Archivos para 18 marzo 2015

Quien tenga oídos para oír, que oiga (Post casi críptico)


En muchas obras de ficción, películas o novelas, el “malo” suele ser el que tiene razón aunque nos pese. Lo único potable de aquel castillo de fuegos artificiales con ínfulas trascendentales que se llamó The Matrix era la, para mí, magnífica descripción que la máquina hace a Neo sobre el carácter vírico de la humanidad respecto del planeta y de sus propios congéneres (lo subtitulo por los culturetas: “doblado pierde mucho”):

I’d like to share a revelation that I’ve had during my time here. It came to me when I tried to classify your species and I realized that you’re not actually mammals. Every mammal on this planet instinctively develops a natural equilibrium with the surrounding environment but you humans do not. You move to an area and you multiply and multiply until every natural resource is consumed and the only way you can survive is to spread to another area. There is another organism on this planet that follows the same pattern. Do you know what it is? A virus. Human beings are a disease, a cancer of this planet. You’re a plague…

“Me gustaría compartir una revelación que he tenido durante mi estancia aquí. Me vino cuando intenté clasificar tu especie y me di cuenta de que en realidad no sois mamíferos. Todos los mamíferos de este planeta desarrollan instintivamente un equilibrio natural con el medio que les rodea, pero vosotros los humanos, no. Vosotros colonizáis una zona y os multiplicáis y seguís multiplicándoos hasta que consumís todos los recursos naturales y la única manera de sobrevivir es colonizando otra zona. Hay otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón. ¿Sabes cuál es? El virus. Los seres humanos sois una enfermedad, un cáncer para este planeta. Sois una plaga…”

Es muy difícil no estar de acuerdo con la máquina y con su descripción del capitalismo salvaje. Prácticas como el fracking, la sobreexplotación de las aguas y su contaminación, las minerías incontroladas, etc. darán siempre la razón al malo de la película con el que, por cierto, suelo estar de acuerdo. Y así me va.

Pero hay una frase que me sobrecogió la primera vez que la oí, cuando todavía era un crío, probablemente en aquellas sesiones continuas de cine. No recuerdo la película concreta, pero sé que la he oído después en películas y en series. Muchas veces. La frase es “¿Estás preparado para conocer la verdad?” con sus variantes “No estás preparado para conocer la verdad” o “no soportarías conocer la verdad”.

En España la verdad está muy mal vista. Pertenece al campo de la realpolitik, o de las conspiranoias, incomoda a periodistas, empresarios y políticos y las maneras elegantes de taparla, embellecerla o hacerla parecer mentira, como la publicidad y el arte se nos han dado siempre muy bien. La verdad es una de las caras de la democracia, de la libertad y del riesgo, y un pueblo tan miedoso –con razón—como el español, en realidad soporta muy mal cualquiera de esas facetas. A los españoles nunca se nos enseñó la belleza del riesgo, sino las ventajas del miedo; ni la indefinición de la democracia, sino lo reconfortante de la seguridad y la tranquilidad, y desde luego jamás hemos dejado que la verdad estropee un buen titular, una buena promesa electoral o un buen anuncio. Y lo dice alguien que ha trabajado en publicidad, que está en un partido político y que dio clases en varias universidades durante más de diez años.

La verdad, además, es enemiga del ego. Y el ego construye una realidad dogmática y ficticia que hace creer a la gente que todo el mundo es, se comporta y piensa como uno mismo o como los que le rodean en su círculo social próximo.  Cuando la verdad ilumina el escenario y uno se da cuenta de que hay cientos, miles y hasta millones de personas diferentes, la reacción suele ser fatal. Como aquella madre en el desfile (“¡mira mi niño, el único del batallón que lleva el paso!”) o el conductor despistado (“Anunciamos que hay un vehículo en la autopista circulando en dirección contraria”; el conductor gritó a la radio: “uno, no… ¡miles!”) todos creemos que vamos en el sentido único, lógico, justificable de la vida, de la opinión y hasta del voto.

A los españoles nos gusta la democracia si sale lo que hemos votado. Si no, nadie se remanga y dice “vale, venga, ¡a trabajar!”. Se va uno a la abstención, se borra del partido o del sindicato, se vuelve a la ficción de su círculo, donde todo el mundo es el mundo conocido, donde su opinión es la válida y la normal, donde la verdad es la que uno se construye entre amigos y familiares, se denuncia tongo ajeno para encubrir el fracaso propio, se buscan culpables porque analizar causas es muy cansado… y se puede topar uno con la verdad.

Y la verdad es que estamos más solos de lo que parece. Que nuestras opiniones son opiniones y no verdades y que nuestro mundo es un mundo muy pequeño comparado con el resto del mundo.

Esa es la puñetera verdad: en democracia se gana o se pierde. En libertad convivimos con otras libertades. En la verdad hay grados y verdades ajenas. E irse del partido o del sindicato o de la asociación o de lo que sea, culpar a los demás o encerrarse en el teclado para gritar e insultar no lo va a arreglar.

La verdad nos hará libres… y nos hará sentirnos solos. Eso es lo que hay que superar. Con los demás, aunque no piensen como nosotros… o precisamente por eso.

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En ese País desconocido: quosque tandem El País?


Los menores de, digamos, cuarenta años no tienen entre sus magdalenas los editoriales de El País de entre 1975 y 1982. Recién muerto el dictador y con una situación de fuertes tensiones políticas que se resolvían en los coletazos de una represión salvaje dirigida entre otros por Martín Villa y los gestapillos del Régimen que aún campaban a sus anchas, el editorial de El País era el ancla ideológica que comentábamos en tertulias y corrillos de amigos. La frase “¿has visto cómo viene (sic) el editorial de El País?” era un lugar común, una frase casi de combate cuando aún la prensa española tenía cabeceras como el falangista Arriba o el ultracatólico Ya.

El País nació como portavoz de una izquierda muy plural y muy dispersa (para variar) cuya expresión apenas se había dejado ver en los años oscuros en algún tímido intento de los diarios vespertinos (había periódicos que salían por las tardes y no había edición de lunes, por eso el eslogan de El País decía “diario independiente de la mañana”) como Madrid y Pueblo. De hecho, yo supe que mi madre se había afiliado a la entonces clandestina UGT al tiempo que el diario Madrid empezó a llegar con ella todas las tardes a mi casa. El otro instrumento de resistencia periodística de aquellos años fue a través del humor, con publicaciones como la muy venerada La Codorniz, sucedida por Hermano Lobo, El Papus –que sufrió un atentado de la extrema derecha, jamás dilucidado del todo– y, mucho más tarde, El Jueves.

El País creó también una progresía moderada, heredera de lo que en los 60 se llamó La Gauche Divine, de clase media-alta que aceptó una línea editorial en la que los temas sociales y políticos eran francamente de izquierda –y que ahora sonarían a izquierda muy radical, mucho más a la izquierda que los alegres muchachos de los círculos—pero en la que los temas económicos empezaban ya a alimentar a la bestia del posibilismo socialdemócrata y la rendición al reaganthatcherismo que nos ha traído aquí. La codicia, las mayorías absolutas y una población anestesiada que creyó que la democracia es votar cada cierto tiempo a quien te digan hizo el resto.

Ahora los diarios no pertenecen a un grupo de editores e inversores, ni son cooperativas de periodistas –quiero decir los de papel y los grandes– .  Hace tiempo que no se financian a través de las ventas de ejemplares: eso no da para todo lo que tiene que ganar un Cebrián o un Anson. Ahora viven de vender cuchillos y batidoras, aun así entran en fuertes pérdidas y forman parte de entramados audiovisuales sostenidos por fondos e inversores casi siempre opacos y casi siempre pertenecientes o relacionados con áreas estratégicas, como la energía, las armas, la gran banca, la inversión especulativa y las grandes constructoras y empresas logísticas. Normalmente dichas empresas pertenecen a muy pocas personas que se reparten el pastel mediático escenificando aparentes divergencias ideológicas que a la hora de la verdad no existen más que en detallitos de progresismo residual. Pura imagen.

Ahora, además, los grandes grupos mediáticos, como están en manos de esos grupos, tienen vocación geoestratégica, y por eso ahora El País sacude a Venezuela (lo de Podemos es un accidente) y los dirigentes actuales de Prisa y de El País vienen de América Latina e incluso de dirigir la edición de “Las Américas” desde, sorpresa, Venezuela. Ahora no hace falta controlar contenidos amenazando con quitar la publicidad: la prensa en papel hace tiempo que no es rentable. Y si no, comprobad en una hemeroteca el grosor de El País Semanal de hace quince o veinte años y el que tiene ahora esa cosa llamada [S]. De modo que la supervivencia del medio depende simplemente de ser portavoz de los intereses económicos y políticos de la clase avara que nos gobierna a nivel glocal.

En este panorama, que afecta a la prensa tradicional escrita de aquí y de fuera es muy difícil ser naíf y pensar que el impulso recibido por los alegres muchachos de los círculos y luego los expedientes X con los que se les pretende desactivar son cosas de la vida periodística. En este contexto es inevitable preguntarse de dónde sale la ascensión meteórica de Ciudadanos –y su líder: la versión de colegio privado de Iglesias—y la paralela caída en desgracia mediática de UPyD y su líder. En esta situación es para pensar muy mal que Convocatoria por Madrid, por poner un ejemplo, se titule en El País “la formación de Tania Sánchez” y paráfrasis parecidas cuando son Equo, algunos de sus aliados en Primavera Europea y las Mareas  quien ha estado en el impulso de las convergencias madrileñas desde el 26 de mayo pasado, cuando Tania Sánchez no tiene “formación” y cuando la visibilidad de Inés Sabanés y las compañeras y compañeros de Equo, su prestigio y su empuje son reconocidas, off the record, por cualquiera que conozca un poco la política madrileña.

Dice la leyenda que si pronuncias tres veces el nombre de Equo en la redacción de El País se aparece el espíritu de Botín y el consejo de administración de Unesa y Repsol y convierten a los becarios en zombies y a Cebrián en agricultor griego votante de Syriza. Es posible que sea verdad, porque si no el silencio que envuelve a Equo no hay quien se lo explique, y no me da que la cosa sea tan paranormal.

Quosque tandem…?

P.S.: hablo solo de Prisa y El País porque forman parte de mi pasado y mi cariño. Porque fueron parte de mi memoria y de mis luchas… y hasta de mi ganarme la vida hace un tiempo.  Por eso duele más que lo que hacen otros, aunque sea lo mismo.

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