantos y tan guays como creen. Otra novedad que ya había visto mucho antes en contextos quizá dudosos.  Lo que se ha llamado toda la vida una “demostración”, es ahora un test. A ver cuánta gente, indignada contra la Casta, agotada del modelo de la Transición y deseosa del cambio sigue a la alegre muchachada de los círculos.

Qué emocionante.

Otras, otros, en Equo pero también en otras partes, tendremos que seguir trabajando para dar a conocer propuestas y programa. Sin medios, sin periodismo de apoyo, sin demagogia fácil, sin retórica tipo Gran Hermano, El Chiringuito de Jugones o Sálvame… Currando por un modelo alternativo de verdad. Con ideas de verdad, de las que se pueden consensuar, debatir y refutar.

Qué poco emocionante.

 

 

POST SCRIPTUM: A la arquitecta le pregunté, además, si emplearía ese criterio exclusivamente emocional a la hora de elegir o juzgar su relación de pareja. “Respondió un “sí” contundente, espontáneo, definitivo… y dos segundos después hizo un silencio y dijo “espera. A lo mejor, no. Ya me has dejado pensando”. Pensando. Otra cosa poco emocionante… ¿a que sí?.

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  1. #1 por saul el diciembre 3, 2014 - 10:46 am

    Buen articulo. Yo vote a Equo en 2011, me perece una muy buena opción. El problema es precisamente el que apuntas, el mensaje de equo no cala, no ilusiona, no llega a los sentimientos y lamentandolo mucho dejare de votarlos en las proximas elecciones. Hay que reconocer que las estrategias de comunicación de Podemos han funcionado mucho mejor que las de Equo, llamalos populistas, llamalos demagogos pero si se quiere ganar unas elecciones hay que recurrir a las tripas. Es tal la urgencia que tiene este pais de echar a las garrapatas del PPSOE que cuando se presenta una ocasión como esta no se puede desaprovechar. En cuanto a lo de las críticas, os equivocáis, si bien es cierto que en Podemos hay muchos incondicionales, no somo menos los que están mirando con lupa las propuestas y acciones de la ejecutiva elegida. Y no confiamos ciegamente, queremos acciones, queremos hechos…

  2. #2 por Rosa el diciembre 3, 2014 - 3:27 pm

    Saul, de acuerdo. Yo creo que son fundamentales las emociones, para la generación de una identidad, para construir un nexo que permita unir personas con distinta extracción social, edad, cultura, deseos, expectativas a un proyecto (el nuestro). Y esto no tiene que significar que hoy digo esto y mañana lo contrario, como tampoco quiere decir que no sea necesaria chicha en un programa electoral.
    Pero no estoy descubriendo nada, los equipos de marketing de los partidos de toda la vida lo llevan intentando años. Porque todos sabemos que no basta tener motivos, no basta con tener razón.
    La pregunta, ¿sabrá Equo generar (o más que generar, transmitir) su propia identidad?, ¿se podrá constituir en una marca reconocible que inspire emocionalmente al conjunto de la sociedad española?, ¿vivirá Equo su particular momento Palacio de Vistalegre?
    Porque Equo aparte de eso, identidad, también tiene un proyecto, y sería una pena no poder llevarlo a cabo.

    PS. Merece la pena tenerlo en cuenta, aunque te lo diga una emocional y joven arquitecta, eso sí “inteligente” (y menos mal que en Equo hacíamos las cosas de manera diferente, más “en femenino”…)

    • #3 por juvenal62 el diciembre 3, 2014 - 3:34 pm

      Rosa, gracias por tu comentario. ¿Podrías por favor explicarme el sentido de tu Postdata? Creo que no lo pillo… Mil gracias.

      • #4 por Rosa el diciembre 3, 2014 - 3:38 pm

        Si claro, que el tono irónico que empleas al hablar de la chica se puede confundir con machismo, y no creo que Equo vaya por ahí.
        Un saludo

      • #5 por Rosa el diciembre 3, 2014 - 3:39 pm

        Llama la atención…

  3. #6 por Rosa el diciembre 3, 2014 - 3:36 pm

    (Juvenal, te he compartido en Facebook, espero que no te moleste, como no es en público te lo comparto

    Discutible Juvenal, ¿no son necesarias las emociones para generar una identidad y levantar un proyecto común?¿necesita la ecología política su momento “Palacio de Vistalegre”? (y menos mal que en el ecologismo habíamos entendido hace tiempo la importancia de transmitir un mensaje, ay)…
    PS: y dale con Podemos…

  4. #7 por elena el diciembre 3, 2014 - 10:38 pm

    Jajaja. Está genial el post (además estoy deacuerdo). Lamentablemente en España el voto siempre ha sido emocional. ¡Que vienen los rojos!, ¡Que vienen los Fachas! y éstos lo han sabido manejar, y además, han logrado que empiecen a aflorar blaks y demás beneficios maritales compartidos. “paque queremos más”
    Como bien apuntas, el problema es CULTURAL. Pesa la cultura social y falta cultura política, dialéctica, de análisas. (asi nos va)
    Yo avis rara que os voté, lo seguiré haciendo precisamente porque lejos de “enamorar”, convencéis.
    He seguido y presenciado muy de cerca “la elección a la Búlgara”. Un chiste.

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