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Madrid no es Lavapiés.


Cuando se piensan políticas de movilidad y ambientales (aspectos  que en la época en la que estamos y para lo que viene son inseparables) para Madrid se corre el riesgo de ser y pensar como un madrileño. Y pensar como un madrileño es terrible porque para un Madrileño no existe nada más que Madrid. Para ser exactos, el centro de Madrid.

Londres, París y otras capitales entendieron que el desplazamiento de la vivienda respecto de los centros laborales y financieros requería de una red de transporte público rápida, eficaz y disuasoria. Vivir en el centro de París o de Londres, fuera de los barrios degradados que tienen repuntes cíclicos, los precios y las condiciones de calidad de vida para, por ejemplo, niños y ancianos, hacen casi imposible que se pueda vivir y trabajar en el centro si no se pertenece al cuerpo de funcionarios, si no se tiene acceso a un alquiler de renta antigua o si no se ha heredado la vivienda familiar –en condiciones de pagar comunidades y contribuciones que no suelen ser baratas.

Vivir en Madrid es algo raro. Especialmente en el centro histórico y de negocio. Edificios enteros vacíos, inmuebles dedicados a la hostelería en todos los grados de capital, comercios grandes y pequeños, oferta hostelera  y –cada vez menos—sucursales bancarias ocupan un enorme porcentaje del Madrid comprendido dentro del límite de la M-30. Aunque hay habitantes y barrios jóvenes –habitualmente a precios prohibitivos–, lo normal es que las periferias-dormitorio y las localidades que cada vez se acercan más a Madrid sean las que acogen las viviendas de los madrileños.  Es más, se da la circunstancia de que quienes viven fuera trabajan dentro y muchos de los que viven dentro trabajan fuera.

Otras empresas y personas decidieron irse a la periferia por muchas razones. Las empresas, por la cercanía al aeropuerto, a las estaciones de AVE y a las conexiones por carretera “que no tocan Madrid”. Pero también por el precio del metro cuadrado en polígonos y edificios separados del centro de Madrid a veces por menos de seis o siete kilómetros.

Las personas se fueron porque podían optar a mejores viviendas, a más metros cuadrados y a espacios seguros y servicios asequibles para niños, ancianos y su propio ocio. Efectivamente, uno de los pecados capitales de la economía y de la mentalidad española es que pagar un alquiler en el centro de Madrid (entre Lavapiés y Bilbao, por ejemplo) por una vivienda de 70 metros cuadrados no solo representa casi la misma cantidad que se pagaría por la vivienda en propiedad, sino que es múltiplo en un factor de hasta 5 de lo que cuesta un chalet de 200 metros cuadrados con jardín a unos 35 kilómetros de la capital.

Estos y otros factores (por ejemplo factores relacionados con el ocio: locales para artes escénicas, cines, bares y restaurantes de alta gama, museos, galerías de arte, etc.) provocan que el tráfico y el medioambiente madrileño sea víctima del hecho de que la gente entra y sale constantemente de Madrid. Con ello las entradas y salidas se colapsan, los tiempos dedicados al desplazamiento suben en detrimento de la productividad, aumenta el riesgo de accidentes y empobrece la calidad del aire.

Algunas de las medidas más celebradas para paliar las consecuencias de estas locuras sistémicas son el estacionamiento regulado (o SER), los límites de velocidad en las vías de circunvalación y la penalización por entrar en la ciudad a los vehículos más contaminantes (por cierto, recordemos que fueron las autoridades públicas, siempre cómplic… digo… cercanas al criterio de las empresas automovilísticas, las que nos hicieron comprar coches diésel y ahora nos castigan por tenerlos).

Hace poco se declaró la intención, por parte del Ayuntamiento de Madrid, de ampliar el SER, el pagar por aparcar, vaya, a todas las horas del día y todos los días de la semana. Lo cual sería estupendo si viviéramos en Londres o si todos los madrileños y todas las madrileñas viviésemos en Lavapiés, o en Bilbao, o en Sol o, incluso, en el Paseo de Extremadura. Si fuera lo segundo, tendríamos a tiro de sano paseo prácticamente todos los oficios y servicios. En todo caso, dispondríamos de una estupenda red de autobuses, metros, taxis, etc. Que garantizaría nuestra proximidad temporal a nuestros destinos.

Si fuera en Londres, tendríamos una estupenda red de trenes metropolitanos, de Metro y autobuses que, desde el siglo XIX han ido en crecimiento paralelo (y a veces anticipado, cosas de los guiris que van y planifican) de la ciudad. Además, el alcalde y los ediles de distrito saben que Londres no es solo el Pall Mall. Saben que londinenses, por desplazamiento familiar, trabajo u ocio, son todos los que viven en el radio que comprenden las líneas de cercanías que permiten acceder a la City en menos de dos horas. El transporte público londinense es bastante caro, pero tiene algunas ventajas sobre el madrileño: los que trabajan por allí cobran bastante más, por lo que el precio del transporte les es oneroso pero no tanto; el alcance del transporte público es ubicuo, y los tiempos laborales, vitales y hasta de horario de luz están adaptados para una vida laboral hasta cierto punto ordenada, racional y sostenible.

En Madrid tenemos otro criterio, al parecer, porque consideramos que los que vienen de fuera no son realmente madrileños, ya que no viven en Lavapiés o, como mucho, en Moratalaz. No importa que en Madrid vivan los abuelos o los padres. No importa que en Madrid estén los lugares de trabajo. No importa que los cines, los teatros, los restaurantes, los museos y las salas de concierto estén aquí, en Madrid. Vamos a hacer una cosa: que no vengan. Que vayan a los centros comerciales de la periferia. Que en Madrid solo vayan a los lugares de interés o de trabajo los guiris y los madrileños de verdad.

Porque aunque la periferia Este-Sur-Oeste tiene una excelente red de transporte público, esa red cierra a las once si son autobuses y a la una si es metro. Si es tren de cercanías nadie lo sabe, pero acaba pronto. Si son autobuses periféricos… bueno, es casi más barato compartir un helicóptero. Si vives en el eje de la A-1 a lo mejor tienes un autobús cada seis horas. Ninguno más allá de las once de la noche. Y el billete puede costar entre  3,80€ y 5€. Claro que la gente de la sierra pobre, de la Sierra Norte, es poca. Hay poco votante. Y son rarillos.

Nada hablemos de las personas que por motivos laborales o académicos se trasladan a Madrid, a diario, desde Toledo, Guadalajara, Segovia e incluso Ávila o Cuenca. Si quieren cine, que se compren un DVD. Si quieren música, un loro. Y si quieren un teatro, que lo monten en su Casa de la Cultura.

Sé perfectamente que muchos de estos factores no son competencia del Ayuntamiento de Madrid. Pero no son factores que se puedan despejar por las buenas de la planificación y la gestión: al contrario, son factores que hay que tener muy en cuenta y que pueden condicionar el futuro de la ciudad en todos los  aspectos. Hay que tener mucho cuidado a la hora de prohibir entrar o aparcar a las personas que no tienen transporte público acompasado con sus necesidades laborales, vitales ni de ocio. Hay que tener mucho cuidado a la hora de cerrar una ciudad creyendo que la ciudad solo la habitan, la sostienen y la viven los que viven en su centro.

Ya comprendo que para un madrileño es difícil pensar, no ya que existe gente más allá de la M-30, sino que haya vida (inteligente o no) más allá de Las Rozas. Pero creo que la gestión política debe ser equitativa, debe planificar, debe tratar con igualdad a toda la ciudadanía.

Pero por encima de todo, la gestión política de una ciudad como Madrid tiene que ser consciente de que hay madrileños que duermen en Segovia. Y que Madrid no es Lavapiés.

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La Asociación de la Prensa y algún pecado original.


“Me han publicado una carta al director en El País”. Estas diez palabras, en nuestro entorno giliprogre, eran el equivalente afrodisíaco a “me he entrevistado con Fidel Castro” o “he cenado en la Bodeguiya”. En otros ambientes sería el equivalente a “¿quieres dar una vuelta en mi Ferrari?” o “acabo de volver de la Unión Soviética”. A elegir. A mí me han publicado tres. Pero una de ellas –asómbrense, damas y caballeros—en un domingo. Impresionante.

Las cartas al director eran la punta del pequeño iceberg invisible de todas las personas que querían o queríamos matizar una noticia, una opinión, una información. A veces se usaban para corregir, otras para encomiar, otras para procurar un punto de vista adicional sobre lo que se leía en un diario o en cualquier otro medio escrito. Había incluso “profesionales” de la carta al director, gente con tiempo libre y pluma celosa (de no poder escribir ellos a su vez en el diario o la revista de sus entretelas) que rumiaba y enviaba su opinión de manera constante y que también con cierta regularidad veían publicada su misiva.

Cuando aún era un diario de referencia y prestigio, El País lo leíamos de atrás hacia adelante. Primero, la columna de opinión de la contra. Después la tele, especialmente en la época gloriosa de Antonio Albert, una de las mejores y más afiladas plumas que jamás he leído. Luego, los deportes, después a Joaquín Vidal si eras aficionado a los toros, si no, sociedad, Madrid, Tribuna Libre, los editoriales y, por supuesto, las cartas al director. Solo cuando había algo muy gordo o algo muy cercano se aventuraba uno en las páginas primeras, las de Internacional.

Por supuesto, El País no era el único medio escrito con cartas al director. Hasta los cómics tenían su sección, y los tebeos si se me perdona el guiño. Eso además diferenciaba a estos medios de esa comunicación prescriptora, sin ventanas, autoritaria y de traje que eran los informativos audiovisuales, tanto de radio como de televisión. Y eso aun cuando la radio tenía sus ventanas abiertas a los oyentes, que rara vez tuvo la televisión. Especialmente la buena televisión.

Todo esto, queridos señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, es un retrato de un tiempo que no volverá. Ahora, señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, sus medios, sus periodistas, sus técnicos, sus redactores, sus fotógrafos, sus becarios, sus mensajeros… todo quisque que tenga que ver con un medio de comunicación y cualquiera que sea su formato, está sometido a las reglas de las redes sociales.

Ahora a un medio o a un periodista o al mismo dios, se le puede zarandear, trolear, discutir, y coger virtualmente de las solapas. Ahora –aunque rechace de lleno el hecho—están ustedes sometidos a lo que estuvimos todos sometidos desde hace mucho tiempo: la agresión, el escrutinio infame de gente sin escrúpulos, a señoritos del tiempo libre que solo saben insultar, perseguir y obrar con zafiedad. Ahora las puertas que les unen con la sociedad (con lo bueno y lo malo de la sociedad) están abiertas de par en par.

Claro que ustedes no son inocentes del todo. Han cometido algunos pecados que deberían considerarse como mortales si existiera una religión sancionadora en su oficio. Enumeraré unos poquitos que, con todo este susto de las nuevas tecnologías, las nuevas redes en la nueva sociedad, les han debido pillar a ustedes de improviso, con la guardia baja:

  1. Han permitido ustedes comparecencias de responsables públicos sin que se les ofrezca la oportunidad de preguntar. Dicho en llano, ruedas de prensa sin preguntas. Lo que, como todos los que trabajamos en esto sabemos, no tiene más nombre que
  2. Como corolario del punto anterior, han dejado ustedes pasar nada menos que el hecho de que el Presidente del Gobierno del Reino “comparezca” –apenas puedo aguantar la risa al pronunciar esa palabra—ante sus medios a través de una pantalla de tv por circuito cerrado.
  3. Han mirado ustedes hacia otro lado, o no se han dado cuenta cabal, cuando los profesionales a los que deberían representar han denunciado acoso político en medios públicos.
  4. También como epítome de lo anterior, parece que no han tenido noticias de la introducción de redacciones paralelas en los medios de comunicación públicos, locales y autonómicos, donde ha gobernado el único partido político de la democracia del 78 procesado (pro-ce-sa-do) por corrupción.
  5. Ignoro, porque no lo he encontrado, cuál ha sido su papel en el proceso de petición de responsabilidades por la muerte del sr. Couso, reportero gráfico muerto en Irak a manos de las fuerzas estadounidenses.
  6. Han dejado ir a periódicos de marca mayor hacia redacciones y titulares propios de las páginas “de tráfico”: “cinco maneras de…”; “lo que no habías imaginado que dijera…”; “el dirigente político más…”, y así caso tras caso.

Podría seguir poniendo ejemplos de cómo no solo se han rendido al imperio de las Relaciones Públicas; cómo han sido apabullados por el dinero de las grandes marcas –que siguen invirtiendo millonadas en soportes que ya saben que no valen para vender su producto, sino para comprar otras cosas–; cómo en lugar de forzar a las redes y a los públicos a seguir su camino de seriedad y rigor se han vendido a la retórica del trolleo, de la sorpresita, de la venta fácil, de la dictadura del Community Manager

Pero es tontería. Verán: ya han perdido ustedes el sitio. Ya vivimos en un mundo en el que todo el mundo insulta a todo el mundo, en el que nadie compra la verdad, sino el relato más rompedor, el que viene en cinco cosas, en lo que no sabías, en la foto más indiscreta o en el tuit más ingenioso. Ahora creen que lo que hacen los trolls podemitas es acoso. Y es posible que lo sea. Pero ¿saben qué? Es el mismo trato que el que dan a Inda, a Paquirrín, a Marhuenda, a Raquel Bollo, a la última estrellita choni o tete de los programas matutinos.

Y como ustedes han sembrado parte de estos polvos, con perdón, no crean que no les va a caer buena parte de estos lodos.

No lo crean ni por un segundo.

P.S. Que esta denuncia la haga Victoria Prego será quizá materia de otro post.

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Mea culpa, mea grandissima culpa (Sátira II)


Acabo de ver un celebradísimo programa en el que han vuelto a echarme, a echarnos la culpa a los espectadores nada menos de lo que pasa en la República del Congo. El antiguo Congo Belga perteneció personalmente al rey de Bélgica, que instauró un régimen que hubiera avergonzado a los nazis. Luego fue Zaire. Y luego, para fastidiar a los alumnos de Geografía, la República del Congo. Compramos móviles que utilizan el coltán, definición coloquial de un mineral combinación de columbita, u óxido de niobio con hierro y manganeso, y tantalita, oxido de tántalo (o tantalio que se decía en mi época de EGB) también con hierro y magnesio.

En ese programa se vino a decir (o eso es la sensación que le ha quedado a la gente que ha opinado en redes sociales) que por el hecho de comprar un aparato electrónico uno se hace cómplice de los paramilitares que vigilan las minas que pertenecen a multinacionales y no al país en cuya tierra se han encontrado. Por el hecho de estar escribiendo este artículo en un aparato electrónico, yo soy culpable por omisión o por complicidad de las violaciones y las torturas sexuales que mujeres, niñas y niños sufren en un número indeterminado pero enorme, incluyendo la introducción de objetos punzantes y aun armas en las vaginas o en los orificios anales de las víctimas.

Pero nuestra complicidad culpable no acaba en lo expuesto por este programa. Culpables de la deforestación de las selvas subtropicales son quienes quieren cuidarse con productos derivados de la soja; culpables quienes se alimentan de carne estabulada; culpables quienes se alimentan de verduras cultivadas con métodos industriales; culpables quienes no saben si su fruta o su zanahoria provienen de campos donde Monsanto ha esparcido sus insecticidas o sus semillas patentadas; culpables quienes tienen que ir a su trabajo en automóvil porque no tiene transporte público barato a su alcance; culpable quien viste piel, pero también quien viste piel sintética derivada de combustibles fósiles refinados; culpable quien dona a organizaciones que pueden implantar un neocolonialismo en regiones en conflicto; culpable quien no dona y mira para otro lado… Hay que ver. Y todo bajo la atenta mirada de los verdaderos culpables, encantados de ver cómo se culpabiliza a un niño que quiere una videoconsola y no a quienes financian, comercializan y controlan la defensa privada de minas, campos y ganados.

Está claro que el consumo responsable es un arma poderosa, como se lo demostró Francia a Nestlé hace tantos años. Está claro que nuestra acción de seleccionar el origen y exigir la trazabilidad de los bienes y servicios que consumimos es una fortaleza que, puesta en marcha de manera mayoritaria, sería casi revolucionaria. No podemos dejar de insistir en concienciar y reforzar a la ciudadanía en esa dirección. Pero el pequeño Évole me hubiera ganado si en su programa hubiera dado una lista de los accionistas de las empresas extractoras de coltán en condiciones de esclavitud; de las empresas extractoras, comercializadoras y de logística que sostienen el chiringuito; de los países que amparan a estas empresas y su actividad comercial y bursátil; de las empresas a las que se contrata y subcontrata la mal llamada “seguridad”, empresas de mercenarios y paramilitares que podrían acabar con ejércitos de pequeños países sin bajas, que forman a niños soldados y usan la violación y la tortura sexual (o la permiten y animan) como arma estratégica de división entre las etnias que se disputan el control de las zonas mineras. Mutatis mutandis, podría haber dado la lista de empresas que sí pagan a sus trabajadores un sueldo digno. Que sí utilizan los canales legales de distribución y comercialización, y cuyos beneficios recaen en el país dueño de la materia prima. Querido Jordi: ¿dónde estan los violadores, quienes les pagan, sus diplomáticos corruptos, los gobiernos de sus países de origen, los cómplices –estos sí– del gobierno fantasma congoleño? ¿Dónde los buitres y cómplices de Rwanda y otros países limítrofes? ¿Dónde está China, Europa, Estados Unidos? ¿Dónde nuestra querida, modélica, envidiada Holanda o la pacífica Bélgica?

Pero no. Toda esa gentuza puede respirar tranquila porque ya hemos señalado que el malo es el chaval que quiere un aifon, la abuela que necesita una Tablet con Skype para hablar con su nieto que curra en Irlanda. O el que no se puede permitir un fairfon porque no tiene estatus para ser buen ciudadano, buen ecologista, un no culpable, vaya.

Y cuidadito con lo que tenemos en casa: en Equo el programa ha sido un clamor, pero las decisiones de órganos de gobierno, las votaciones y un montón enorme de la actividad del partido se hace de manera casi exclusiva a través de plataformas de telecomunicaciones electrónicas.

Y luego un  tema que vendrá más adelante en esta serie: ¿y si estamos viendo cuál será nuestro futuro en una sociedad de recortes, de gobiernos de corruptos y payasos de feria, de reformas laborales rayanas (por el momento) en la esclavitud, en una sociedad estrangulada y vigilada por ejércitos privatizados a las órdenes del poder financiero?

Y en todo este paisaje y ante este futuro que ya está aquí, ¿dónde están los sindicatos?

Porque, a lo mejor, de algunas otras cosas que importan sí somos responsables. Continuará.

P.S: Un retrato seco, real, inapelable de esta porquería la tenéis inmejorablemente escrita en el libro de John Le Carré La Canción de los Misioneros. Plaza & Janés, 2007 (creo, aunque el original inglés me parece que es de 2006).

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La indignación oculta se ha vengado (Sátira I).


Lo que ustedes van a leer de este párrafo en adelante requiere de cierto cuidado conceptual y seguramente un porcentaje nada desdeñable de gente es muy posible que lo malinterprete. Estoy abierto a cualquier aclaración o debate. Va de uno de los factores que creo han sido decisivos en las Elecciones Presidenciales de los Estados Unidos de América y del crecimiento de los llamados populismos en Europa. Para más factores, más sátiras futuras.

La presunta izquierda en la que creemos compartir espacio de transformación y cambio es una lata para mucha gente. La izquierda presunta en la que llevamos entrando y saliendo algunos desde poco antes de la muerte de Franco, en una cama de hospital y a muy avanzada edad, se ha convertido en algo que a mucha gente la harta, le supera o, sencillamente, ha dejado de estar a su alcance.

La presunta izquierda que por ejemplo en España ha dado el poder al único partido procesado en los tribunales de la historia de nuestra Democracia es la misma que acaba de perder frente a alguien que en cualquier otra época histórica mínimamente seria hubiera sido considerado poco menos que un payaso y una curiosidad vecinal. Y las otras presuntas izquierdas en las que estamos, hemos estado o tenemos la tentación de estar no van por mejores caminos. Y es que somos un auténtico incordio. Somos una panda de empollones, pedantes, enamorados de nosotros mismos y tenemos planteamientos dificilísimos de explicar, que necesitan cientos de matices y encima no sabemos debatir. Pero sobre todo, a la gente normal la tenemos harta. En Estados Unidos la gente que ha votado a Trump (teniendo en cuenta que Hillary Clinton es tan de izquierda como lo pueda ser María Dolores de Cospedal, por ejemplo) está muy indignada, solo que ha incubado esa indignación en silencio y callada y minuciosamente, han puesto en la papeleta su pequeña venganza contra la presunta izquierda. Contra nosotros.

Las fuerzas progresistas, la izquierda, los movimientos de transformación, sabían hablar a la gente que antes se llamaba sencilla. Hasta que de esa gente surgimos los listos, las élites del análisis, los empollones del arte, la cultura y el análisis sociopolítico. En el momento en el que para ser de izquierda había que ser titulado o, mejor, doctor en algo, se fue jodiendo el Perú. Y si encima quiere uno ser ecologista, ni te cuento. Igual con una ingeniería no nos llega.

Las presuntas izquierdas hemos ido tejiendo un aparato cuasirreligioso en el que el debate, para empezar, está mediatizado por las formas. Si uno o una quiere hablar normal, emplea el neutro en su expresión oral o escrita y no pone arrobas, equis o directamente habla en femenino ante una audiencia puede ser vilipendiado en privado, en público, en las redes y hasta en una cena de cuñados. Así que ojito con lo que hablas.

En este nuestro ambiente cuasiconventual, mal está si uno se pone corbata o se la quita; sospechosa es una si lleva tacones o no; cautela con las viejas cazadoras que pueden ser de cuero o nada de zapatos de ante o de gamuza azul ni en los viejos vinilos, porque serás crucificado.

Sospechoso cuando no culpable serás de los males que aquejan a los que padecen pobreza energética porque dejas tus electrodomésticos en estánbai, porque has comprado en el súper y te han dado una bolsa de plástico, porque una vez tiraste el chicle en un alcorque, porque aún, miserable descamisado, no te has gastado 25.000€ en un coche híbrido y sigues con tu diésel de 8 años. Tú eres el culpable de la catástrofe ambiental.

¿Qué decir del problema de los refugiados? ¿De los manteros? ¿De las minorías éticas, sexuales, de los muy jóvenes, de los muy viejos? ¿Cuándo te preocupas por ello, miserable chupatintas? ¿Qué es eso de usar la crisis para dejar de pagar a Unicef, ACNUR, Médicos sin Fronteras, Greenpeace…? ¿Hasta cuándo vas a creer que con una sola suscripción y un SMS tienes tu conciencia silenciada?

No digas que no vas en bicicleta porque vives en la Carretera de la Playa. Cómprate una eléctrica.  No digas que comes carne, porque serás el responsable de la deforestación, del cambio climático y del maltrato animal. No comas mucha verdura, porque talan bosques para cultivar la que consumes. No seas ovolácteo porque las granjas de gallinas y vacas son inhumanas. Y ojito con apoyar la energía solar porque nuestros ingenieros te dirán que no es para tanto. Piensa además en la eólica que tantos pajaritos mata. Pero, obviamente, tienes que apoyar las renovables. Ya te diremos cómo.

Esta caricatura al estilo de Juvenal (el original romano, no el epígono que os escribe ahora) nos deja un hombre o a una mujer blanca, casada, que se desloman a trabajar o llevan tres años o más en paro, que dicen tacos ocasionalmente sexistas, que alguna vez  han contado un chiste de mariquitas, que le han dicho a una compañera o a un compañero “qué guapo vienes hoy”,  que han comido carne, que tienen un coche diésel porque les dijeron que contaminaba menos al consumir menos, que no tienen carnet Joven porque no son jóvenes, que no tienen carnet de la 3ª Edad porque no son viejos, que no tienen ingresos suficientes para ser ecologistas, para comer ecológico, para tener un coche eléctrico, que no tienen preguntas difíciles sobre sus vidas, sobre los ladrones que les han robado, sobre la mierda de mundo en que viven y que se dirige a un abismo del que les hacemos sentirse culpables, que van al cine a divertirse, que leen el Marca o el As o el Semana y que a veces ven (¡ah, pecadores horrísonos!)  Sálvame Limón.

Esa gente está indignada. Pero indignada contra nosotros, las élites, que les culpamos de todo, que les decimos que si no entienden nuestras soluciones es porque no leen lo suficiente, que si no acertamos haciendo encuestas les llamamos mentirosos, que antes que ellos están todas las minorías, todas las mayorías, todos los que ni son ni hablan ni viven como ellos.

Pues bien, esta gente, en Estados Unidos ahora, pero seguro que en Europa después (en Italia ya pasó) está muy indignada, tiene un sobre con un voto y es peligrosa. Y nosotros somos tan listos, tan listos, pero tan listos, que cuando la depositen en la urna no vamos a saber por qué.

Qué listos somos.

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Sí, he votado por mi primo.


Algunas, algunos de vosotros habréis oído esta expresión refiriéndome a Juantxo López de Uralde: “mi primo”.  Como hay un compromiso de transparencia en este partido explicaré, ahora que dejo de tener un papel orgánico en Equo, de dónde viene la expresión.

En enero de 2011 hicimos una investigación de tipo cualitativo acerca de la percepción, valoración y motivación al voto de un partido ecologista en España. Yo había oído hablar de Juantxo, como tantos de nosotros, pero no de Equo –aunque ya funcionaba la Fundación y la Gestora—y menos de un partido ecologista serio, por fin, en el panorama electoral de nuestro pobre, esquilmado país. En los grupos de discusión había que enseñar una foto de Juantxo para ver si le conocían, cuántas personas y, dentro de éstas, qué perfil tenían. Hubo  en todos los grupos, pero en todos, quien invariablemente dijo “es familiar suyo, ¿verdad?” Cuando conocí a Juantxo personalmente, al presentar el estudio a finales de aquel mes de enero expliqué esta curiosidad y a medida que fuimos viéndonos y fuimos teniendo más confianza, se convirtió en mi “primo”. Ya que todo el mundo decía que éramos parientes…

Quizá por estas cosas y por habernos visto juntos durante tantos años bajando de un coche donde nos habíamos juntado aún de noche para evitar el atasco, resoplando después de andar media hora para llegar a un sitio que estaba “a cinco minutos” o en actos que a veces eran seguidos por los medios y a veces por medio, pensaríais que le prefiero como co-Portavoz por motivos afectivos, sentimentales, cosas así.

No. Las cualidades humanas de Juantxo me valen para ser su amigo, su primo, su compañero en tantas cosas, en tantas noches de llamada a la familia, de cenar corriendo en un área de servicio, de cagarse en todo cuando a la Real le metían un gol, o de esa voz que le cambiaba hablando con Juanito, su hijo. No. Además, esas cualidades se verían contestadas por esos trolls incansables a los que una vez les dirigió un mal gesto, o no les miró con la sonrisa adecuada o no les atendió como creían merecer. No.

A Juantxo le he votado porque tiene muy clara la idea de qué es Equo; la importancia de estar en las instituciones, no para Equo, sino para los seres vivos que poblamos el planeta; el considerar que esto es una herramienta de transformación, no una fábrica de carguitos burocráticos para nuestros pequeños dictadorzuelos de aparato; y, finalmente, porque es un tipo políticamente de fiar.

Fijémonos en que normalmente a Juantxo no se le ha rebatido en este partido sino con argumentos ad hominem (para los del plan nuevo: atacando a la persona y no a lo que dice). Se le ha puesto a parir de mil modos. Pero no se ha podido discutir que si la decisión de Equo era confluir ha apostado por la confluencia. No ha esperado a ver por dónde viene el aire ni ha desgastado a sus compañeros ni a la organización. Ha sido siempre leal políticamente a Equo y a sí mismo. Ha escuchado, leído e interpretado –con ayuda, con equipo, con olfato—la situación política hasta conseguir lo que los verdes en España nunca habían conseguido, algunos de los cuales es posible que le machaquen precisamente por eso.

No. Tengo motivos personales para votar a Juantxo. Y muy serios motivos personales para no votar al resto de los candidatos y candidatas, a quienes también conozco bien en sus facetas humanas, éticas y políticas. Pero esto no es por simpatía, ni por ser mi primo. Igual que creo que Marta Santos es una política de futuro y es por quien voy a apostar, voy a votar por mi primo no porque lo sea, sino porque es con quien hemos llegado hasta aquí y con quien podemos confiar en que seguiremos alcanzando nuevos objetivos.

¡Vamos, primo!

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Adiós a Todo Eso.


Es posible que fuera por pasar al otro lado del espejo, persiguiendo inútilmente al conejo de mi juventud activista, libertaria y llena de utopías.  Es posible también que fuera por la misma curiosidad que, hace ya tantos años, me llevase a tender puentes profesionales entre la investigación de la publicidad y hacerme yo mismo publicitario.

También puede ser que durante mis años de asesoría viera que es cierta la frase de Inés Sabanés: “si no quieres hacer política, descuida: alguien la hará por ti”.

En todo caso, he dado mis últimos cinco años y pico a un proyecto que siempre, desde primeros de los 90 di por necesario: un proyecto ecologista. En un país culturalmente yermo, socialmente conservador y políticamente analfabeto sabíamos todos que la implantación de un partido verde a la europea sería muy difícil y, dado el medio siglo de desfase con los países avanzados que arrastramos desde la Revolución Francesa, cuestión de echarle paciencia. Total, los verdes alemanes nacieron en los 70. Así que para 2020 habría esperanzas.

Eso ahora ya no me es posible. No me importa mucho, porque mi vida ha solido consistir en etapas, ciclos quizá, de entre 5 y 7 años.  Y porque, como dijo Malcolm X, “¿Tienes enemigos? Genial.  Eso es que en algún momento de tu vida, te has plantado por algo”.

En este proyecto, me planté por Juantxo López de Uralde y por su sueño de un partido ecologista relevante. En este proyecto trabajé muy duro para que Florent Marcellesi tuviera la oportunidad de llegar al Parlamento Europeo bajo una forma de cooperativa política en la que, al final del proceso, pude ayudar a un imprescindible Alejandro Sánchez con el final de las negociaciones. Tuve la oportunidad de ayudar a promover y pactar la candidatura de la que ahora es la co-Portavoz federal del partido, desde las primeras comidas en Aranda, Burgos y Segovia hasta la culminación de la II Asamblea. Tuve también la ocasión de co-dirigir a un extraordinario grupo de personas, tanto de Podemos como de Equo, en el mayor éxito electoral de Equo, en las Elecciones Generales de hace un año en Vitoria/Gasteiz.

Y ahora toca dar un paso atrás. Y no hay lamento. No lamento de ninguna manera haber conocido a tanta gente que trabaja callada, constante y seriamente en un montón de sitios que he conocido y querido gracias a Equo. Lo que nunca podrá ser objeto de arrepentimiento es haberme encontrado con tantas personas honestas, cabales, que miran a los ojos y que abrazan con calor, que dan la mano fuerte, que besan con besos que suenan. Nunca podré renegar de mi segunda familia de Araba y de Valencia, de Castilla, de La Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Asturias (sí, querido: de Asturias), de Madrid… Ahí seguiré estando. Porque vosotros, vosotras, os lo merecéis todo.

Pero sobre todo os merecéis que me vaya de la primera línea. Que ya está bien.

Y no se me rindan. Ya lo dijo M. Gandhi: “Cualquiera que diga que no está interesado en política es como el que se está ahogando y dice que no le interesa el agua”.

Feliz futuro.

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Otra vez sí.


En la historia de este modesto y muy intermitente blog se puede comprobar que las pocas veces que he hablado de temas orgánicos de Equo, de sus planteamientos y de su futuro, o cuando se ha tratado de escoger a personas y líneas políticas he dicho siempre que sí.

En la corta historia de Equo –debido en parte a los ridículamente cortos mandatos que nos hemos dado—ha habido varios momentos decisivos en los que  la mayoría hemos tenido que trabajar muy duro por el , por los síes. En esos momentos muchos de nosotros nos hemos dejado buena parte de nuestro pellejo defendiendo un Equo en afirmación, en positivo, en acción y en sintonía con el momento histórico que nos ha tocado, como en la maldición china, disfrutar sufriendo, o sufrir disfrutando.

Tuvimos que luchar para convencer y superar a quienes no vieron en Primavera Europea la herramienta de la primera entrada histórica de los ecologistas españoles en las instituciones. La irrupción de Podemos restó importancia a un hito: entrar en el Parlamento Europeo. Incluso entró, primero como asistente y luego como diputado, una persona que se opuso al principio a esa cooperativa política. Y muchos de nosotros nos enzarzamos en una dura batalla para lograr esa representación que además, aunque ahora se olvide, conviene recordar que era prácticamente el punto de supervivencia de Equo con  la estructura mínima de la que disponía en aquel momento. Algunos por tanto dijimos que sí. Ganó el sí. Y entonces ganó Equo. Un poquito. No mucho, no tanto como otros. Pero ganó.

También tuvimos que luchar para lograr que Equo estuviera en la corriente histórica que culminó en los llamados Ayuntamientos del Cambio y en la entrada de varios de nuestros militantes en los parlamentos autonómicos. Otra vez quienes defendimos el sí, la cooperación, el poner por delante la causa, el tener como objetivo entrar en las instituciones para ser relevantes, para ser herramientas de cambio y para estar orgullosos del trabajo de todos nuestros concejales y concejalas, pudimos ver satisfechos la entrada de las gentes de Equo en más de 100 cargos municipales y con voz y voto en 15 capitales de provincia. Además, entramos a gobernar en el País Valenciano, donde fuimos y somos una fuerza política de primera línea en responsabilidad y visibilidad.

Más tarde hubo que trabajar para proponer un nuevo sí. El más difícil: el sí a entrar en coordinación con la fuerza política que se había apoderado de nuestras ansias de renovación y de la visibilidad mediática y social. Este fue un sí muy duro, muy difícil de conseguir. Nuestro ahora parlamentario europeo no se decidió por el sí ni por el no. Pero nuestra ahora diputada (gracias a nuestro sí, gracias a que derrotamos su no) sí se posicionó en el no: clara y públicamente. Fue una victoria muy dura, casi amarga por todo lo que nos habíamos dejado la mayoría de nosotras y de nosotros para conseguirla.

Pero también fue una victoria dulce. Porque en el único lugar donde Equo encabezaba la lista, el trabajo de Equo y de Podemos, de nuestros pocos y de sus muchos pero de todos juntos, de todas juntas, nos llevó a ganar dos veces con el mejor resultado histórico en la provincia y, comparativamente, en el Estado. Fue un triunfo hermoso del sí, de nuestro sí, del sí que han encabezado Juantxo, Inés, Alejandro, Carmen, Ramón, y tantos y tantas otras  desde el principio.

Nos hemos dejado mucho en el camino para que siempre gane el sí en Equo. Yo mismo esta vez doy un paso atrás y digo no muy bajito a estar en ningún puesto orgánico. Pero sigo siendo del sí. Seguiré trabajando por el sí verde, útil, relevante, honesto y que siempre esté en acción, en positivo y en lo que hay que hacer: en la tarea de salvar el Planeta y, sobre todo, a los seres que lo habitan.

Ese es mi sí a Equo en Acción.

http://equoenaccion.org/

Ese es mi sí a las personas que en Equo siempre han dicho que sí.

Sí.

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