Archivos para 17 febrero 2015

Equo está al otro lado.


Se dice como lugar común que a Copérnico, Giordano Bruno y otros maestros del Renacimiento los persiguieron o quemaron en la hoguera por defender el Heliocentrismo astronómico, es decir, por proponer como lectura alternativa de los datos astronómicos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al contrario. La verdad es que eso no es cierto, y hay que explicar por qué. En primer lugar, las teorías heliocentristas venían de muy antiguo –no solo Eratóstenes, o Aristarco de Samos, sino algunos otros pensadores, se dice que Hipatia incluida– ya habían propuesto esa lectura de lo observado. En segundo lugar, los datos astronómicos en aquella época servían para cualquiera de los dos movimientos: tuvieron que llegar más tarde Tycho Brahe y luego Johannes Kepler para establecer que los pocos datos que no eran consistentes con una Tierra fija en el Universo obligaban a desplazarla a su lugar como planeta orbital.

No, lo que se jugaba en las salas de la Inquisición Vaticana era parar una corriente de conocimiento esotérica basada en un heliocentrismo ideológico, astrológico y que sustentaba varias de las utopías de una incipiente igualdad entre los hombres, entre ellas las de Pico della Mirandola. Situar el Sol en el centro del Universo era apoyar “científicamente” (para entendernos) una tradición herética que amenazaba de manera frontal al poder de la tradición sobre la que se basaba un papado y una Cristiandad en crisis. De modo que decir que la Tierra giraba alrededor del Sol no era neutro, ni “a-ideológico” (nada lo es) ni desde luego una simple etapa en la evolución del pensamiento y el método científico.

Digo esto porque cada vez qe se presenta una formación o un mensaje político en tiempos de tanta volatilidad, las propuestas o no-propuestas tratan de sacarse de lo ideológico, presentarse como hechos, como lecturas neutras, incluso como verdades científicas. Recurso que todas las ideologías grandes y pequeñas, como ya mostró Althusser hace tanto tiempo, tienden a emplear. Incluso las instituciones religiosas lo hacen. Si en algo el análisis marxista no ha caducado es precisamente en hacer ver que la ideología como superestructura simbólica (semiótica, si se desea) busca legitimarse presentándose, precisamente, como fuera de su lugar superestructural, como verdad indiscutible, como hecho.

Estamos en este momento en una era que está pariendo un corazón y que, seguramente, se muere de dolor. Y entre los dolores de parto está la consideración de que la ecología y su aplicación política son transversales: las propuestas ambientalistas estarían, por tanto, fuera de la posición ideológica y sería, por tanto, asumible desde cualquier rincón político. Y no es cierto. Lo siento, pero no.

Esta crisis no tiene un “componente ambiental”: los recursos, la lucha por su control y aun los juegos de la ruleta bursátil en los famosos activos a futuro están en el corazón del capitalismo despiadado, desmadrado y deshumanizado. La crisis ha mostrado que el ecologismo político como praxis y la ecología política como armazón ideológico y cosmovisional no puede asumirse desde posiciones que consienten la pobreza económica/energética, la pobreza de alimentación/agroganadera, la pobreza generada por el desmantelamiento del principio sencillo de que pague más no solo el que más tiene sino el que más contamina y el que más recursos naturales acapara y destroza. Los derechos humanos sin acceso a la energía, a la alimentación y a la equidad –también con nuestros compañeros de planeta: plantas y animales– no serán sino una declaración vacía, decimonónica, de cuando la revolución industrial aún era una incipiente incubadora de vampiros avariciosos y víricos.

Equo tiene, entre otras, la prioridad, como ha señalado varias veces su co-Portavoz Juan López de Uralde de hacer que las personas sean conscientes de que posicionarse desde la ecología y el ecologismo político es revolucionario porque implica un cambio cosmovisional, una crítica razonada y alternativa ante la destrucción humana que el sistema del dinero por el dinero está provocando.

De modo que no, la opción por Equo no es transversal. De modo que sí, es ideológica. Y de modo que sí: estamos al otro lado. Solos todavía, todavía creciendo. Pero en otro lado.

No se me confundan.

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