El Ser y la Nada (breve post post…)


El domingo levanté mi papeleta de voto como si pesara tres toneladas. Pero ahí había dos nombres de personas en las que creo. Con una de ellas comparto desayunos, bromas, broncas y trabajo. La otra es una debilidad lejana y simpática. Hacían que la papeleta, al menos, tuviera asas.

Y levanté ese peso por dos motivos: para empezar, la Asamblea de mi territorio en Equo había aprobado la que para mí era la peor de las opciones desde el punto de vista personal, es decir, ir en las papeletas de los alegres muchachos de los círculos. Pero la democracia es eso, asumir la decisión de la mayoría, arremangarse y trabajar. La segunda, porque creo que esas dos personas hacen que Madrid sea menos el Madrid de los túneles grisáceos, de los nortes desdeñosos y de los sures miserables. De modo que allá fue mi papeleta, a esa urna bendita que contiene los sobres que nos pueden proteger de los sobres.

Viendo luego los resultados, me conmovió comprobar de nuevo que las asambleas, los grupos de decisión, las personas organizadas en una reflexión, casi nunca se equivocan. Es cierto que Equo sacrificaba muchas cosas en muchos lugares del Estado. Entre otras el bien que los analistas consideramos más preciado: la marca, el nombre, la identidad. Sin embargo, después de recorrer la península, pude constatar que la aparición en medios de nuestra marca, de nuestra gente y de nuestras propuestas había sido –muy paradójicamente y por muchos esfuerzos que algunos hacían– muy superior a cuanto estábamos acostumbrados en Equo.

Nuestro trabajo de “disolución” para la construcción había dado, por tanto, un primer fruto: estábamos en la pomada mediática, al menos fuera de Madrid. O menos en Madrid que fuera. Pero ese trabajo –que implicó desgarros y suturas, algunas difíciles de cicatrizar– ha tenido también el efecto de que Equo, la marca y las personas que le ponen cuerpo, han calado como entidades confiables, serias, serenas, seguras, generosas (a veces demasiado para una guerra tan despiadada) y dispuestas a ser verdaderamente un agente de unidad, de cambio y de esperanza.

No todas las demás formaciones han estado a esa altura. Y lo han pagado muy caro. No todos los lugares han visto personas con interés en trabajar por la ciudadanía si era a costa de perder su trocito de identidad, su miserable chiringuito, su pequeña prebenda local, su prurito de pureza o vaya usted a saber qué.

Pero entre el dejar de parecer para construir, en lugar de ser para ser más, eligieron la nada.

Y a la nada han ido.

Gracias a toda la gente de Equo por haber escogido el camino contrario, aunque no se haya podido materializar siempre. Aunque no hayamos podido ir siempre con más. De todo se aprende.

Excepto de la nada.

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  1. #1 por MiguelNNGG el mayo 25, 2015 - 11:24 pm

    Que se lo pregunten a IU y su miedo a perder ese trocito de pastel, a donde lo han llevado. La marca de Equo es más popular de lo que la gente piensa. Creo que la unión de los verdaderos partidos de izquierda es beneficiosa para los de abajo, aunque cada uno tenga que perder un poco

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