Mea culpa, mea grandissima culpa (Sátira II)


Acabo de ver un celebradísimo programa en el que han vuelto a echarme, a echarnos la culpa a los espectadores nada menos de lo que pasa en la República del Congo. El antiguo Congo Belga perteneció personalmente al rey de Bélgica, que instauró un régimen que hubiera avergonzado a los nazis. Luego fue Zaire. Y luego, para fastidiar a los alumnos de Geografía, la República del Congo. Compramos móviles que utilizan el coltán, definición coloquial de un mineral combinación de columbita, u óxido de niobio con hierro y manganeso, y tantalita, oxido de tántalo (o tantalio que se decía en mi época de EGB) también con hierro y magnesio.

En ese programa se vino a decir (o eso es la sensación que le ha quedado a la gente que ha opinado en redes sociales) que por el hecho de comprar un aparato electrónico uno se hace cómplice de los paramilitares que vigilan las minas que pertenecen a multinacionales y no al país en cuya tierra se han encontrado. Por el hecho de estar escribiendo este artículo en un aparato electrónico, yo soy culpable por omisión o por complicidad de las violaciones y las torturas sexuales que mujeres, niñas y niños sufren en un número indeterminado pero enorme, incluyendo la introducción de objetos punzantes y aun armas en las vaginas o en los orificios anales de las víctimas.

Pero nuestra complicidad culpable no acaba en lo expuesto por este programa. Culpables de la deforestación de las selvas subtropicales son quienes quieren cuidarse con productos derivados de la soja; culpables quienes se alimentan de carne estabulada; culpables quienes se alimentan de verduras cultivadas con métodos industriales; culpables quienes no saben si su fruta o su zanahoria provienen de campos donde Monsanto ha esparcido sus insecticidas o sus semillas patentadas; culpables quienes tienen que ir a su trabajo en automóvil porque no tiene transporte público barato a su alcance; culpable quien viste piel, pero también quien viste piel sintética derivada de combustibles fósiles refinados; culpable quien dona a organizaciones que pueden implantar un neocolonialismo en regiones en conflicto; culpable quien no dona y mira para otro lado… Hay que ver. Y todo bajo la atenta mirada de los verdaderos culpables, encantados de ver cómo se culpabiliza a un niño que quiere una videoconsola y no a quienes financian, comercializan y controlan la defensa privada de minas, campos y ganados.

Está claro que el consumo responsable es un arma poderosa, como se lo demostró Francia a Nestlé hace tantos años. Está claro que nuestra acción de seleccionar el origen y exigir la trazabilidad de los bienes y servicios que consumimos es una fortaleza que, puesta en marcha de manera mayoritaria, sería casi revolucionaria. No podemos dejar de insistir en concienciar y reforzar a la ciudadanía en esa dirección. Pero el pequeño Évole me hubiera ganado si en su programa hubiera dado una lista de los accionistas de las empresas extractoras de coltán en condiciones de esclavitud; de las empresas extractoras, comercializadoras y de logística que sostienen el chiringuito; de los países que amparan a estas empresas y su actividad comercial y bursátil; de las empresas a las que se contrata y subcontrata la mal llamada “seguridad”, empresas de mercenarios y paramilitares que podrían acabar con ejércitos de pequeños países sin bajas, que forman a niños soldados y usan la violación y la tortura sexual (o la permiten y animan) como arma estratégica de división entre las etnias que se disputan el control de las zonas mineras. Mutatis mutandis, podría haber dado la lista de empresas que sí pagan a sus trabajadores un sueldo digno. Que sí utilizan los canales legales de distribución y comercialización, y cuyos beneficios recaen en el país dueño de la materia prima. Querido Jordi: ¿dónde estan los violadores, quienes les pagan, sus diplomáticos corruptos, los gobiernos de sus países de origen, los cómplices –estos sí– del gobierno fantasma congoleño? ¿Dónde los buitres y cómplices de Rwanda y otros países limítrofes? ¿Dónde está China, Europa, Estados Unidos? ¿Dónde nuestra querida, modélica, envidiada Holanda o la pacífica Bélgica?

Pero no. Toda esa gentuza puede respirar tranquila porque ya hemos señalado que el malo es el chaval que quiere un aifon, la abuela que necesita una Tablet con Skype para hablar con su nieto que curra en Irlanda. O el que no se puede permitir un fairfon porque no tiene estatus para ser buen ciudadano, buen ecologista, un no culpable, vaya.

Y cuidadito con lo que tenemos en casa: en Equo el programa ha sido un clamor, pero las decisiones de órganos de gobierno, las votaciones y un montón enorme de la actividad del partido se hace de manera casi exclusiva a través de plataformas de telecomunicaciones electrónicas.

Y luego un  tema que vendrá más adelante en esta serie: ¿y si estamos viendo cuál será nuestro futuro en una sociedad de recortes, de gobiernos de corruptos y payasos de feria, de reformas laborales rayanas (por el momento) en la esclavitud, en una sociedad estrangulada y vigilada por ejércitos privatizados a las órdenes del poder financiero?

Y en todo este paisaje y ante este futuro que ya está aquí, ¿dónde están los sindicatos?

Porque, a lo mejor, de algunas otras cosas que importan sí somos responsables. Continuará.

P.S: Un retrato seco, real, inapelable de esta porquería la tenéis inmejorablemente escrita en el libro de John Le Carré La Canción de los Misioneros. Plaza & Janés, 2007 (creo, aunque el original inglés me parece que es de 2006).

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La indignación oculta se ha vengado (Sátira I).


Lo que ustedes van a leer de este párrafo en adelante requiere de cierto cuidado conceptual y seguramente un porcentaje nada desdeñable de gente es muy posible que lo malinterprete. Estoy abierto a cualquier aclaración o debate. Va de uno de los factores que creo han sido decisivos en las Elecciones Presidenciales de los Estados Unidos de América y del crecimiento de los llamados populismos en Europa. Para más factores, más sátiras futuras.

La presunta izquierda en la que creemos compartir espacio de transformación y cambio es una lata para mucha gente. La izquierda presunta en la que llevamos entrando y saliendo algunos desde poco antes de la muerte de Franco, en una cama de hospital y a muy avanzada edad, se ha convertido en algo que a mucha gente la harta, le supera o, sencillamente, ha dejado de estar a su alcance.

La presunta izquierda que por ejemplo en España ha dado el poder al único partido procesado en los tribunales de la historia de nuestra Democracia es la misma que acaba de perder frente a alguien que en cualquier otra época histórica mínimamente seria hubiera sido considerado poco menos que un payaso y una curiosidad vecinal. Y las otras presuntas izquierdas en las que estamos, hemos estado o tenemos la tentación de estar no van por mejores caminos. Y es que somos un auténtico incordio. Somos una panda de empollones, pedantes, enamorados de nosotros mismos y tenemos planteamientos dificilísimos de explicar, que necesitan cientos de matices y encima no sabemos debatir. Pero sobre todo, a la gente normal la tenemos harta. En Estados Unidos la gente que ha votado a Trump (teniendo en cuenta que Hillary Clinton es tan de izquierda como lo pueda ser María Dolores de Cospedal, por ejemplo) está muy indignada, solo que ha incubado esa indignación en silencio y callada y minuciosamente, han puesto en la papeleta su pequeña venganza contra la presunta izquierda. Contra nosotros.

Las fuerzas progresistas, la izquierda, los movimientos de transformación, sabían hablar a la gente que antes se llamaba sencilla. Hasta que de esa gente surgimos los listos, las élites del análisis, los empollones del arte, la cultura y el análisis sociopolítico. En el momento en el que para ser de izquierda había que ser titulado o, mejor, doctor en algo, se fue jodiendo el Perú. Y si encima quiere uno ser ecologista, ni te cuento. Igual con una ingeniería no nos llega.

Las presuntas izquierdas hemos ido tejiendo un aparato cuasirreligioso en el que el debate, para empezar, está mediatizado por las formas. Si uno o una quiere hablar normal, emplea el neutro en su expresión oral o escrita y no pone arrobas, equis o directamente habla en femenino ante una audiencia puede ser vilipendiado en privado, en público, en las redes y hasta en una cena de cuñados. Así que ojito con lo que hablas.

En este nuestro ambiente cuasiconventual, mal está si uno se pone corbata o se la quita; sospechosa es una si lleva tacones o no; cautela con las viejas cazadoras que pueden ser de cuero o nada de zapatos de ante o de gamuza azul ni en los viejos vinilos, porque serás crucificado.

Sospechoso cuando no culpable serás de los males que aquejan a los que padecen pobreza energética porque dejas tus electrodomésticos en estánbai, porque has comprado en el súper y te han dado una bolsa de plástico, porque una vez tiraste el chicle en un alcorque, porque aún, miserable descamisado, no te has gastado 25.000€ en un coche híbrido y sigues con tu diésel de 8 años. Tú eres el culpable de la catástrofe ambiental.

¿Qué decir del problema de los refugiados? ¿De los manteros? ¿De las minorías éticas, sexuales, de los muy jóvenes, de los muy viejos? ¿Cuándo te preocupas por ello, miserable chupatintas? ¿Qué es eso de usar la crisis para dejar de pagar a Unicef, ACNUR, Médicos sin Fronteras, Greenpeace…? ¿Hasta cuándo vas a creer que con una sola suscripción y un SMS tienes tu conciencia silenciada?

No digas que no vas en bicicleta porque vives en la Carretera de la Playa. Cómprate una eléctrica.  No digas que comes carne, porque serás el responsable de la deforestación, del cambio climático y del maltrato animal. No comas mucha verdura, porque talan bosques para cultivar la que consumes. No seas ovolácteo porque las granjas de gallinas y vacas son inhumanas. Y ojito con apoyar la energía solar porque nuestros ingenieros te dirán que no es para tanto. Piensa además en la eólica que tantos pajaritos mata. Pero, obviamente, tienes que apoyar las renovables. Ya te diremos cómo.

Esta caricatura al estilo de Juvenal (el original romano, no el epígono que os escribe ahora) nos deja un hombre o a una mujer blanca, casada, que se desloman a trabajar o llevan tres años o más en paro, que dicen tacos ocasionalmente sexistas, que alguna vez  han contado un chiste de mariquitas, que le han dicho a una compañera o a un compañero “qué guapo vienes hoy”,  que han comido carne, que tienen un coche diésel porque les dijeron que contaminaba menos al consumir menos, que no tienen carnet Joven porque no son jóvenes, que no tienen carnet de la 3ª Edad porque no son viejos, que no tienen ingresos suficientes para ser ecologistas, para comer ecológico, para tener un coche eléctrico, que no tienen preguntas difíciles sobre sus vidas, sobre los ladrones que les han robado, sobre la mierda de mundo en que viven y que se dirige a un abismo del que les hacemos sentirse culpables, que van al cine a divertirse, que leen el Marca o el As o el Semana y que a veces ven (¡ah, pecadores horrísonos!)  Sálvame Limón.

Esa gente está indignada. Pero indignada contra nosotros, las élites, que les culpamos de todo, que les decimos que si no entienden nuestras soluciones es porque no leen lo suficiente, que si no acertamos haciendo encuestas les llamamos mentirosos, que antes que ellos están todas las minorías, todas las mayorías, todos los que ni son ni hablan ni viven como ellos.

Pues bien, esta gente, en Estados Unidos ahora, pero seguro que en Europa después (en Italia ya pasó) está muy indignada, tiene un sobre con un voto y es peligrosa. Y nosotros somos tan listos, tan listos, pero tan listos, que cuando la depositen en la urna no vamos a saber por qué.

Qué listos somos.

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Sí, he votado por mi primo.


Algunas, algunos de vosotros habréis oído esta expresión refiriéndome a Juantxo López de Uralde: “mi primo”.  Como hay un compromiso de transparencia en este partido explicaré, ahora que dejo de tener un papel orgánico en Equo, de dónde viene la expresión.

En enero de 2011 hicimos una investigación de tipo cualitativo acerca de la percepción, valoración y motivación al voto de un partido ecologista en España. Yo había oído hablar de Juantxo, como tantos de nosotros, pero no de Equo –aunque ya funcionaba la Fundación y la Gestora—y menos de un partido ecologista serio, por fin, en el panorama electoral de nuestro pobre, esquilmado país. En los grupos de discusión había que enseñar una foto de Juantxo para ver si le conocían, cuántas personas y, dentro de éstas, qué perfil tenían. Hubo  en todos los grupos, pero en todos, quien invariablemente dijo “es familiar suyo, ¿verdad?” Cuando conocí a Juantxo personalmente, al presentar el estudio a finales de aquel mes de enero expliqué esta curiosidad y a medida que fuimos viéndonos y fuimos teniendo más confianza, se convirtió en mi “primo”. Ya que todo el mundo decía que éramos parientes…

Quizá por estas cosas y por habernos visto juntos durante tantos años bajando de un coche donde nos habíamos juntado aún de noche para evitar el atasco, resoplando después de andar media hora para llegar a un sitio que estaba “a cinco minutos” o en actos que a veces eran seguidos por los medios y a veces por medio, pensaríais que le prefiero como co-Portavoz por motivos afectivos, sentimentales, cosas así.

No. Las cualidades humanas de Juantxo me valen para ser su amigo, su primo, su compañero en tantas cosas, en tantas noches de llamada a la familia, de cenar corriendo en un área de servicio, de cagarse en todo cuando a la Real le metían un gol, o de esa voz que le cambiaba hablando con Juanito, su hijo. No. Además, esas cualidades se verían contestadas por esos trolls incansables a los que una vez les dirigió un mal gesto, o no les miró con la sonrisa adecuada o no les atendió como creían merecer. No.

A Juantxo le he votado porque tiene muy clara la idea de qué es Equo; la importancia de estar en las instituciones, no para Equo, sino para los seres vivos que poblamos el planeta; el considerar que esto es una herramienta de transformación, no una fábrica de carguitos burocráticos para nuestros pequeños dictadorzuelos de aparato; y, finalmente, porque es un tipo políticamente de fiar.

Fijémonos en que normalmente a Juantxo no se le ha rebatido en este partido sino con argumentos ad hominem (para los del plan nuevo: atacando a la persona y no a lo que dice). Se le ha puesto a parir de mil modos. Pero no se ha podido discutir que si la decisión de Equo era confluir ha apostado por la confluencia. No ha esperado a ver por dónde viene el aire ni ha desgastado a sus compañeros ni a la organización. Ha sido siempre leal políticamente a Equo y a sí mismo. Ha escuchado, leído e interpretado –con ayuda, con equipo, con olfato—la situación política hasta conseguir lo que los verdes en España nunca habían conseguido, algunos de los cuales es posible que le machaquen precisamente por eso.

No. Tengo motivos personales para votar a Juantxo. Y muy serios motivos personales para no votar al resto de los candidatos y candidatas, a quienes también conozco bien en sus facetas humanas, éticas y políticas. Pero esto no es por simpatía, ni por ser mi primo. Igual que creo que Marta Santos es una política de futuro y es por quien voy a apostar, voy a votar por mi primo no porque lo sea, sino porque es con quien hemos llegado hasta aquí y con quien podemos confiar en que seguiremos alcanzando nuevos objetivos.

¡Vamos, primo!

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Adiós a Todo Eso.


Es posible que fuera por pasar al otro lado del espejo, persiguiendo inútilmente al conejo de mi juventud activista, libertaria y llena de utopías.  Es posible también que fuera por la misma curiosidad que, hace ya tantos años, me llevase a tender puentes profesionales entre la investigación de la publicidad y hacerme yo mismo publicitario.

También puede ser que durante mis años de asesoría viera que es cierta la frase de Inés Sabanés: “si no quieres hacer política, descuida: alguien la hará por ti”.

En todo caso, he dado mis últimos cinco años y pico a un proyecto que siempre, desde primeros de los 90 di por necesario: un proyecto ecologista. En un país culturalmente yermo, socialmente conservador y políticamente analfabeto sabíamos todos que la implantación de un partido verde a la europea sería muy difícil y, dado el medio siglo de desfase con los países avanzados que arrastramos desde la Revolución Francesa, cuestión de echarle paciencia. Total, los verdes alemanes nacieron en los 70. Así que para 2020 habría esperanzas.

Eso ahora ya no me es posible. No me importa mucho, porque mi vida ha solido consistir en etapas, ciclos quizá, de entre 5 y 7 años.  Y porque, como dijo Malcolm X, “¿Tienes enemigos? Genial.  Eso es que en algún momento de tu vida, te has plantado por algo”.

En este proyecto, me planté por Juantxo López de Uralde y por su sueño de un partido ecologista relevante. En este proyecto trabajé muy duro para que Florent Marcellesi tuviera la oportunidad de llegar al Parlamento Europeo bajo una forma de cooperativa política en la que, al final del proceso, pude ayudar a un imprescindible Alejandro Sánchez con el final de las negociaciones. Tuve la oportunidad de ayudar a promover y pactar la candidatura de la que ahora es la co-Portavoz federal del partido, desde las primeras comidas en Aranda, Burgos y Segovia hasta la culminación de la II Asamblea. Tuve también la ocasión de co-dirigir a un extraordinario grupo de personas, tanto de Podemos como de Equo, en el mayor éxito electoral de Equo, en las Elecciones Generales de hace un año en Vitoria/Gasteiz.

Y ahora toca dar un paso atrás. Y no hay lamento. No lamento de ninguna manera haber conocido a tanta gente que trabaja callada, constante y seriamente en un montón de sitios que he conocido y querido gracias a Equo. Lo que nunca podrá ser objeto de arrepentimiento es haberme encontrado con tantas personas honestas, cabales, que miran a los ojos y que abrazan con calor, que dan la mano fuerte, que besan con besos que suenan. Nunca podré renegar de mi segunda familia de Araba y de Valencia, de Castilla, de La Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Asturias (sí, querido: de Asturias), de Madrid… Ahí seguiré estando. Porque vosotros, vosotras, os lo merecéis todo.

Pero sobre todo os merecéis que me vaya de la primera línea. Que ya está bien.

Y no se me rindan. Ya lo dijo M. Gandhi: “Cualquiera que diga que no está interesado en política es como el que se está ahogando y dice que no le interesa el agua”.

Feliz futuro.

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Para la Libertad.


He dudado mucho en poner ese título a este post. Podría haber sido Al Alba, Al Vent, Tiene que Llover, L’Estaca (con perdón) o el eterno himno Habrá un Día en que Todos.

En medio de todo lo que ha ocurrido en el PSOE, yo no pude evitar pensar en tantas compañeras y en tantos compañeros de mis primeros viajes en la política (que luego abandoné durante casi 30 años) con quien nos abrazábamos, cantábamos a pleno pulmón y hasta llorábamos con aquellos himnos, algunos prohibidos aún, de los incipientes vientos de libertad.

Mientras veía a esa dama regordeta y desclasada y a sus vasallos defenestrar lo poco digno que quedaba del partido de la OTAN, de las reformas laborales, del artículo 135, se apearon en mi memoria familiares, amigas y amigos cantando alrededor de un fuego, acampados en un monte; huyendo de grises y luego maderos por la Gran Vía, simulando a veces un morreo para que pasaran de largo; recogiendo firmas, manifestándonos, empapelando universidades e institutos. Practicando aquellos ensayos generales de amor libre porque todo aquello olía a libertad.

Después de ofrecer la cara al vent, de cabalgar hasta enterrarlos en el mar, de tirar de l’estaca, de preguntar altivos ¿quién nos ata?, de sangrar, luchar y pervivir para la libertad, ¿dónde estaban aquellas chicas, aquellos chicos? De muchos sabía y sé que ocuparon despachos, cargos y asientos traseros de coches grises conducidos por un señor o una señora muy discreta y callada. De hecho muchas de esas personas, cuando la derrota dulce tuvieron que sacarse aprisa y corriendo carnés de conducir, cursos de ofimática y hasta graduados escolares.

Pero de muchos otros sabía que ahora estarían asistiendo a la defenestración de ese pobre líder que se creyó lo del poder de la militancia en el partido de González, Barrionuevo, Roldán y Vera, entre lágrimas de dolor e impotencia. La maniobra de Susana y de sus secuaces, con sus dagas escondidas en las túnicas laticlavia al pie de la estatua de Pompeyo el grande, ha debido de dejar sin juventud, sin memoria, sin guitarras y sin amores junto a una vietnamita a miles de chicos y chicas que ahora acarician desconcertadas sus canas mientras se preguntan a quién denunciar por el robo de su pasado.

Yo jamás voté al PSOE, ni siquiera en el 82, jamás he tenido la más mínima conmiseración con sus cuadros, aun cuando haya trabajado para ese partido alguna vez. Pero no puedo evitar pensar en el resultado final de este golpe: las lágrimas, el desconcierto y quizá la pequeña muerte de muchas compañeras y compañeros con quienes compartí ese breve camino de la utopía posfranquista.

Vaya con ellas y con ellos mi abrazo.

P.S.: la buena noticia es que a los que decíamos que este partido era muy de orden y muy de derechas nos dejarán en paz de una buena vez, ¿no?

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Otra vez sí.


En la historia de este modesto y muy intermitente blog se puede comprobar que las pocas veces que he hablado de temas orgánicos de Equo, de sus planteamientos y de su futuro, o cuando se ha tratado de escoger a personas y líneas políticas he dicho siempre que sí.

En la corta historia de Equo –debido en parte a los ridículamente cortos mandatos que nos hemos dado—ha habido varios momentos decisivos en los que  la mayoría hemos tenido que trabajar muy duro por el , por los síes. En esos momentos muchos de nosotros nos hemos dejado buena parte de nuestro pellejo defendiendo un Equo en afirmación, en positivo, en acción y en sintonía con el momento histórico que nos ha tocado, como en la maldición china, disfrutar sufriendo, o sufrir disfrutando.

Tuvimos que luchar para convencer y superar a quienes no vieron en Primavera Europea la herramienta de la primera entrada histórica de los ecologistas españoles en las instituciones. La irrupción de Podemos restó importancia a un hito: entrar en el Parlamento Europeo. Incluso entró, primero como asistente y luego como diputado, una persona que se opuso al principio a esa cooperativa política. Y muchos de nosotros nos enzarzamos en una dura batalla para lograr esa representación que además, aunque ahora se olvide, conviene recordar que era prácticamente el punto de supervivencia de Equo con  la estructura mínima de la que disponía en aquel momento. Algunos por tanto dijimos que sí. Ganó el sí. Y entonces ganó Equo. Un poquito. No mucho, no tanto como otros. Pero ganó.

También tuvimos que luchar para lograr que Equo estuviera en la corriente histórica que culminó en los llamados Ayuntamientos del Cambio y en la entrada de varios de nuestros militantes en los parlamentos autonómicos. Otra vez quienes defendimos el sí, la cooperación, el poner por delante la causa, el tener como objetivo entrar en las instituciones para ser relevantes, para ser herramientas de cambio y para estar orgullosos del trabajo de todos nuestros concejales y concejalas, pudimos ver satisfechos la entrada de las gentes de Equo en más de 100 cargos municipales y con voz y voto en 15 capitales de provincia. Además, entramos a gobernar en el País Valenciano, donde fuimos y somos una fuerza política de primera línea en responsabilidad y visibilidad.

Más tarde hubo que trabajar para proponer un nuevo sí. El más difícil: el sí a entrar en coordinación con la fuerza política que se había apoderado de nuestras ansias de renovación y de la visibilidad mediática y social. Este fue un sí muy duro, muy difícil de conseguir. Nuestro ahora parlamentario europeo no se decidió por el sí ni por el no. Pero nuestra ahora diputada (gracias a nuestro sí, gracias a que derrotamos su no) sí se posicionó en el no: clara y públicamente. Fue una victoria muy dura, casi amarga por todo lo que nos habíamos dejado la mayoría de nosotras y de nosotros para conseguirla.

Pero también fue una victoria dulce. Porque en el único lugar donde Equo encabezaba la lista, el trabajo de Equo y de Podemos, de nuestros pocos y de sus muchos pero de todos juntos, de todas juntas, nos llevó a ganar dos veces con el mejor resultado histórico en la provincia y, comparativamente, en el Estado. Fue un triunfo hermoso del sí, de nuestro sí, del sí que han encabezado Juantxo, Inés, Alejandro, Carmen, Ramón, y tantos y tantas otras  desde el principio.

Nos hemos dejado mucho en el camino para que siempre gane el sí en Equo. Yo mismo esta vez doy un paso atrás y digo no muy bajito a estar en ningún puesto orgánico. Pero sigo siendo del sí. Seguiré trabajando por el sí verde, útil, relevante, honesto y que siempre esté en acción, en positivo y en lo que hay que hacer: en la tarea de salvar el Planeta y, sobre todo, a los seres que lo habitan.

Ese es mi sí a Equo en Acción.

http://equoenaccion.org/

Ese es mi sí a las personas que en Equo siempre han dicho que sí.

Sí.

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Es ahora. Es aquí. Es Urgente.


Más allá del análisis pormenorizado que se haga en cada territorio, esta noche, la noche del 25 de septiembre tiene que movernos a todos los que estamos contra el gobierno de la corrupción, de los recortes y de la desigualdad a una severa asunción de responsabilidades  y a una profunda reflexión.

Esta noche ha ganado por mayoría absoluta un candidato que se ha fotografiado con un conocido delincuente. Representando al primer partido procesado (repito: procesado) de la historia de la democracia española, ha logrado una mayoría absoluta incontestable. Y sabemos que las mayorías absolutas para el partido de Rajoy y de Aguirre son mayorías en la práctica totalitarias.

Esta noche el impulso que llevo a Podemos a ganar las Elecciones Legislativas en Euskadi, batiendo al todopoderoso EAJ/PNV ya EH Bildu se ha desinflado. En parte, en la abstención, en parte por el factor de corrección que imponen los ámbitos diferentes del alcance de unas Elecciones. Pero no podemos obviar, pese a las variables correctoras que introduzcamos (y que numéricamente suelen ser mucho menores), que Elkarrekin/Podemos ha perdido casi la mitad del voto que reunió en diciembre o en junio.  Y el PSOE ha visto el fantasma del sorpasso encarnarse en ambas Comunidades Autónomas.

Parece que, para la izquierda, la única lectura posible es que todas las fuerzas que no queremos un gobierno del Partido Popular, tenemos que tomar nota y buscar un pacto de gobierno en Madrid para recargar la ilusión de nuestro electorado y demostrar que el cambio es posible.

Los números dan. Los hechos hablan por sí solos. Los resultados no son encuestas, sino la foto real de un panorama político que exige, ahora y aquí, un gobierno de progreso .

 

Post Data: No se empeñen. Hacer campañas es un trabajo profesional para el que no vale creer que uno lo sabe todo. Al contrario. ¿Veremos dimisiones en Podemos?

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