En ese País desconocido: quosque tandem El País?


Los menores de, digamos, cuarenta años no tienen entre sus magdalenas los editoriales de El País de entre 1975 y 1982. Recién muerto el dictador y con una situación de fuertes tensiones políticas que se resolvían en los coletazos de una represión salvaje dirigida entre otros por Martín Villa y los gestapillos del Régimen que aún campaban a sus anchas, el editorial de El País era el ancla ideológica que comentábamos en tertulias y corrillos de amigos. La frase “¿has visto cómo viene (sic) el editorial de El País?” era un lugar común, una frase casi de combate cuando aún la prensa española tenía cabeceras como el falangista Arriba o el ultracatólico Ya.

El País nació como portavoz de una izquierda muy plural y muy dispersa (para variar) cuya expresión apenas se había dejado ver en los años oscuros en algún tímido intento de los diarios vespertinos (había periódicos que salían por las tardes y no había edición de lunes, por eso el eslogan de El País decía “diario independiente de la mañana”) como Madrid y Pueblo. De hecho, yo supe que mi madre se había afiliado a la entonces clandestina UGT al tiempo que el diario Madrid empezó a llegar con ella todas las tardes a mi casa. El otro instrumento de resistencia periodística de aquellos años fue a través del humor, con publicaciones como la muy venerada La Codorniz, sucedida por Hermano Lobo, El Papus –que sufrió un atentado de la extrema derecha, jamás dilucidado del todo– y, mucho más tarde, El Jueves.

El País creó también una progresía moderada, heredera de lo que en los 60 se llamó La Gauche Divine, de clase media-alta que aceptó una línea editorial en la que los temas sociales y políticos eran francamente de izquierda –y que ahora sonarían a izquierda muy radical, mucho más a la izquierda que los alegres muchachos de los círculos—pero en la que los temas económicos empezaban ya a alimentar a la bestia del posibilismo socialdemócrata y la rendición al reaganthatcherismo que nos ha traído aquí. La codicia, las mayorías absolutas y una población anestesiada que creyó que la democracia es votar cada cierto tiempo a quien te digan hizo el resto.

Ahora los diarios no pertenecen a un grupo de editores e inversores, ni son cooperativas de periodistas –quiero decir los de papel y los grandes– .  Hace tiempo que no se financian a través de las ventas de ejemplares: eso no da para todo lo que tiene que ganar un Cebrián o un Anson. Ahora viven de vender cuchillos y batidoras, aun así entran en fuertes pérdidas y forman parte de entramados audiovisuales sostenidos por fondos e inversores casi siempre opacos y casi siempre pertenecientes o relacionados con áreas estratégicas, como la energía, las armas, la gran banca, la inversión especulativa y las grandes constructoras y empresas logísticas. Normalmente dichas empresas pertenecen a muy pocas personas que se reparten el pastel mediático escenificando aparentes divergencias ideológicas que a la hora de la verdad no existen más que en detallitos de progresismo residual. Pura imagen.

Ahora, además, los grandes grupos mediáticos, como están en manos de esos grupos, tienen vocación geoestratégica, y por eso ahora El País sacude a Venezuela (lo de Podemos es un accidente) y los dirigentes actuales de Prisa y de El País vienen de América Latina e incluso de dirigir la edición de “Las Américas” desde, sorpresa, Venezuela. Ahora no hace falta controlar contenidos amenazando con quitar la publicidad: la prensa en papel hace tiempo que no es rentable. Y si no, comprobad en una hemeroteca el grosor de El País Semanal de hace quince o veinte años y el que tiene ahora esa cosa llamada [S]. De modo que la supervivencia del medio depende simplemente de ser portavoz de los intereses económicos y políticos de la clase avara que nos gobierna a nivel glocal.

En este panorama, que afecta a la prensa tradicional escrita de aquí y de fuera es muy difícil ser naíf y pensar que el impulso recibido por los alegres muchachos de los círculos y luego los expedientes X con los que se les pretende desactivar son cosas de la vida periodística. En este contexto es inevitable preguntarse de dónde sale la ascensión meteórica de Ciudadanos –y su líder: la versión de colegio privado de Iglesias—y la paralela caída en desgracia mediática de UPyD y su líder. En esta situación es para pensar muy mal que Convocatoria por Madrid, por poner un ejemplo, se titule en El País “la formación de Tania Sánchez” y paráfrasis parecidas cuando son Equo, algunos de sus aliados en Primavera Europea y las Mareas  quien ha estado en el impulso de las convergencias madrileñas desde el 26 de mayo pasado, cuando Tania Sánchez no tiene “formación” y cuando la visibilidad de Inés Sabanés y las compañeras y compañeros de Equo, su prestigio y su empuje son reconocidas, off the record, por cualquiera que conozca un poco la política madrileña.

Dice la leyenda que si pronuncias tres veces el nombre de Equo en la redacción de El País se aparece el espíritu de Botín y el consejo de administración de Unesa y Repsol y convierten a los becarios en zombies y a Cebrián en agricultor griego votante de Syriza. Es posible que sea verdad, porque si no el silencio que envuelve a Equo no hay quien se lo explique, y no me da que la cosa sea tan paranormal.

Quosque tandem…?

P.S.: hablo solo de Prisa y El País porque forman parte de mi pasado y mi cariño. Porque fueron parte de mi memoria y de mis luchas… y hasta de mi ganarme la vida hace un tiempo.  Por eso duele más que lo que hacen otros, aunque sea lo mismo.

Anuncios

, , , , , ,

  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: