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La Asociación de la Prensa y algún pecado original.


“Me han publicado una carta al director en El País”. Estas diez palabras, en nuestro entorno giliprogre, eran el equivalente afrodisíaco a “me he entrevistado con Fidel Castro” o “he cenado en la Bodeguiya”. En otros ambientes sería el equivalente a “¿quieres dar una vuelta en mi Ferrari?” o “acabo de volver de la Unión Soviética”. A elegir. A mí me han publicado tres. Pero una de ellas –asómbrense, damas y caballeros—en un domingo. Impresionante.

Las cartas al director eran la punta del pequeño iceberg invisible de todas las personas que querían o queríamos matizar una noticia, una opinión, una información. A veces se usaban para corregir, otras para encomiar, otras para procurar un punto de vista adicional sobre lo que se leía en un diario o en cualquier otro medio escrito. Había incluso “profesionales” de la carta al director, gente con tiempo libre y pluma celosa (de no poder escribir ellos a su vez en el diario o la revista de sus entretelas) que rumiaba y enviaba su opinión de manera constante y que también con cierta regularidad veían publicada su misiva.

Cuando aún era un diario de referencia y prestigio, El País lo leíamos de atrás hacia adelante. Primero, la columna de opinión de la contra. Después la tele, especialmente en la época gloriosa de Antonio Albert, una de las mejores y más afiladas plumas que jamás he leído. Luego, los deportes, después a Joaquín Vidal si eras aficionado a los toros, si no, sociedad, Madrid, Tribuna Libre, los editoriales y, por supuesto, las cartas al director. Solo cuando había algo muy gordo o algo muy cercano se aventuraba uno en las páginas primeras, las de Internacional.

Por supuesto, El País no era el único medio escrito con cartas al director. Hasta los cómics tenían su sección, y los tebeos si se me perdona el guiño. Eso además diferenciaba a estos medios de esa comunicación prescriptora, sin ventanas, autoritaria y de traje que eran los informativos audiovisuales, tanto de radio como de televisión. Y eso aun cuando la radio tenía sus ventanas abiertas a los oyentes, que rara vez tuvo la televisión. Especialmente la buena televisión.

Todo esto, queridos señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, es un retrato de un tiempo que no volverá. Ahora, señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, sus medios, sus periodistas, sus técnicos, sus redactores, sus fotógrafos, sus becarios, sus mensajeros… todo quisque que tenga que ver con un medio de comunicación y cualquiera que sea su formato, está sometido a las reglas de las redes sociales.

Ahora a un medio o a un periodista o al mismo dios, se le puede zarandear, trolear, discutir, y coger virtualmente de las solapas. Ahora –aunque rechace de lleno el hecho—están ustedes sometidos a lo que estuvimos todos sometidos desde hace mucho tiempo: la agresión, el escrutinio infame de gente sin escrúpulos, a señoritos del tiempo libre que solo saben insultar, perseguir y obrar con zafiedad. Ahora las puertas que les unen con la sociedad (con lo bueno y lo malo de la sociedad) están abiertas de par en par.

Claro que ustedes no son inocentes del todo. Han cometido algunos pecados que deberían considerarse como mortales si existiera una religión sancionadora en su oficio. Enumeraré unos poquitos que, con todo este susto de las nuevas tecnologías, las nuevas redes en la nueva sociedad, les han debido pillar a ustedes de improviso, con la guardia baja:

  1. Han permitido ustedes comparecencias de responsables públicos sin que se les ofrezca la oportunidad de preguntar. Dicho en llano, ruedas de prensa sin preguntas. Lo que, como todos los que trabajamos en esto sabemos, no tiene más nombre que
  2. Como corolario del punto anterior, han dejado ustedes pasar nada menos que el hecho de que el Presidente del Gobierno del Reino “comparezca” –apenas puedo aguantar la risa al pronunciar esa palabra—ante sus medios a través de una pantalla de tv por circuito cerrado.
  3. Han mirado ustedes hacia otro lado, o no se han dado cuenta cabal, cuando los profesionales a los que deberían representar han denunciado acoso político en medios públicos.
  4. También como epítome de lo anterior, parece que no han tenido noticias de la introducción de redacciones paralelas en los medios de comunicación públicos, locales y autonómicos, donde ha gobernado el único partido político de la democracia del 78 procesado (pro-ce-sa-do) por corrupción.
  5. Ignoro, porque no lo he encontrado, cuál ha sido su papel en el proceso de petición de responsabilidades por la muerte del sr. Couso, reportero gráfico muerto en Irak a manos de las fuerzas estadounidenses.
  6. Han dejado ir a periódicos de marca mayor hacia redacciones y titulares propios de las páginas “de tráfico”: “cinco maneras de…”; “lo que no habías imaginado que dijera…”; “el dirigente político más…”, y así caso tras caso.

Podría seguir poniendo ejemplos de cómo no solo se han rendido al imperio de las Relaciones Públicas; cómo han sido apabullados por el dinero de las grandes marcas –que siguen invirtiendo millonadas en soportes que ya saben que no valen para vender su producto, sino para comprar otras cosas–; cómo en lugar de forzar a las redes y a los públicos a seguir su camino de seriedad y rigor se han vendido a la retórica del trolleo, de la sorpresita, de la venta fácil, de la dictadura del Community Manager

Pero es tontería. Verán: ya han perdido ustedes el sitio. Ya vivimos en un mundo en el que todo el mundo insulta a todo el mundo, en el que nadie compra la verdad, sino el relato más rompedor, el que viene en cinco cosas, en lo que no sabías, en la foto más indiscreta o en el tuit más ingenioso. Ahora creen que lo que hacen los trolls podemitas es acoso. Y es posible que lo sea. Pero ¿saben qué? Es el mismo trato que el que dan a Inda, a Paquirrín, a Marhuenda, a Raquel Bollo, a la última estrellita choni o tete de los programas matutinos.

Y como ustedes han sembrado parte de estos polvos, con perdón, no crean que no les va a caer buena parte de estos lodos.

No lo crean ni por un segundo.

P.S. Que esta denuncia la haga Victoria Prego será quizá materia de otro post.

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En ese País desconocido: quosque tandem El País?


Los menores de, digamos, cuarenta años no tienen entre sus magdalenas los editoriales de El País de entre 1975 y 1982. Recién muerto el dictador y con una situación de fuertes tensiones políticas que se resolvían en los coletazos de una represión salvaje dirigida entre otros por Martín Villa y los gestapillos del Régimen que aún campaban a sus anchas, el editorial de El País era el ancla ideológica que comentábamos en tertulias y corrillos de amigos. La frase “¿has visto cómo viene (sic) el editorial de El País?” era un lugar común, una frase casi de combate cuando aún la prensa española tenía cabeceras como el falangista Arriba o el ultracatólico Ya.

El País nació como portavoz de una izquierda muy plural y muy dispersa (para variar) cuya expresión apenas se había dejado ver en los años oscuros en algún tímido intento de los diarios vespertinos (había periódicos que salían por las tardes y no había edición de lunes, por eso el eslogan de El País decía “diario independiente de la mañana”) como Madrid y Pueblo. De hecho, yo supe que mi madre se había afiliado a la entonces clandestina UGT al tiempo que el diario Madrid empezó a llegar con ella todas las tardes a mi casa. El otro instrumento de resistencia periodística de aquellos años fue a través del humor, con publicaciones como la muy venerada La Codorniz, sucedida por Hermano Lobo, El Papus –que sufrió un atentado de la extrema derecha, jamás dilucidado del todo– y, mucho más tarde, El Jueves.

El País creó también una progresía moderada, heredera de lo que en los 60 se llamó La Gauche Divine, de clase media-alta que aceptó una línea editorial en la que los temas sociales y políticos eran francamente de izquierda –y que ahora sonarían a izquierda muy radical, mucho más a la izquierda que los alegres muchachos de los círculos—pero en la que los temas económicos empezaban ya a alimentar a la bestia del posibilismo socialdemócrata y la rendición al reaganthatcherismo que nos ha traído aquí. La codicia, las mayorías absolutas y una población anestesiada que creyó que la democracia es votar cada cierto tiempo a quien te digan hizo el resto.

Ahora los diarios no pertenecen a un grupo de editores e inversores, ni son cooperativas de periodistas –quiero decir los de papel y los grandes– .  Hace tiempo que no se financian a través de las ventas de ejemplares: eso no da para todo lo que tiene que ganar un Cebrián o un Anson. Ahora viven de vender cuchillos y batidoras, aun así entran en fuertes pérdidas y forman parte de entramados audiovisuales sostenidos por fondos e inversores casi siempre opacos y casi siempre pertenecientes o relacionados con áreas estratégicas, como la energía, las armas, la gran banca, la inversión especulativa y las grandes constructoras y empresas logísticas. Normalmente dichas empresas pertenecen a muy pocas personas que se reparten el pastel mediático escenificando aparentes divergencias ideológicas que a la hora de la verdad no existen más que en detallitos de progresismo residual. Pura imagen.

Ahora, además, los grandes grupos mediáticos, como están en manos de esos grupos, tienen vocación geoestratégica, y por eso ahora El País sacude a Venezuela (lo de Podemos es un accidente) y los dirigentes actuales de Prisa y de El País vienen de América Latina e incluso de dirigir la edición de “Las Américas” desde, sorpresa, Venezuela. Ahora no hace falta controlar contenidos amenazando con quitar la publicidad: la prensa en papel hace tiempo que no es rentable. Y si no, comprobad en una hemeroteca el grosor de El País Semanal de hace quince o veinte años y el que tiene ahora esa cosa llamada [S]. De modo que la supervivencia del medio depende simplemente de ser portavoz de los intereses económicos y políticos de la clase avara que nos gobierna a nivel glocal.

En este panorama, que afecta a la prensa tradicional escrita de aquí y de fuera es muy difícil ser naíf y pensar que el impulso recibido por los alegres muchachos de los círculos y luego los expedientes X con los que se les pretende desactivar son cosas de la vida periodística. En este contexto es inevitable preguntarse de dónde sale la ascensión meteórica de Ciudadanos –y su líder: la versión de colegio privado de Iglesias—y la paralela caída en desgracia mediática de UPyD y su líder. En esta situación es para pensar muy mal que Convocatoria por Madrid, por poner un ejemplo, se titule en El País “la formación de Tania Sánchez” y paráfrasis parecidas cuando son Equo, algunos de sus aliados en Primavera Europea y las Mareas  quien ha estado en el impulso de las convergencias madrileñas desde el 26 de mayo pasado, cuando Tania Sánchez no tiene “formación” y cuando la visibilidad de Inés Sabanés y las compañeras y compañeros de Equo, su prestigio y su empuje son reconocidas, off the record, por cualquiera que conozca un poco la política madrileña.

Dice la leyenda que si pronuncias tres veces el nombre de Equo en la redacción de El País se aparece el espíritu de Botín y el consejo de administración de Unesa y Repsol y convierten a los becarios en zombies y a Cebrián en agricultor griego votante de Syriza. Es posible que sea verdad, porque si no el silencio que envuelve a Equo no hay quien se lo explique, y no me da que la cosa sea tan paranormal.

Quosque tandem…?

P.S.: hablo solo de Prisa y El País porque forman parte de mi pasado y mi cariño. Porque fueron parte de mi memoria y de mis luchas… y hasta de mi ganarme la vida hace un tiempo.  Por eso duele más que lo que hacen otros, aunque sea lo mismo.

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