Adiós a Todo Eso.


Es posible que fuera por pasar al otro lado del espejo, persiguiendo inútilmente al conejo de mi juventud activista, libertaria y llena de utopías.  Es posible también que fuera por la misma curiosidad que, hace ya tantos años, me llevase a tender puentes profesionales entre la investigación de la publicidad y hacerme yo mismo publicitario.

También puede ser que durante mis años de asesoría viera que es cierta la frase de Inés Sabanés: “si no quieres hacer política, descuida: alguien la hará por ti”.

En todo caso, he dado mis últimos cinco años y pico a un proyecto que siempre, desde primeros de los 90 di por necesario: un proyecto ecologista. En un país culturalmente yermo, socialmente conservador y políticamente analfabeto sabíamos todos que la implantación de un partido verde a la europea sería muy difícil y, dado el medio siglo de desfase con los países avanzados que arrastramos desde la Revolución Francesa, cuestión de echarle paciencia. Total, los verdes alemanes nacieron en los 70. Así que para 2020 habría esperanzas.

Eso ahora ya no me es posible. No me importa mucho, porque mi vida ha solido consistir en etapas, ciclos quizá, de entre 5 y 7 años.  Y porque, como dijo Malcolm X, “¿Tienes enemigos? Genial.  Eso es que en algún momento de tu vida, te has plantado por algo”.

En este proyecto, me planté por Juantxo López de Uralde y por su sueño de un partido ecologista relevante. En este proyecto trabajé muy duro para que Florent Marcellesi tuviera la oportunidad de llegar al Parlamento Europeo bajo una forma de cooperativa política en la que, al final del proceso, pude ayudar a un imprescindible Alejandro Sánchez con el final de las negociaciones. Tuve la oportunidad de ayudar a promover y pactar la candidatura de la que ahora es la co-Portavoz federal del partido, desde las primeras comidas en Aranda, Burgos y Segovia hasta la culminación de la II Asamblea. Tuve también la ocasión de co-dirigir a un extraordinario grupo de personas, tanto de Podemos como de Equo, en el mayor éxito electoral de Equo, en las Elecciones Generales de hace un año en Vitoria/Gasteiz.

Y ahora toca dar un paso atrás. Y no hay lamento. No lamento de ninguna manera haber conocido a tanta gente que trabaja callada, constante y seriamente en un montón de sitios que he conocido y querido gracias a Equo. Lo que nunca podrá ser objeto de arrepentimiento es haberme encontrado con tantas personas honestas, cabales, que miran a los ojos y que abrazan con calor, que dan la mano fuerte, que besan con besos que suenan. Nunca podré renegar de mi segunda familia de Araba y de Valencia, de Castilla, de La Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Asturias (sí, querido: de Asturias), de Madrid… Ahí seguiré estando. Porque vosotros, vosotras, os lo merecéis todo.

Pero sobre todo os merecéis que me vaya de la primera línea. Que ya está bien.

Y no se me rindan. Ya lo dijo M. Gandhi: “Cualquiera que diga que no está interesado en política es como el que se está ahogando y dice que no le interesa el agua”.

Feliz futuro.

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