Sí, he votado por mi primo.


Algunas, algunos de vosotros habréis oído esta expresión refiriéndome a Juantxo López de Uralde: “mi primo”.  Como hay un compromiso de transparencia en este partido explicaré, ahora que dejo de tener un papel orgánico en Equo, de dónde viene la expresión.

En enero de 2011 hicimos una investigación de tipo cualitativo acerca de la percepción, valoración y motivación al voto de un partido ecologista en España. Yo había oído hablar de Juantxo, como tantos de nosotros, pero no de Equo –aunque ya funcionaba la Fundación y la Gestora—y menos de un partido ecologista serio, por fin, en el panorama electoral de nuestro pobre, esquilmado país. En los grupos de discusión había que enseñar una foto de Juantxo para ver si le conocían, cuántas personas y, dentro de éstas, qué perfil tenían. Hubo  en todos los grupos, pero en todos, quien invariablemente dijo “es familiar suyo, ¿verdad?” Cuando conocí a Juantxo personalmente, al presentar el estudio a finales de aquel mes de enero expliqué esta curiosidad y a medida que fuimos viéndonos y fuimos teniendo más confianza, se convirtió en mi “primo”. Ya que todo el mundo decía que éramos parientes…

Quizá por estas cosas y por habernos visto juntos durante tantos años bajando de un coche donde nos habíamos juntado aún de noche para evitar el atasco, resoplando después de andar media hora para llegar a un sitio que estaba “a cinco minutos” o en actos que a veces eran seguidos por los medios y a veces por medio, pensaríais que le prefiero como co-Portavoz por motivos afectivos, sentimentales, cosas así.

No. Las cualidades humanas de Juantxo me valen para ser su amigo, su primo, su compañero en tantas cosas, en tantas noches de llamada a la familia, de cenar corriendo en un área de servicio, de cagarse en todo cuando a la Real le metían un gol, o de esa voz que le cambiaba hablando con Juanito, su hijo. No. Además, esas cualidades se verían contestadas por esos trolls incansables a los que una vez les dirigió un mal gesto, o no les miró con la sonrisa adecuada o no les atendió como creían merecer. No.

A Juantxo le he votado porque tiene muy clara la idea de qué es Equo; la importancia de estar en las instituciones, no para Equo, sino para los seres vivos que poblamos el planeta; el considerar que esto es una herramienta de transformación, no una fábrica de carguitos burocráticos para nuestros pequeños dictadorzuelos de aparato; y, finalmente, porque es un tipo políticamente de fiar.

Fijémonos en que normalmente a Juantxo no se le ha rebatido en este partido sino con argumentos ad hominem (para los del plan nuevo: atacando a la persona y no a lo que dice). Se le ha puesto a parir de mil modos. Pero no se ha podido discutir que si la decisión de Equo era confluir ha apostado por la confluencia. No ha esperado a ver por dónde viene el aire ni ha desgastado a sus compañeros ni a la organización. Ha sido siempre leal políticamente a Equo y a sí mismo. Ha escuchado, leído e interpretado –con ayuda, con equipo, con olfato—la situación política hasta conseguir lo que los verdes en España nunca habían conseguido, algunos de los cuales es posible que le machaquen precisamente por eso.

No. Tengo motivos personales para votar a Juantxo. Y muy serios motivos personales para no votar al resto de los candidatos y candidatas, a quienes también conozco bien en sus facetas humanas, éticas y políticas. Pero esto no es por simpatía, ni por ser mi primo. Igual que creo que Marta Santos es una política de futuro y es por quien voy a apostar, voy a votar por mi primo no porque lo sea, sino porque es con quien hemos llegado hasta aquí y con quien podemos confiar en que seguiremos alcanzando nuevos objetivos.

¡Vamos, primo!

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Adiós a Todo Eso.


Es posible que fuera por pasar al otro lado del espejo, persiguiendo inútilmente al conejo de mi juventud activista, libertaria y llena de utopías.  Es posible también que fuera por la misma curiosidad que, hace ya tantos años, me llevase a tender puentes profesionales entre la investigación de la publicidad y hacerme yo mismo publicitario.

También puede ser que durante mis años de asesoría viera que es cierta la frase de Inés Sabanés: “si no quieres hacer política, descuida: alguien la hará por ti”.

En todo caso, he dado mis últimos cinco años y pico a un proyecto que siempre, desde primeros de los 90 di por necesario: un proyecto ecologista. En un país culturalmente yermo, socialmente conservador y políticamente analfabeto sabíamos todos que la implantación de un partido verde a la europea sería muy difícil y, dado el medio siglo de desfase con los países avanzados que arrastramos desde la Revolución Francesa, cuestión de echarle paciencia. Total, los verdes alemanes nacieron en los 70. Así que para 2020 habría esperanzas.

Eso ahora ya no me es posible. No me importa mucho, porque mi vida ha solido consistir en etapas, ciclos quizá, de entre 5 y 7 años.  Y porque, como dijo Malcolm X, “¿Tienes enemigos? Genial.  Eso es que en algún momento de tu vida, te has plantado por algo”.

En este proyecto, me planté por Juantxo López de Uralde y por su sueño de un partido ecologista relevante. En este proyecto trabajé muy duro para que Florent Marcellesi tuviera la oportunidad de llegar al Parlamento Europeo bajo una forma de cooperativa política en la que, al final del proceso, pude ayudar a un imprescindible Alejandro Sánchez con el final de las negociaciones. Tuve la oportunidad de ayudar a promover y pactar la candidatura de la que ahora es la co-Portavoz federal del partido, desde las primeras comidas en Aranda, Burgos y Segovia hasta la culminación de la II Asamblea. Tuve también la ocasión de co-dirigir a un extraordinario grupo de personas, tanto de Podemos como de Equo, en el mayor éxito electoral de Equo, en las Elecciones Generales de hace un año en Vitoria/Gasteiz.

Y ahora toca dar un paso atrás. Y no hay lamento. No lamento de ninguna manera haber conocido a tanta gente que trabaja callada, constante y seriamente en un montón de sitios que he conocido y querido gracias a Equo. Lo que nunca podrá ser objeto de arrepentimiento es haberme encontrado con tantas personas honestas, cabales, que miran a los ojos y que abrazan con calor, que dan la mano fuerte, que besan con besos que suenan. Nunca podré renegar de mi segunda familia de Araba y de Valencia, de Castilla, de La Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Asturias (sí, querido: de Asturias), de Madrid… Ahí seguiré estando. Porque vosotros, vosotras, os lo merecéis todo.

Pero sobre todo os merecéis que me vaya de la primera línea. Que ya está bien.

Y no se me rindan. Ya lo dijo M. Gandhi: “Cualquiera que diga que no está interesado en política es como el que se está ahogando y dice que no le interesa el agua”.

Feliz futuro.

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Para la Libertad.


He dudado mucho en poner ese título a este post. Podría haber sido Al Alba, Al Vent, Tiene que Llover, L’Estaca (con perdón) o el eterno himno Habrá un Día en que Todos.

En medio de todo lo que ha ocurrido en el PSOE, yo no pude evitar pensar en tantas compañeras y en tantos compañeros de mis primeros viajes en la política (que luego abandoné durante casi 30 años) con quien nos abrazábamos, cantábamos a pleno pulmón y hasta llorábamos con aquellos himnos, algunos prohibidos aún, de los incipientes vientos de libertad.

Mientras veía a esa dama regordeta y desclasada y a sus vasallos defenestrar lo poco digno que quedaba del partido de la OTAN, de las reformas laborales, del artículo 135, se apearon en mi memoria familiares, amigas y amigos cantando alrededor de un fuego, acampados en un monte; huyendo de grises y luego maderos por la Gran Vía, simulando a veces un morreo para que pasaran de largo; recogiendo firmas, manifestándonos, empapelando universidades e institutos. Practicando aquellos ensayos generales de amor libre porque todo aquello olía a libertad.

Después de ofrecer la cara al vent, de cabalgar hasta enterrarlos en el mar, de tirar de l’estaca, de preguntar altivos ¿quién nos ata?, de sangrar, luchar y pervivir para la libertad, ¿dónde estaban aquellas chicas, aquellos chicos? De muchos sabía y sé que ocuparon despachos, cargos y asientos traseros de coches grises conducidos por un señor o una señora muy discreta y callada. De hecho muchas de esas personas, cuando la derrota dulce tuvieron que sacarse aprisa y corriendo carnés de conducir, cursos de ofimática y hasta graduados escolares.

Pero de muchos otros sabía que ahora estarían asistiendo a la defenestración de ese pobre líder que se creyó lo del poder de la militancia en el partido de González, Barrionuevo, Roldán y Vera, entre lágrimas de dolor e impotencia. La maniobra de Susana y de sus secuaces, con sus dagas escondidas en las túnicas laticlavia al pie de la estatua de Pompeyo el grande, ha debido de dejar sin juventud, sin memoria, sin guitarras y sin amores junto a una vietnamita a miles de chicos y chicas que ahora acarician desconcertadas sus canas mientras se preguntan a quién denunciar por el robo de su pasado.

Yo jamás voté al PSOE, ni siquiera en el 82, jamás he tenido la más mínima conmiseración con sus cuadros, aun cuando haya trabajado para ese partido alguna vez. Pero no puedo evitar pensar en el resultado final de este golpe: las lágrimas, el desconcierto y quizá la pequeña muerte de muchas compañeras y compañeros con quienes compartí ese breve camino de la utopía posfranquista.

Vaya con ellas y con ellos mi abrazo.

P.S.: la buena noticia es que a los que decíamos que este partido era muy de orden y muy de derechas nos dejarán en paz de una buena vez, ¿no?

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Otra vez sí.


En la historia de este modesto y muy intermitente blog se puede comprobar que las pocas veces que he hablado de temas orgánicos de Equo, de sus planteamientos y de su futuro, o cuando se ha tratado de escoger a personas y líneas políticas he dicho siempre que sí.

En la corta historia de Equo –debido en parte a los ridículamente cortos mandatos que nos hemos dado—ha habido varios momentos decisivos en los que  la mayoría hemos tenido que trabajar muy duro por el , por los síes. En esos momentos muchos de nosotros nos hemos dejado buena parte de nuestro pellejo defendiendo un Equo en afirmación, en positivo, en acción y en sintonía con el momento histórico que nos ha tocado, como en la maldición china, disfrutar sufriendo, o sufrir disfrutando.

Tuvimos que luchar para convencer y superar a quienes no vieron en Primavera Europea la herramienta de la primera entrada histórica de los ecologistas españoles en las instituciones. La irrupción de Podemos restó importancia a un hito: entrar en el Parlamento Europeo. Incluso entró, primero como asistente y luego como diputado, una persona que se opuso al principio a esa cooperativa política. Y muchos de nosotros nos enzarzamos en una dura batalla para lograr esa representación que además, aunque ahora se olvide, conviene recordar que era prácticamente el punto de supervivencia de Equo con  la estructura mínima de la que disponía en aquel momento. Algunos por tanto dijimos que sí. Ganó el sí. Y entonces ganó Equo. Un poquito. No mucho, no tanto como otros. Pero ganó.

También tuvimos que luchar para lograr que Equo estuviera en la corriente histórica que culminó en los llamados Ayuntamientos del Cambio y en la entrada de varios de nuestros militantes en los parlamentos autonómicos. Otra vez quienes defendimos el sí, la cooperación, el poner por delante la causa, el tener como objetivo entrar en las instituciones para ser relevantes, para ser herramientas de cambio y para estar orgullosos del trabajo de todos nuestros concejales y concejalas, pudimos ver satisfechos la entrada de las gentes de Equo en más de 100 cargos municipales y con voz y voto en 15 capitales de provincia. Además, entramos a gobernar en el País Valenciano, donde fuimos y somos una fuerza política de primera línea en responsabilidad y visibilidad.

Más tarde hubo que trabajar para proponer un nuevo sí. El más difícil: el sí a entrar en coordinación con la fuerza política que se había apoderado de nuestras ansias de renovación y de la visibilidad mediática y social. Este fue un sí muy duro, muy difícil de conseguir. Nuestro ahora parlamentario europeo no se decidió por el sí ni por el no. Pero nuestra ahora diputada (gracias a nuestro sí, gracias a que derrotamos su no) sí se posicionó en el no: clara y públicamente. Fue una victoria muy dura, casi amarga por todo lo que nos habíamos dejado la mayoría de nosotras y de nosotros para conseguirla.

Pero también fue una victoria dulce. Porque en el único lugar donde Equo encabezaba la lista, el trabajo de Equo y de Podemos, de nuestros pocos y de sus muchos pero de todos juntos, de todas juntas, nos llevó a ganar dos veces con el mejor resultado histórico en la provincia y, comparativamente, en el Estado. Fue un triunfo hermoso del sí, de nuestro sí, del sí que han encabezado Juantxo, Inés, Alejandro, Carmen, Ramón, y tantos y tantas otras  desde el principio.

Nos hemos dejado mucho en el camino para que siempre gane el sí en Equo. Yo mismo esta vez doy un paso atrás y digo no muy bajito a estar en ningún puesto orgánico. Pero sigo siendo del sí. Seguiré trabajando por el sí verde, útil, relevante, honesto y que siempre esté en acción, en positivo y en lo que hay que hacer: en la tarea de salvar el Planeta y, sobre todo, a los seres que lo habitan.

Ese es mi sí a Equo en Acción.

http://equoenaccion.org/

Ese es mi sí a las personas que en Equo siempre han dicho que sí.

Sí.

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Es ahora. Es aquí. Es Urgente.


Más allá del análisis pormenorizado que se haga en cada territorio, esta noche, la noche del 25 de septiembre tiene que movernos a todos los que estamos contra el gobierno de la corrupción, de los recortes y de la desigualdad a una severa asunción de responsabilidades  y a una profunda reflexión.

Esta noche ha ganado por mayoría absoluta un candidato que se ha fotografiado con un conocido delincuente. Representando al primer partido procesado (repito: procesado) de la historia de la democracia española, ha logrado una mayoría absoluta incontestable. Y sabemos que las mayorías absolutas para el partido de Rajoy y de Aguirre son mayorías en la práctica totalitarias.

Esta noche el impulso que llevo a Podemos a ganar las Elecciones Legislativas en Euskadi, batiendo al todopoderoso EAJ/PNV ya EH Bildu se ha desinflado. En parte, en la abstención, en parte por el factor de corrección que imponen los ámbitos diferentes del alcance de unas Elecciones. Pero no podemos obviar, pese a las variables correctoras que introduzcamos (y que numéricamente suelen ser mucho menores), que Elkarrekin/Podemos ha perdido casi la mitad del voto que reunió en diciembre o en junio.  Y el PSOE ha visto el fantasma del sorpasso encarnarse en ambas Comunidades Autónomas.

Parece que, para la izquierda, la única lectura posible es que todas las fuerzas que no queremos un gobierno del Partido Popular, tenemos que tomar nota y buscar un pacto de gobierno en Madrid para recargar la ilusión de nuestro electorado y demostrar que el cambio es posible.

Los números dan. Los hechos hablan por sí solos. Los resultados no son encuestas, sino la foto real de un panorama político que exige, ahora y aquí, un gobierno de progreso .

 

Post Data: No se empeñen. Hacer campañas es un trabajo profesional para el que no vale creer que uno lo sabe todo. Al contrario. ¿Veremos dimisiones en Podemos?

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¿Y tú dónde estabas cuando el golpe? (El de ahora)


Los franceses inventaron el audiovisual (moderno), los estadounidenses lo convirtieron en una industria y en un olimpo, pero los británicos son los grandes artesanos, en mi opinión, de lo que vemos en nuestras pantallas. Es dificilísimo encontrar un actor o una actriz británica mala; casi imposible ver un telefilme o una película británica realmente mala (puede ser aburrida o extraña en función de gustos, pero nunca estará mal hecha). Y, además, cuando se ponen a contar la realidad simplemente la cuentan mejor que nadie. Y antes que nadie.

Por ejemplo, House of Cards, la serie estadounidense justamente aclamada en nuestros días, fue antes serie británica. Y además con todas sus características: actuada, con una producción sobria y realista, con pocos episodios y actores y actrices de primerísima fila, curtidos en el crudo e inigualable mundo de la escena shakespeariana y de las escuelas de arte dramático de todas las islas. Para mí, mucho mejor que la estadounidense. Y eso que brilla y habita Robin Whright.

Digo esto porque acabo de ver, con unos años de retraso una serie –de 4 capítulos—británica: Secret State, basada en la novela A Very British Coup, de Chris Mullin. Abro un paréntesis: Chris Mullin hubiera sido Isaías en la época adecuada. Es un analista certero, que cuenta la verdad desnuda y anuncia el mundo que viene. Para mí solo a la altura de LeCarré. La mini serie está protagonizada por un descomunal Gabriel Byrne, a quien muchas de las estrellas contemporáneas no llegan ni a la punta del zapato, y le acompañan en el reparto caras conocidas de otras series como Sherlock, Juego de Tronos, etc. Vedla si no la habéis visto. Es tan buena que ni los distribuidores se han molestado en ponerle un absurdo título en castellano.

Bien, en esa serie se nos cuenta una posible y muy verosímil trama que une a un banco público participado por capital privado, una multinacional petrolera estadounidense y unos políticos corruptos para simplemente gobernar, informar y dictar la política por encima de la voluntad democrática del electorado británico. Con toda la crudeza de la ficción investigada, sólida y verosímil, se nos muestra un retrato de “un golpe a la inglesa” (sería la única traducción posible, aunque setentera del título) que se ha dado en todas partes del mundo: simplemente los grandes bancos, las grandes empresas transnacionales y los burócratas grises y ambiciosos adecuadamente situados en un partido político son nuestra nueva dictadura.

En la ficción de la miniserie hay un retraso, porque no puede haber derrota, de ese golpe de estado operado sin un disparo, sin uniformes; solo con poder, con dinero, con los medios de comunicación y con gabinetes de investigación y de comunicación dopados con dinero de las energéticas. Pero nosotros estamos viviendo el triunfo de ese golpe, no solo en España, sino en toda Europa y, por supuesto, en Gran Bretaña.

Es imposible poner fecha, y lo será en los futuros libros de historia si es que hay un futuro y en él alguien hace historia, a un golpe fraguado desde los años 80, afianzado políticamente en los 90 y disparado en forma de conflicto global armado desde el 11 de septiembre de 2001. Cuando nosotros y nuestros hijos nos pregunten: “¿y tú dónde estabas cuando…?” no podremos responder con precisión, porque este golpe próximo a triunfar ha recorrido casi toda nuestra vida adulta. Sé dónde estaba cuando murió Franco, el 23 de febrero del 81, cuando ganó el PSOE en el 82 (antes o quizá en camino de ser cómplice del golpe), cuando entramos en la Guerra del Golfo, cuando cayeron las Torres Gemelas… Pero no sabría decir dónde estaba cuando empezó el golpe que se nos ha llevado lo público, la decencia, el valor del pensamiento, de la ética, de la razón y de la solidaridad. Estaba aquí, todo el rato. Haciendo otras cosas. Viviendo otra vida.

Es posible que la razón de mi militancia política sea, ahora, al menos poder responder que estaba haciendo algo.

Es decir: algo es algo.

¿No?

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Lecturas de Verano.


Los que crecimos en el mundo del “si no lo leo, no lo creo” no podemos entender del todo este mundo de “si no lo veo, no lo creo”. Por mucho que nos adaptemos, nuestra capacidad crítica, nuestro renegar de lo que se nos presenta en lo audiovisual, la organización misma de nuestra mente es contemporánea, pero no 4.0.

En nuestro mundo de ahora, nadie resiste pensar. No hay tiempo ni espacio para, por poner un ejemplo, largos discursos sobre la igualdad de la mujer. Ni hay debates sobre matices, diferencias, progresos y líneas futuras del feminismo. Hoy es más eficaz presentar el Congreso por la Igualdad de la Mujer en el Ajedrez, indignarse con las portadas de los diarios deportivos que ignoran los éxitos femeninos pero exageran los masculinos, mostrar las estadísticas y las víctimas de la violencia machista que publicar ensayos y análisis sobre estas dimensiones vistas por las mujeres. Este es solo un ejemplo. Pueden ponerse muchos sobre casi cualquier cosa –o punto de programa electoral–: modelo energético, pobreza, diferencia entre ricos y pobres, empleo, neoliberalismo, corrupción… Hoy lo que hay que hacer es, en lugar de explicar el concepto, rodearlo con imágenes, con indicadores, con fotos y videos. Acumulamos atribuciones y pistas en lugar de profundizar, analizar esas fotos, esos videos, el discurso que subyace, que habla por la ideología, que enmascara, desvela o distorsiona. Que construye realidad.

Creo que, por poner otro ejemplo, un síntoma de lo que digo es la vuelta de los “niños negros” a la publicidad recaudatoria de las ONGs y ONGDs. A finales de los setenta y en los ochenta, una reflexión común de estas organizaciones pidió que se acabase, incluso en los medios informativos, con la imagen de los niños desnutridos en situaciones extremas. Se suponía que era un atentado a la dignidad de esos niños, que a veces se utilizaban imágenes fraudulentas, que no ayudaba a reflexionar sobre la sustitución de la “ayuda” y la “caridad” por la solidaridad, que el hambre viene con la guerra, con la desigualdad y la codicia de las dictaduras que Occidente sostiene y alimenta, etc. Ahora no. Dejémonos de líos, si solo tenemos la atención de una persona durante 10 segundos, 140 caracteres o cualquier otro breve lapso de tiempo, no hay lugar para el pensamiento, para la reflexión, para la filosofía. Vuelve a poner al crío etíope –aunque sea para pedir dinero para un programa en Sudán del Sur–; vuelve a poner el charco de sangre; vuelve a la imagen sensacionalista, instantánea. Y déjate de análisis.

En nuestra profesión, la investigación de mercados, ha pasado también. De informes de 30-60 páginas, estructurados como el Tractatus de Wittgenstein (lo siento por los del plan nuevo: tendréis que ir a Wikipedia y no es un artículo fácil) hemos tenido que pasar a un máximo de 20 diapositivas con el menor número de polisílabos como sea posible. Y eso que estamos tratando con gente con másteres y tal. Pero no hay tiempo ni espacio mental para analizar de manera sosegada, multidimensional, incluso creativa (leer siempre lleva a recordar, a hilar, a tejer correspondencias, a suturar espacios vacíos entre realidades, lecturas y disciplinas). Un vistazo a los anuncios actuales y se verán las consecuencias de esta tendencia.

Leer, como vio muy bien el estructuralismo y el pobre y zurrado Heidegger, es desvelar. Como dijo Barthes, leer y analizar lo leído, lo hablado, lo significado, es hacer semioclastia, es montar una revolución por el solo hecho de cuestionar, de preguntar, de mirar a ver si el emperador no estará desnudo. Cuidado: no estoy hablando solo de lecturas de letra impresa o de libros electrónicos. Estoy hablando también de leer en la televisión, en el cine, en el teatro. En la diferencia entre La Clave y La Sexta Noche. En la diferencia entre Love Story y El Diario de Noah. En la necesidad de los productores escénicos de hacer o musicales basados en taquillazos u obras con tres o menos personajes y de una hora de duración, para ahorrar costes y, sobre todo, para no aburrir, para que la gente no tenga que leer escuchando y viendo.

No se trata de que cualquier tiempo pasado sea mejor, sino de que en espacios estrechos, tiempos breves y con códigos limitados, manidos, probados y testados por el marketing no hay manera de hacer clásicos. De construir un análisis atemporal, donde nos veamos a nosotros mismos y nos planteen las eternas preguntas de manera inteligente, nueva, abierta, desnuda. Estamos en la era de los remakes (que en otros tiempos eran despreciados como refritos), de la brevedad, del arte instantáneo y la neurona comodona. Estamos en el tiempo de quitar la Filosofía de las aulas y meter la religión de nuevo. Y es que es más duro, más largo y más revolucionario analizar el concepto de dios y el de la creencia que rezar un Padre Nuestro.

Que a nadie le extrañe que ahora las mujeres estén más fortalecidas y lideren los movimientos asociativos y muchas de las alternativas a la política tradicional en todo el mundo. Que a nadie le extrañe que el verano sea la época con más divorcios. Las mujeres leen en el metro.

Y en la playa.

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