¿Y tú dónde estabas cuando el golpe? (El de ahora)


Los franceses inventaron el audiovisual (moderno), los estadounidenses lo convirtieron en una industria y en un olimpo, pero los británicos son los grandes artesanos, en mi opinión, de lo que vemos en nuestras pantallas. Es dificilísimo encontrar un actor o una actriz británica mala; casi imposible ver un telefilme o una película británica realmente mala (puede ser aburrida o extraña en función de gustos, pero nunca estará mal hecha). Y, además, cuando se ponen a contar la realidad simplemente la cuentan mejor que nadie. Y antes que nadie.

Por ejemplo, House of Cards, la serie estadounidense justamente aclamada en nuestros días, fue antes serie británica. Y además con todas sus características: actuada, con una producción sobria y realista, con pocos episodios y actores y actrices de primerísima fila, curtidos en el crudo e inigualable mundo de la escena shakespeariana y de las escuelas de arte dramático de todas las islas. Para mí, mucho mejor que la estadounidense. Y eso que brilla y habita Robin Whright.

Digo esto porque acabo de ver, con unos años de retraso una serie –de 4 capítulos—británica: Secret State, basada en la novela A Very British Coup, de Chris Mullin. Abro un paréntesis: Chris Mullin hubiera sido Isaías en la época adecuada. Es un analista certero, que cuenta la verdad desnuda y anuncia el mundo que viene. Para mí solo a la altura de LeCarré. La mini serie está protagonizada por un descomunal Gabriel Byrne, a quien muchas de las estrellas contemporáneas no llegan ni a la punta del zapato, y le acompañan en el reparto caras conocidas de otras series como Sherlock, Juego de Tronos, etc. Vedla si no la habéis visto. Es tan buena que ni los distribuidores se han molestado en ponerle un absurdo título en castellano.

Bien, en esa serie se nos cuenta una posible y muy verosímil trama que une a un banco público participado por capital privado, una multinacional petrolera estadounidense y unos políticos corruptos para simplemente gobernar, informar y dictar la política por encima de la voluntad democrática del electorado británico. Con toda la crudeza de la ficción investigada, sólida y verosímil, se nos muestra un retrato de “un golpe a la inglesa” (sería la única traducción posible, aunque setentera del título) que se ha dado en todas partes del mundo: simplemente los grandes bancos, las grandes empresas transnacionales y los burócratas grises y ambiciosos adecuadamente situados en un partido político son nuestra nueva dictadura.

En la ficción de la miniserie hay un retraso, porque no puede haber derrota, de ese golpe de estado operado sin un disparo, sin uniformes; solo con poder, con dinero, con los medios de comunicación y con gabinetes de investigación y de comunicación dopados con dinero de las energéticas. Pero nosotros estamos viviendo el triunfo de ese golpe, no solo en España, sino en toda Europa y, por supuesto, en Gran Bretaña.

Es imposible poner fecha, y lo será en los futuros libros de historia si es que hay un futuro y en él alguien hace historia, a un golpe fraguado desde los años 80, afianzado políticamente en los 90 y disparado en forma de conflicto global armado desde el 11 de septiembre de 2001. Cuando nosotros y nuestros hijos nos pregunten: “¿y tú dónde estabas cuando…?” no podremos responder con precisión, porque este golpe próximo a triunfar ha recorrido casi toda nuestra vida adulta. Sé dónde estaba cuando murió Franco, el 23 de febrero del 81, cuando ganó el PSOE en el 82 (antes o quizá en camino de ser cómplice del golpe), cuando entramos en la Guerra del Golfo, cuando cayeron las Torres Gemelas… Pero no sabría decir dónde estaba cuando empezó el golpe que se nos ha llevado lo público, la decencia, el valor del pensamiento, de la ética, de la razón y de la solidaridad. Estaba aquí, todo el rato. Haciendo otras cosas. Viviendo otra vida.

Es posible que la razón de mi militancia política sea, ahora, al menos poder responder que estaba haciendo algo.

Es decir: algo es algo.

¿No?

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  1. #1 por @VJNacher el julio 27, 2016 - 1:10 pm

    Reblogueó esto en Baladringy comentado:
    Lo dijo Warren Buffet (o se le escapó): por supuesto que estamos librando una guerra de clases, y la está ganando la suya, pero es porque se lo permitimos los demás. No debería ser así.
    Y si alguien piensa que es una exageración, que recuerde Grecia. La gente muere, aunque no se oigan los disparos no es una guerra incruenta.

  2. #2 por pecina miguel el agosto 9, 2016 - 9:29 am

    No sabría decir, Juvenal, dónde estaba en febrero de 1982 cuando ganó Felipe González, pero sí creo que aciertas en tu inciso impreciso sobre el PSOE : “antes o quizá en camino de ser cómplice del golpe”. Porque,en efecto, a la pregunta “cúando se jodió el PSOE” puede afirmarse que por entonces fue. En mi opinión, antes de las elecciones del 82 cuando Felipe y los suyos decidieron votar a favor de la OTAN en el referéndum, abandonaron el marxismo y cambiaron de aspecto (fuera melenas y chaquetas de pana!). En los años setenta pensaba mucho peor, pues proclamaba que la UGT y el PSOE se habían jodido en los sesenta. Hoy soy bastante moderado. “Salut et Fraternité!”
    Miguel

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