Archivos para 21 enero 2015

Disparar a ciegas: la pobreza y los pobres.


Una de las cosas que más se estudian a la hora de entender la derrota estadounidense en Vietnam es, como no puede ser de otra manera, la razón por la que una fuerza superior en hombres, logística, potencia de fuego y dinero pudo perder una guerra contra una fuerza más o menos “popular” (no seamos tampoco románticos: los vietnamitas del norte tenían Mig-21 y muchos Kalashnikov, armas anticarro y antipersona, misiles SAM y SAS portátiles, etc…), inferior en número y económicamente mucho más pequeña.

Hay que tener en cuenta que los EEUU ya en la II Guerra Mundial habían confiado todo a la superioridad material y técnica. Y que tuvieron serios problemas enfrentándose en solitario a los restos de las Waffen SS y de la Wehrmacht que, aun en franca retirada y con serias carencias logísticas retrasaron el avance en el oeste con mucha más facilidad que en el este. Aunque suene políticamente incorrecto, la moral de los estadounidenses nunca fue el fuerte de sus tropas, que preferían disparar con todo y contra todo buscando el aplastamiento que escoger objetivos, racionalizar los ataques tácticos y de desgaste y afectar a la tropa enemiga con golpes de mano selectivos.

En Vietnam, además de seguir confiando en esa capacidad de aplastamiento sin más reflexión estratégica que la superioridad, muchos críticos señalan que no ganaron ni la guerra táctica ni la de retaguardia. Ni fueron capaces de acabar con la moral de un enemigo que defendía su tierra y a su gente, combatiese o no, ni fueron capaces de resistir la presión de una opinión pública que no creía en la victoria y que se cansó de recibir noticias manipuladas y los cadáveres de lo mejor de su juventud. Perdieron porque no había todo un país tras ellos (ni aliados potentes) y porque disparaban sin criterio a todo lo que se movía.

Ayer, hablando de la pobreza en España –tema jocoso y risible para la bancada popular cuando Pedro Sánchez, quizá en un movimiento oportunista pero atinado, sacó el tema– se habló primero de datos y luego de culpables. Los datos son demoledores: uno de cada tres niños españoles vive en la pobreza, y casi 10.000.000 de españoles vive en situación o en riesgo de exclusión. Pero a la hora de disparar se quedaron en los objetivos visibles: los políticos (así dicho, como quien dice los zapateros o los futbolistas o los pintores) y, en menor medida, los medios de comunicación de masas.

Esas cosas suelen despertar mi lado mefistofeliano, porque entre intervenciones de jóvenes de vallecas, realizadores de cortos de sensibilización y sesudos analistas que trabajan sobre el terreno, se nos estaba contando que las personas que ya viven en o al borde de la exclusión tienen, además del paro, dos problemas fundamentales que las redes solidarias o familiares no pueden paliar: que no tienen luz ni energía para las calefacciones y que corren el riesgo o ya han pasado por el proceso de que les arrebaten sus hogares.

Intervención tras intervención, la llamada “casta”, los políticos, eran señalados como culpables no solo de la situación, sino del desencanto, de la improbabilidad de cambiar las cosas por ser guardianes de sus propios intereses, de la retroalimentación del sistema para beneficio de los propios partidos.

Vale. Lo mismo que se dice en las infinitas tertulias televisadas, radiadas, en las barras de los bares, en foros de toda condición. Incluso en las asambleas de los partidos. Pero…

Repasemos: el problema es la energía y la ejecución bancaria de las hipotecas. Pues en hora y media y durante un documental (corto) enterito, ni una sola mención a las eléctrico-energéticas ni a los bancos. Fíjense bien: ni-u-na.

Las personas que intervinieron en las exposiciones y que protagonizaban el documental disparaban todo lo que tenían contra “los políticos”. Toda su potencia organizativa, toda su crítica al sistema, sus lemas pintados en sus tiendas de campaña y en los paravientos que las anclaban, eran, son fuego contra el enemigo político.

En hora y media, ni una mención a los bancos que perdonan las deudas millonarias a ALGUNOS partidos. Ni una mención a las compañías que violan todos los códigos legales, éticos y sociales para enriquecersecon nuestro gasto energético e impedir nuestra independencia en ese ámbito (peajes solares, desaparición de las renovables, guerra contra las cooperativas…).

El enemigo es otro. Que paga a los que, a cambio de prebendas, ponen su cuerpo para que los disparos no lleguen a ese enemigo. Cada balazo, quién sabe, puede ser un puestecito en un consejo de administración donde aburrirse.

Y claro, entre que a ti no te disparan y en que el enemigo dispara a zorrombullón, los que de verdad fabrican pobres cada minuto están tranquilos. Todo tranquilo. Que sigan disparando a la casta.

 

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