Archivos para 14 julio 2015

Frankenstein, la niña, Althusser y la confluencia.


“¿Por qué la filosofía lucha por palabras? Las realidades de la lucha de clases son “representadas” por “ideas” que son a su vez “representadas” por palabras. En el razonamiento científico y filosófico, las palabras (conceptos, categorías) son “instrumentos” de conocimiento. Pero en la lucha política, ideológica y filosófica, las palabras son también armas, explosivos, tranquilizantes o venenos. Ocasionalmente, la totalidad de la lucha de clases puede ser resumida en la lucha de una palabra contra otra palabra. Ciertas palabras luchan entre sí como enemigas.” (L. Althusser)

Hace unos días, como responsable de la comunicación de Equo en Redes Sociales, publiqué un “meme” en el que respondíamos a la frase de Juan Carlos Monedero sobre las nuevas confluencias, cuando las tachó de ser un Frankenstein. Publiqué el fotograma de la escena –obra maestra de la tensión rara vez superada—de la película original en el que el monstruo está con la niña y parece que se enternece cuando  ella le ofrece una flor. Monedero contestó en Twitter con los fotogramas siguientes, en los que el monstruo –que, recordemos, no eligió serlo y que no puede ser sino lo que es—lanza a la niña al lago, ahogándola.

El lunes siguiente, nos encontramos con Monedero en una jornada de los Cursos de Verano de la Complutense, auspiciados por Alberto Garzón. Le dijimos, entre risas, que yo era el autor de la pieza de Frankenstein. También le dije, más tarde, que había elegido la lectura más simple del  “meme”. Se extrañó, con esos gestos suyos tan teatrales: “¿hay otra lectura posible?”. Como aquello era un hervidero de periodistas y líderes políticos y los tiempos de la jornada mandaban, no tuvimos tiempo de seguir la conversación. De modo que sigo por aquí: sí, Juan Carlos, hay otras lecturas posibles. La más sencilla es que ni nosotros (IU, Equo, las mareas, los sectores críticos de Podemos, la ciudadanía que nos pide unidad…) ni vosotros somos Frankenstein. El monstruo, que no puede ser sino lo que es, que tarde o temprano nos ahogará en el lago a pesar de tener por momentos una transitoria capacidad de empatía, es otro. Está ahí fuera, y domina la aritmética electoral a la que sois tan refractarios.

Durante la conferencia que siguió, Monedero me hizo sentarme en un DeLorean y volver a las discusiones que muchos de nosotros tuvimos desde nuestra posición althusseriana frente a los marxistas tradicionalistas que se quedaron en la praxis estalinista o se vendieron a la socialdemocracia. Monedero no citó a Althusser, lo que me extrañó porque citó (parcial, sesgadamente) a Foucault y sin embargo casi recitó, en su fondo teórico el Para leer El Capital o La Revolución Teórica de Marx. Bien es verdad que a la manera de los politólogos modernos, con ese estilo fast-food que tanto gusta en las tertulias político-futboleras y que mi querido colega domina como nadie. Me extrañó, de hecho, que citase a Maquiavelo en citas parecidas a las que empleó Althusser.

Hace 50 años que Althusser denunció que los marxistas no habían leído a Marx y que los que lo habían hecho lo habían leído incorrectamente. Hace 50 años, Althusser ya habló de que la batalla contra el capitalismo y la ideología burguesa era el desenmascaramiento clínico y semiológico del aparato cosmovisional de la ideología como lengua, como normatividad que hace que el mundo se vea como se define en la lengua del poder, multiplicada y solidificada en los medios de comunicación y en los idearios de las instituciones superestructurales.

Solo un poquito más tarde, Roland Barthes dijo que la semiología –el análisis estructural de los signos que arman nuestras expresiones culturales, nuestro “habla” social, la ideología en términos althusserianos—se  haría “semioclastia; es decir, un análisis de la lengua cultural y de los mecanismos de dominación sobre los que se estructura la Sociedad de Consumo y sus procesos ideológicos comunicativos”. Porque el desvelamiento de la estructura de la lengua del poder es el comienzo de su desenmascaramiento y, por tanto, el principio de la lucha.

A Monedero no debe gustarle mucho que todos estos autores (y muchos otros que siguieron su estela: Beaud, Zizek,…) sean de la “antiguamente llamada izquierda”. De hecho, creo recordar que la palabra “izquierda” jamás aparece en El Capital. Y es que a mi querido colega lo de la izquierda no le gusta, seguramente porque a la izquierda asocia las prácticas de los marxistas que nunca leyeron a Marx o lo leyeron mal.

También es cierto que en sus estudios cualitativos y en los nuestros, desde 2011, la gran mayoría de las personas participantes –soy demasiado pudoroso para hablar de ciudadanía y demasiado joven para hablar de pueblo—hablan del hastío ante la división entre derecha e izquierda. Pero esa también es la lectura simple de lo que las personas dicen. Creo que el análisis debe indicar que las personas creen mayoritariamente que los valores por los que la izquierda ha luchado, muerto y matado, deberían ser universales, transversales, humanos e incontrovertibles.

El análisis profundo de esa “superación” del término “izquierda” es precisamente que la niña somos o deberíamos ser todas y todos los que ofrecemos flores a un desconocido a la orilla del lago. Que todos y todas deberíamos luchar juntos contra el monstruo, antes de que nos ahogue. El monstruo no puede ser sino lo que es. Nosotras, nosotros, tenemos ahora la oportunidad de unirnos en una fuerza transversal, cuyos valores son los de lo que hemos llamado izquierda en los últimos siglos, pero que corresponden a los de los gladiadores sublevados, a los de los siervos de la gleba en armas, a los sans-coulottes que segaron la cabeza del monstruo, a los aragoneses que creyeron en la utopía en la Aragón bombardeada…

Vale, no la llamemos izquierda. Pero no confundamos sus valores de humanidad, justicia y equidad con los torpes humanos que la convirtieron en partidos anquilosados o asesinos.

Unámonos. Sea cual sea el nombre. Porque el monstruo está ahí, matando niñas, hombres, mujeres y al planeta.

Post-data: la izquierda o como se llame sigue enfrascada en discusiones terminológicas. La derecha simplemente disuelve sus diferencias terminológicas en el el altar de sus intereses. Y sabe más de aritmética.

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