Vota Iberdrola (#Cofrentes17)


Deberíamos dejar de creer que la democracia con caretas en la que vivimos –y ya sabemos lo que pasa cuando a la Democracia se le ponen apellidos– es un sistema que nos acoge, nos protege y nos potencia como ciudadanos. No es fácil: los historiadores tardaron años, décadas, en analizar el papel de algunas empresas y empresarios en el sostenimiento de regímenes fascistas como los de Alemania, España o Italia. Los Porsche, los Boss, los Krupp, los Fiat, los March… fueron mucho más importantes para esos fascismos que muchos de los títeres sádicos y descerebrados que sí, físicamente, cerraban las puertas de las duchas de Auschwitz o apretaban el gatillo en los paredones y en los “paseíllos”.

La demostración de que elegimos a los títeres de bancos, empresas energéticas, SICAVs, y constructoras (cuyos consejos de administración son a veces indistinguibles entre sí y de una Comisión del Congreso) es la aplicación de leyes represoras y de peticiones de condena de aurora boreal para activistas pacíficos simplemente para proteger los intereses de los que mandan de veras. Esos a los que no elegimos, que pagan las facturas de sus muñecos y tienen a la ciudadanía por un ejército de consumidores sumisos, numerosos, prescindibles. Silenciosos.

Las penas que se piden para 16 activistas de Greenpeace y un periodista por entrar en la central nuclear de Cofrentes para protestar contra una energía cara, peligrosa y mucho más sucia de lo que nos venden son descabelladas. Mucho mayores, por supuesto, que las pedidas y aplicadas a personajes como Fabra, Bárcenas, Matas o la Pantoja. Mucho mayores que las aplicadas en disturbios deportivos o incluso políticos.

Y es que una cosa es llevárselo muerto a cambio de obedecer a los que mandan; una cosa es blanquear la pasta de las alcantarillas del sistema; una cosa es protestar contra los títeres de las multinacionales sin corazón, y otra muy diferente es protestar contra el poder real. El que cuenta. El que manda.

Pidamos la libertad para personas pacíficas, que creen que sostener las nucleares es un negocio sucio, peligroso y redondo para “ellos”. No necesitan reinserción. No necesitan reintegrarse en una sociedad en la que creen más que sus perseguidores. Pidamos la libertad porque son un grito contra los que mueven los hilos.

Sucios hilos.

#Cofrentes17

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