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Otra vez sí.


En la historia de este modesto y muy intermitente blog se puede comprobar que las pocas veces que he hablado de temas orgánicos de Equo, de sus planteamientos y de su futuro, o cuando se ha tratado de escoger a personas y líneas políticas he dicho siempre que sí.

En la corta historia de Equo –debido en parte a los ridículamente cortos mandatos que nos hemos dado—ha habido varios momentos decisivos en los que  la mayoría hemos tenido que trabajar muy duro por el , por los síes. En esos momentos muchos de nosotros nos hemos dejado buena parte de nuestro pellejo defendiendo un Equo en afirmación, en positivo, en acción y en sintonía con el momento histórico que nos ha tocado, como en la maldición china, disfrutar sufriendo, o sufrir disfrutando.

Tuvimos que luchar para convencer y superar a quienes no vieron en Primavera Europea la herramienta de la primera entrada histórica de los ecologistas españoles en las instituciones. La irrupción de Podemos restó importancia a un hito: entrar en el Parlamento Europeo. Incluso entró, primero como asistente y luego como diputado, una persona que se opuso al principio a esa cooperativa política. Y muchos de nosotros nos enzarzamos en una dura batalla para lograr esa representación que además, aunque ahora se olvide, conviene recordar que era prácticamente el punto de supervivencia de Equo con  la estructura mínima de la que disponía en aquel momento. Algunos por tanto dijimos que sí. Ganó el sí. Y entonces ganó Equo. Un poquito. No mucho, no tanto como otros. Pero ganó.

También tuvimos que luchar para lograr que Equo estuviera en la corriente histórica que culminó en los llamados Ayuntamientos del Cambio y en la entrada de varios de nuestros militantes en los parlamentos autonómicos. Otra vez quienes defendimos el sí, la cooperación, el poner por delante la causa, el tener como objetivo entrar en las instituciones para ser relevantes, para ser herramientas de cambio y para estar orgullosos del trabajo de todos nuestros concejales y concejalas, pudimos ver satisfechos la entrada de las gentes de Equo en más de 100 cargos municipales y con voz y voto en 15 capitales de provincia. Además, entramos a gobernar en el País Valenciano, donde fuimos y somos una fuerza política de primera línea en responsabilidad y visibilidad.

Más tarde hubo que trabajar para proponer un nuevo sí. El más difícil: el sí a entrar en coordinación con la fuerza política que se había apoderado de nuestras ansias de renovación y de la visibilidad mediática y social. Este fue un sí muy duro, muy difícil de conseguir. Nuestro ahora parlamentario europeo no se decidió por el sí ni por el no. Pero nuestra ahora diputada (gracias a nuestro sí, gracias a que derrotamos su no) sí se posicionó en el no: clara y públicamente. Fue una victoria muy dura, casi amarga por todo lo que nos habíamos dejado la mayoría de nosotras y de nosotros para conseguirla.

Pero también fue una victoria dulce. Porque en el único lugar donde Equo encabezaba la lista, el trabajo de Equo y de Podemos, de nuestros pocos y de sus muchos pero de todos juntos, de todas juntas, nos llevó a ganar dos veces con el mejor resultado histórico en la provincia y, comparativamente, en el Estado. Fue un triunfo hermoso del sí, de nuestro sí, del sí que han encabezado Juantxo, Inés, Alejandro, Carmen, Ramón, y tantos y tantas otras  desde el principio.

Nos hemos dejado mucho en el camino para que siempre gane el sí en Equo. Yo mismo esta vez doy un paso atrás y digo no muy bajito a estar en ningún puesto orgánico. Pero sigo siendo del sí. Seguiré trabajando por el sí verde, útil, relevante, honesto y que siempre esté en acción, en positivo y en lo que hay que hacer: en la tarea de salvar el Planeta y, sobre todo, a los seres que lo habitan.

Ese es mi sí a Equo en Acción.

http://equoenaccion.org/

Ese es mi sí a las personas que en Equo siempre han dicho que sí.

Sí.

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Pues a mí me van a perdonar, pero… (Un análisis breve y cualitativo del resultado del 26 de junio)


 

  1. Todo cuanto se discuta debe contextualizarse en el esquema cultural e ideológico de la percepción. La consecución de 71 escaños se está entendiendo de manera mayoritaria y comunicando en muchísimos foros como un fracaso. Los 230.000 votos sin escaño de PACMA, un éxito. O los 85 diputados del PSOE, que sigue celebrando comicios tras comicios los peores resultados de su historia como triunfos épicos, basándose en el muy profundo análisis del “p’ habernos matao”. Quizá será bueno recordar que ningún partido alternativo al PSOE para el electorado de izquierda había rebasado jamás los 21 escaños. Lo pondré en letra: veintiún escaños.
  2. Gran parte de esa percepción procede del hecho (conviene recalcar que esto es un hecho) de que la suma de los resultados de diciembre de Podemos y Unidad Popular-Izquierda Unida no se ha producido en junio. Y esa suma no se ha producido por dos vías, a mi entender:
  • La izquierda urbana no ha respondido a la coalición con entusiasmo. Y las claves para votar a Pablo Iglesias como Presidente del Gobierno del Reino de España no han sido suficientes, mientras que sí lo fueron para votarle como cabeza de la oposición o como pactador con el PSOE. A esto volveré luego.
  • En el caso de las circunscripciones clave para el dichos sorpasso, la gente de IU se quedó en su casa o se fue a la playa. Dichas circunscripciones clave como Salamanca, Ciudad-Real, Palencia o Zamora eran decisivas puesto que la suma de Podemos e IU con un poquito más de esfuerzo hubieran aportado escaños importantes, en ocasiones arrebatados al PSOE pero, sobre todo, arrebatando el tercer escaño (de cuatro o cinco) al Partido Popular. Como digo, en estas circunscripciones el voto ausente es sobre todo el voto IU. Pese a quien pese y convenga más o menos al análisis para futuras relaciones y alianzas.
  1. Pablo Iglesias ha cometido errores tácticos de bulto, cosa muy sorprendente en él y en un equipo que solo ha mirado lo táctico desde sus comienzos. Desde las “manos manchadas de cal” (hipérbole que a muchos nos da igual o consideramos verídica pero que a los votantes indecisos del PSOE ha espantado) hasta el abrazo a Zapatero y la socialdemocracia (reconociendo así el liderazgo discursivo del PSOE y autodestruyendo el discurso lineal y el rumbo táctico de Podemos desde 2014), pasando por un debate en el que Iglesias, que ganó de calle el debate del otoño, salió a empatar y, como pasa siempre, perdió ante un Rajoy al que unos y otros permitieron ganar de calle y casi sin bajarse del puro, la copa y el Marca.
  2. Pablo Iglesias no ha sabido ser candidato a Presidente, aunque sepa encarrilar el discurso indignado, contener el intelectualismo de algún adlátere y dar muy bien en los medios. No se puede estar despatarrado a la Hermida en una tertulia. No se puede ir en mangas de camisa a la Zarzuela, no se puede ir a un debate con el Presidente del Gobierno vestido de camarero (la camisa azul de diciembre, aún…), no se puede “tomar” el Congreso imponiendo formas fuera de protocolo sin medir tiempos ni espacios. Para ser Presidente tiene que votarte gente que no son los tuyos. Y eso no se hace, en la izquierda, pareciendo siempre un enfant terrible sin más fondo que la forma. Estos modos han espantado al posible voto izquierdista del PSOE pero sobre todo, en las “provincias clave” de las que he hablado, ha puesto en fuga a la gente de izquierda ilustrada muy exigente con las formas, muy exigente con los fondos y que pedía un precio muy alto por una coalición que, después de todo, no les encajaba del todo en su esquema.
  3. De ahí que haya que hablar de esta “coalición”. La pongo entre comillas porque Equo, que ya estaba, no cambió prácticamente su estatuto salvo en el beneficio de ver su logo en la papeleta, por un lado; por otro, que la tal coalición no lo fue sino en una forma un poco recatada, un poco en exceso virtuosa, un poco sí pero no. Si a eso sumamos el empeño absurdo, estúpido y contra todo manual (al que de facto se sumó Equo haciendo de su capa un sayo) de hacer campañas separadas… pero juntas en algunos actos… pero no tan juntas en otros… pero sin mencionar a Equo de ninguna de las maneras… Vamos que para mucha gente esto no era ni un matrimonio de conveniencia, casi ni por poderes. En realidad, no ha habido coalición, sino suma de siglas en espera de un milagro aritmético. Y las sumas, en política, solo suman si de verdad hay un contenido detrás de los números, si hay voluntad política de sumar, si hay algo más allá de la escenificación. Digamos de paso que la candidatura de Juan López de Uralde, co-Portavoz de Equo, volvió a ser la más votada de todo el Estado.
  4. Carmena, Colau y en general el pudor: a mí me parece que la gente de izquierda, el electorado de izquierda, de tonto no tiene un pelo. Que Manuela Carmena reniegue de la gente que, como mínimo, ayudó a que sea alcaldesa de Madrid y no haga campaña por la coalición es un mensaje de “huy, huy, huy ¿qué pasa aquí?”. Que Ada Colau sí, pero no, y no cierre la campaña, parecido. Que muchas caras visibles hayan desaparecido o hayan dicho que sí con la boca tan pequeña en los grandes escenarios electorales ha hecho crecer una cierta desmovilización. Percibiéndose estas cositas como detalles significativos. Estas cositas y las cositas de pablo y las cositas de las peleas internas, y las cositas de Llamazares… muchas cositas iban siendo.
  5. Los planificadores de estrategia de Podemos han cometido algunos desmanes, como predeterminar “dónde suma y dónde no suma IU”, dónde había que ningunear a IU en campaña y dónde “usar” su presencia local o de activistas. Se han permitido algunos nombramientos de candidaturas erráticos, y a veces hasta injustificables, pensando en que la suma podría con todo. En algunas circunscripciones, a pie de trinchera, estas cosas han dañado enormemente el trabajo cotidiano de campaña y ha ofendido a muchas personas que, creo y lo creeré, finalmente se quedaron en su casa. Que estos desmanes no se hayan evitado o corregido desde ningún órgano común de la coalición hace patente que, como he dicho, de coalición como trabajo conjunto, nada. Ha sido como esos padres divorciados que siguen visitando a los abuelos con los niños fingiendo que siguen juntos para que a los pobres abuelos no les dé un chungo.
  6. Por lo demás: un PP reforzado por la abstención y con la mejor estrategia de campaña jamás diseñada en España desde el 82: no hacer campaña. Un PSOE celebrando una derrota porque se había ganado al coco de las coletas. Un C’s cuya inflación demoscópica ha vuelto a ser desmesurada y un país en general que prefiere lo corrupto conocido a un cambio que no ve real, que no ve estable y que no ve como una alternativa creíble, educada y abierta, sino prepotente, indocumentada y sectaria.
  7. También creo que la “visibilidad de papeleta” y las dificilísimas relaciones UP-IU con Podemos nos han vuelto a otorgar, en especial en algunos territorios importantes donde tenemos concejales o diputados autonómicos, un papel de agentes del consenso y el acuerdo, de activistas trabajadores y de hombres y mujeres preparados, educados, abiertos y políticamente sólidos que para el futuro y para las próximas convocatorias electorales hay que concretar. En especial para, a partir de ahí, establecer una estrategia de consolidación y liderazgo en las confluencias. Pasemos de ser el “pegamento verde” al “pegamento verde con liderazgo incluido”. Parece que esa, para Equo, es la mejor noticia de estas elecciones pasadas.
  8. Sobre las encuestas: Solo hay un tipo de encuesta fiable, eso ya lo sabemos: las que hace o encarga uno para sí. El resto solo es publicidad pagada o, lo que es peor, incompetencia sin castigo ejercida por personas que están ensuciando, empobreciendo y rebajando la profesión demoscópica. Existe una manera clásica de cocinar resultados de manera fiable: la combinación de las técnicas cualitativas con las cuantitativas. O mejor, la convergencia de técnicas. Está claro que a la ciudadanía en general le divierte mentir ante el teléfono o en una entrevista personal. Es un clásico de las últimas elecciones el sobredimensionamiento de Ciudadanos y Podemos y la enorme cantidad de voto oculto que siempre esconde el voto de misa+colegio electoral del PP. En el segundo caso, gracias a la historia y a la realización de muchos estudios de base en la época de las vacas gordas de la demoscopia, PP y PSOE son relativamente fáciles de cocinar. Pero partidos con poca o reciente implantación son otra cosa: se necesita “acosar” a los números con discurso, llenar de contenido una opción que mueve muchos indecisos o lleva a las urnas a una gran cantidad de abstencionistas. En este caso no se ha hecho. Incluso se ha publicado alguna encuesta de la que nadie tiene noticias entre las empresas que organizan el campo (es decir, los que llaman a las casas o salen a entrevistar a la gente).  Que estas empresas no acierten ni remotamente los resultados y se les siga contratando es la prueba de que el interés no es que acierten. Es obvio que su función es más publicitaria o distorsionadora que técnica. Lo que es una vergüenza para la profesión. Es cierto que muchos pensamos, además, que la cuestión del brexit iba a tener consecuencias  en las urnas. Y así creemos muchos que ha sido. Pero eso no puede explicar la diferencia entre las israelitas de RTVE-FORTA y la realidad final. La única explicación a que las encuestas ni se acerquen al resultado con 115.000 entrevistas es… ¿el fraude?.

En fin, todo para volver a las urnas en año y medio…

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Frankenstein, la niña, Althusser y la confluencia.


“¿Por qué la filosofía lucha por palabras? Las realidades de la lucha de clases son “representadas” por “ideas” que son a su vez “representadas” por palabras. En el razonamiento científico y filosófico, las palabras (conceptos, categorías) son “instrumentos” de conocimiento. Pero en la lucha política, ideológica y filosófica, las palabras son también armas, explosivos, tranquilizantes o venenos. Ocasionalmente, la totalidad de la lucha de clases puede ser resumida en la lucha de una palabra contra otra palabra. Ciertas palabras luchan entre sí como enemigas.” (L. Althusser)

Hace unos días, como responsable de la comunicación de Equo en Redes Sociales, publiqué un “meme” en el que respondíamos a la frase de Juan Carlos Monedero sobre las nuevas confluencias, cuando las tachó de ser un Frankenstein. Publiqué el fotograma de la escena –obra maestra de la tensión rara vez superada—de la película original en el que el monstruo está con la niña y parece que se enternece cuando  ella le ofrece una flor. Monedero contestó en Twitter con los fotogramas siguientes, en los que el monstruo –que, recordemos, no eligió serlo y que no puede ser sino lo que es—lanza a la niña al lago, ahogándola.

El lunes siguiente, nos encontramos con Monedero en una jornada de los Cursos de Verano de la Complutense, auspiciados por Alberto Garzón. Le dijimos, entre risas, que yo era el autor de la pieza de Frankenstein. También le dije, más tarde, que había elegido la lectura más simple del  “meme”. Se extrañó, con esos gestos suyos tan teatrales: “¿hay otra lectura posible?”. Como aquello era un hervidero de periodistas y líderes políticos y los tiempos de la jornada mandaban, no tuvimos tiempo de seguir la conversación. De modo que sigo por aquí: sí, Juan Carlos, hay otras lecturas posibles. La más sencilla es que ni nosotros (IU, Equo, las mareas, los sectores críticos de Podemos, la ciudadanía que nos pide unidad…) ni vosotros somos Frankenstein. El monstruo, que no puede ser sino lo que es, que tarde o temprano nos ahogará en el lago a pesar de tener por momentos una transitoria capacidad de empatía, es otro. Está ahí fuera, y domina la aritmética electoral a la que sois tan refractarios.

Durante la conferencia que siguió, Monedero me hizo sentarme en un DeLorean y volver a las discusiones que muchos de nosotros tuvimos desde nuestra posición althusseriana frente a los marxistas tradicionalistas que se quedaron en la praxis estalinista o se vendieron a la socialdemocracia. Monedero no citó a Althusser, lo que me extrañó porque citó (parcial, sesgadamente) a Foucault y sin embargo casi recitó, en su fondo teórico el Para leer El Capital o La Revolución Teórica de Marx. Bien es verdad que a la manera de los politólogos modernos, con ese estilo fast-food que tanto gusta en las tertulias político-futboleras y que mi querido colega domina como nadie. Me extrañó, de hecho, que citase a Maquiavelo en citas parecidas a las que empleó Althusser.

Hace 50 años que Althusser denunció que los marxistas no habían leído a Marx y que los que lo habían hecho lo habían leído incorrectamente. Hace 50 años, Althusser ya habló de que la batalla contra el capitalismo y la ideología burguesa era el desenmascaramiento clínico y semiológico del aparato cosmovisional de la ideología como lengua, como normatividad que hace que el mundo se vea como se define en la lengua del poder, multiplicada y solidificada en los medios de comunicación y en los idearios de las instituciones superestructurales.

Solo un poquito más tarde, Roland Barthes dijo que la semiología –el análisis estructural de los signos que arman nuestras expresiones culturales, nuestro “habla” social, la ideología en términos althusserianos—se  haría “semioclastia; es decir, un análisis de la lengua cultural y de los mecanismos de dominación sobre los que se estructura la Sociedad de Consumo y sus procesos ideológicos comunicativos”. Porque el desvelamiento de la estructura de la lengua del poder es el comienzo de su desenmascaramiento y, por tanto, el principio de la lucha.

A Monedero no debe gustarle mucho que todos estos autores (y muchos otros que siguieron su estela: Beaud, Zizek,…) sean de la “antiguamente llamada izquierda”. De hecho, creo recordar que la palabra “izquierda” jamás aparece en El Capital. Y es que a mi querido colega lo de la izquierda no le gusta, seguramente porque a la izquierda asocia las prácticas de los marxistas que nunca leyeron a Marx o lo leyeron mal.

También es cierto que en sus estudios cualitativos y en los nuestros, desde 2011, la gran mayoría de las personas participantes –soy demasiado pudoroso para hablar de ciudadanía y demasiado joven para hablar de pueblo—hablan del hastío ante la división entre derecha e izquierda. Pero esa también es la lectura simple de lo que las personas dicen. Creo que el análisis debe indicar que las personas creen mayoritariamente que los valores por los que la izquierda ha luchado, muerto y matado, deberían ser universales, transversales, humanos e incontrovertibles.

El análisis profundo de esa “superación” del término “izquierda” es precisamente que la niña somos o deberíamos ser todas y todos los que ofrecemos flores a un desconocido a la orilla del lago. Que todos y todas deberíamos luchar juntos contra el monstruo, antes de que nos ahogue. El monstruo no puede ser sino lo que es. Nosotras, nosotros, tenemos ahora la oportunidad de unirnos en una fuerza transversal, cuyos valores son los de lo que hemos llamado izquierda en los últimos siglos, pero que corresponden a los de los gladiadores sublevados, a los de los siervos de la gleba en armas, a los sans-coulottes que segaron la cabeza del monstruo, a los aragoneses que creyeron en la utopía en la Aragón bombardeada…

Vale, no la llamemos izquierda. Pero no confundamos sus valores de humanidad, justicia y equidad con los torpes humanos que la convirtieron en partidos anquilosados o asesinos.

Unámonos. Sea cual sea el nombre. Porque el monstruo está ahí, matando niñas, hombres, mujeres y al planeta.

Post-data: la izquierda o como se llame sigue enfrascada en discusiones terminológicas. La derecha simplemente disuelve sus diferencias terminológicas en el el altar de sus intereses. Y sabe más de aritmética.

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Lo sentimos por los hechos.


Se dice, aunque con muchas dudas por la variedad de relatos y los evanescente de las descripciones que tenemos a mano, que durante los triunfos que se otorgaban a los generales romanos ras una campaña existosa un esclavo público o su hijo varón más pequeño le acompañba en el carro de cuatro caballos recordando al triunfador su condición mortal, en cada parada de la Via Triunfal hasta su llegada al templo de Júpiter Capitolino.

Se cuenta también, esto con más detalle y unanimidad entre los historiadores, que tras el carro, comediantes, miembros de las tropas y civiles con gracia cantaban a voz en cuello canciones satíricas y malsonantes contra el protagonista (en un triunfo de Cayo Julio cantaban eso de “maridos, esconded a vuestras mujeres y mujeres esconded a vuestros maridos, que viene el viejo y sucio calvo”, esto último con un doble sentido idéntico al que empleamos ahora). Eso probablemente ayudaba a rebajarle los humos al triunfador, pero también ayudaba al control social de la envidia y a desahogar por un día una disciplina militar y civil que, como la romana, era muy estricta y a veces hasta sangrienta en su ejecución.

A la vista de las declaraciones de algunos líderes de partidos tras las últimas Elecciones Municipales y Autonómicas, parece que la desaparición de ambas costumbres hace centenares de años no ha sido una buena cosa. El marketing político, que tan bien se conoce desde la época imperial romana, impone la regla de, sea cual sea la realidad, ofrecer un relato propio que la re-lea y la re-presente (que la re-cuente) a la opinión pública, de manera que los datos, los hechos, son tanto más irrelevantes cuanto más hábil es la relectura que se ofrece.

Escuchando algunas declaraciones públicas de los últimos días da la sensación de que ni los resultados de las Elecciones al Parlamento Andaluz de marzo ni las Elecciones Municipales y Autonómicas de mayo han sido como dictaba el programa de marketing político. Los resultados han puesto en cuestión seriamente la agenda del laboratorio podemita, los cálculos y las expectativas puestas en Ciudadanos y la capacidad del Partido Popular de ocultar su problemilla de podredumbre estructural, aun cuando seis millones de personas sigan ignorando la corrupción pepera. Ni siquiera se puede decir en alto que los resultados del PSOE, dadas las circunstancias no han estado tan mal, ni mucho menos. Y mucho menos en comparación con lo que se esperaba a la luz (oscura y manipulada) de la mayoría de las encuestas publicadas.

Estructuralmente hablando, ni siquiera se puede hablar de un vuelco absoluto. Antes partían el bacalao cuatro partidos –el político y el mediático– y ahora vuelven a ser cuatro –sobre todo el mediático– y así seguimos. No estoy hablando de una intercambiabilidad total entre UpyD y Ciudadanos ni entre IU y Podemos, por supuesto. Pero el caso es que más de la mitad del electorado sigue sosteniendo a los dos grandes partidos y que una opción de centro-derecha ha sustituido a otra y una corriente a la izquierda del PSOE se ha agrupado en siglas que, donde han ido en solitario, se ha merendado a IU.

De modo que, poniendo los hechos sobre las lecturas, ocurren todo tipo de ruidos que se convierten en relato plausible cuando se ponen negro sobre blanco. Veamos:

Hecho 1. Donde IU ha ido en solitario, se ha estrellado. Hasta el punto de no entrar ni en el Parlamento Autónomo ni en el Ayuntamiento de Madrid. Declaraciones públicas de personas de IU: “no iremos a ningún lado sin nuestra marca y no desapareceremos en ningún mar de siglas, nuestro proyecto no está agotado”. Vale, pues nada. Sigamos igual.

Hecho 2. Podemos no solo no se presentaba en estas Elecciones Municipales, sino que en algunos sitios su posición indefinida, la soberbia de algunos de sus cuadros, la metodología fagocitadora de éstos en las mesas de negociación y las luchas entre diversas corrientes internas no ha hecho más que retrasar y confundir muchas formaciones de confluencia que al final, a pesar de todo ello, han aguantado e, incluso, han tenido éxito. Medición: 250.000 votos más para Ahora Madrid que para Podemos en solitario. Lectura mediática y podemita: “las formaciones impulsadas (????) por Podemos han barrido. Podemos es ahora el interlocutor. Carmena es un invento de Podemos. Podemos estudia una convergencia de todas las izquierdas bajo el paraguas de su marca –cosa que se ha hecho en las Elecciones Autonómicas–”. Así que da igual que Podemos ni se acercase a las previsiones más pesimistas de las encuestas preelectorales ni en Andalucía ni en media España. Da igual que Ahora Madrid y confluencias parecidas hayan trabajado y logrado un éxito rotundo a pesar de Podemos y de sus líos, de sus tácticas dilatorias y su indefinición ideológica táctica. Da igual que todo el mundo reconozca a CxM, a Equo, a las Mareas y a personas anónimas su aportación en la construcción de Ahora Madrid y de su líder tranquila y, digámoslo de paso, no precisamente una jovencita. Es el mundo y Podemos. Es los muebles contra Ikea. El periodismo patrio no da para más… sobre todo si no quiere.

Hecho 3. Los dos anteriores muestran a las claras que las confluencias, del grado y tipo que fueran, han sido la clave del éxito y probablemente lo serán en las siguientes legislativas. De hecho, han fracasado o han logrado peores resultados allí donde se han dividido entre sí en dos o tres Ganemos o Ahoras o lo que sea. Y también han funcionado las buenas y viejas coaliciones de las de toda la vida, con un guión en medio y entre paréntesis la procedencia de cada persona de la lista. El electorado ha premiado el dar trigo de la unidad, incluso a costa de egos y marcas, antes que la predicación de unidades que solo se aceptan si las encabeza el amado líder. Lectura: no importa, porque los periódicos así lo dicen. Las candidaturas de unidad popular solo tendrán cabida al abrigo de la única marca capaz de sobrepasar al viejo PSOE, ocupando la transversalidad y recibiendo con humildad pero sin complejos el encargo de encabezar el clamor del cambio. Al viejo PSOE le han salido las cuentas en casi todas partes en comparación con lo que se esperaba, de sorpasso nada, la gente sabe muy bien dónde está cada cual y vota, además, a personas que le suscitan confianza, pero eso da lo mismo. Solo son hechos.

Hecho 4. Y es que Podemos, como marca, solo ha ganado en encuestas, no en todas, hasta febrero, cuando PRISA levantó el pulgar a Albert Rivera y lo bajó a Rosa Díez**. En Andalucía se quedó en el porcentaje más bajo de las horquillas previstas. En las Elecciones Autonómicas, lo mismo. Cerca, pero no. Como tampoco los muchachos de Albert Rivera han sido el contrapeso esperado en casi ninguna parte. La lectura debería ser “menos lobos y aver qué hacemos y con quién”, y no la de exigir “humildad” a los demás partidos, con más número de votos. Está bien hacérselo pasar mal al PSOE, claro. Pero cuidadín.

Y es que igual que la realidad no debe estropear un buen titular, los hechos no pueden desarmar una teoría elegante. De eso vivimos y hemos vivido algunos de nosotros. Precisamente por ello conmigo, al menos, no cuela.

A Esperanza tampoco le han gustado los hechos. Como buena demócrata a la española, los resultados solo son justos si gana ella. O al menos si no pierde frente a una rival directa. Y resulta que los periódicos no han dicho eso. Ni siquiera sus periódicos. Como para enloquecer.

Con lo fácil que sería leer la realidad y aceptar los hechos. Claro que eso, en política…

Por cierto, otro hecho: el trabajo de Equo en las confluencias de todo el Estado ha sido decisivo. E igual de intenso que donde hemos ido en solitario. Eso me encanta, y no me lo va a estropear ningún buen titular.

 

**Parece que se ha descubierto recientemente que el pulgar hacia arriba y hacia abajo se han confundido en la historia tradicional. El pulgar hacia abajo, así, significaría precisamente la salvación del gladiador derrotado. Curioso.

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Quien tenga oídos para oír, que oiga (Post casi críptico)


En muchas obras de ficción, películas o novelas, el “malo” suele ser el que tiene razón aunque nos pese. Lo único potable de aquel castillo de fuegos artificiales con ínfulas trascendentales que se llamó The Matrix era la, para mí, magnífica descripción que la máquina hace a Neo sobre el carácter vírico de la humanidad respecto del planeta y de sus propios congéneres (lo subtitulo por los culturetas: “doblado pierde mucho”):

I’d like to share a revelation that I’ve had during my time here. It came to me when I tried to classify your species and I realized that you’re not actually mammals. Every mammal on this planet instinctively develops a natural equilibrium with the surrounding environment but you humans do not. You move to an area and you multiply and multiply until every natural resource is consumed and the only way you can survive is to spread to another area. There is another organism on this planet that follows the same pattern. Do you know what it is? A virus. Human beings are a disease, a cancer of this planet. You’re a plague…

“Me gustaría compartir una revelación que he tenido durante mi estancia aquí. Me vino cuando intenté clasificar tu especie y me di cuenta de que en realidad no sois mamíferos. Todos los mamíferos de este planeta desarrollan instintivamente un equilibrio natural con el medio que les rodea, pero vosotros los humanos, no. Vosotros colonizáis una zona y os multiplicáis y seguís multiplicándoos hasta que consumís todos los recursos naturales y la única manera de sobrevivir es colonizando otra zona. Hay otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón. ¿Sabes cuál es? El virus. Los seres humanos sois una enfermedad, un cáncer para este planeta. Sois una plaga…”

Es muy difícil no estar de acuerdo con la máquina y con su descripción del capitalismo salvaje. Prácticas como el fracking, la sobreexplotación de las aguas y su contaminación, las minerías incontroladas, etc. darán siempre la razón al malo de la película con el que, por cierto, suelo estar de acuerdo. Y así me va.

Pero hay una frase que me sobrecogió la primera vez que la oí, cuando todavía era un crío, probablemente en aquellas sesiones continuas de cine. No recuerdo la película concreta, pero sé que la he oído después en películas y en series. Muchas veces. La frase es “¿Estás preparado para conocer la verdad?” con sus variantes “No estás preparado para conocer la verdad” o “no soportarías conocer la verdad”.

En España la verdad está muy mal vista. Pertenece al campo de la realpolitik, o de las conspiranoias, incomoda a periodistas, empresarios y políticos y las maneras elegantes de taparla, embellecerla o hacerla parecer mentira, como la publicidad y el arte se nos han dado siempre muy bien. La verdad es una de las caras de la democracia, de la libertad y del riesgo, y un pueblo tan miedoso –con razón—como el español, en realidad soporta muy mal cualquiera de esas facetas. A los españoles nunca se nos enseñó la belleza del riesgo, sino las ventajas del miedo; ni la indefinición de la democracia, sino lo reconfortante de la seguridad y la tranquilidad, y desde luego jamás hemos dejado que la verdad estropee un buen titular, una buena promesa electoral o un buen anuncio. Y lo dice alguien que ha trabajado en publicidad, que está en un partido político y que dio clases en varias universidades durante más de diez años.

La verdad, además, es enemiga del ego. Y el ego construye una realidad dogmática y ficticia que hace creer a la gente que todo el mundo es, se comporta y piensa como uno mismo o como los que le rodean en su círculo social próximo.  Cuando la verdad ilumina el escenario y uno se da cuenta de que hay cientos, miles y hasta millones de personas diferentes, la reacción suele ser fatal. Como aquella madre en el desfile (“¡mira mi niño, el único del batallón que lleva el paso!”) o el conductor despistado (“Anunciamos que hay un vehículo en la autopista circulando en dirección contraria”; el conductor gritó a la radio: “uno, no… ¡miles!”) todos creemos que vamos en el sentido único, lógico, justificable de la vida, de la opinión y hasta del voto.

A los españoles nos gusta la democracia si sale lo que hemos votado. Si no, nadie se remanga y dice “vale, venga, ¡a trabajar!”. Se va uno a la abstención, se borra del partido o del sindicato, se vuelve a la ficción de su círculo, donde todo el mundo es el mundo conocido, donde su opinión es la válida y la normal, donde la verdad es la que uno se construye entre amigos y familiares, se denuncia tongo ajeno para encubrir el fracaso propio, se buscan culpables porque analizar causas es muy cansado… y se puede topar uno con la verdad.

Y la verdad es que estamos más solos de lo que parece. Que nuestras opiniones son opiniones y no verdades y que nuestro mundo es un mundo muy pequeño comparado con el resto del mundo.

Esa es la puñetera verdad: en democracia se gana o se pierde. En libertad convivimos con otras libertades. En la verdad hay grados y verdades ajenas. E irse del partido o del sindicato o de la asociación o de lo que sea, culpar a los demás o encerrarse en el teclado para gritar e insultar no lo va a arreglar.

La verdad nos hará libres… y nos hará sentirnos solos. Eso es lo que hay que superar. Con los demás, aunque no piensen como nosotros… o precisamente por eso.

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En ese País desconocido: quosque tandem El País?


Los menores de, digamos, cuarenta años no tienen entre sus magdalenas los editoriales de El País de entre 1975 y 1982. Recién muerto el dictador y con una situación de fuertes tensiones políticas que se resolvían en los coletazos de una represión salvaje dirigida entre otros por Martín Villa y los gestapillos del Régimen que aún campaban a sus anchas, el editorial de El País era el ancla ideológica que comentábamos en tertulias y corrillos de amigos. La frase “¿has visto cómo viene (sic) el editorial de El País?” era un lugar común, una frase casi de combate cuando aún la prensa española tenía cabeceras como el falangista Arriba o el ultracatólico Ya.

El País nació como portavoz de una izquierda muy plural y muy dispersa (para variar) cuya expresión apenas se había dejado ver en los años oscuros en algún tímido intento de los diarios vespertinos (había periódicos que salían por las tardes y no había edición de lunes, por eso el eslogan de El País decía “diario independiente de la mañana”) como Madrid y Pueblo. De hecho, yo supe que mi madre se había afiliado a la entonces clandestina UGT al tiempo que el diario Madrid empezó a llegar con ella todas las tardes a mi casa. El otro instrumento de resistencia periodística de aquellos años fue a través del humor, con publicaciones como la muy venerada La Codorniz, sucedida por Hermano Lobo, El Papus –que sufrió un atentado de la extrema derecha, jamás dilucidado del todo– y, mucho más tarde, El Jueves.

El País creó también una progresía moderada, heredera de lo que en los 60 se llamó La Gauche Divine, de clase media-alta que aceptó una línea editorial en la que los temas sociales y políticos eran francamente de izquierda –y que ahora sonarían a izquierda muy radical, mucho más a la izquierda que los alegres muchachos de los círculos—pero en la que los temas económicos empezaban ya a alimentar a la bestia del posibilismo socialdemócrata y la rendición al reaganthatcherismo que nos ha traído aquí. La codicia, las mayorías absolutas y una población anestesiada que creyó que la democracia es votar cada cierto tiempo a quien te digan hizo el resto.

Ahora los diarios no pertenecen a un grupo de editores e inversores, ni son cooperativas de periodistas –quiero decir los de papel y los grandes– .  Hace tiempo que no se financian a través de las ventas de ejemplares: eso no da para todo lo que tiene que ganar un Cebrián o un Anson. Ahora viven de vender cuchillos y batidoras, aun así entran en fuertes pérdidas y forman parte de entramados audiovisuales sostenidos por fondos e inversores casi siempre opacos y casi siempre pertenecientes o relacionados con áreas estratégicas, como la energía, las armas, la gran banca, la inversión especulativa y las grandes constructoras y empresas logísticas. Normalmente dichas empresas pertenecen a muy pocas personas que se reparten el pastel mediático escenificando aparentes divergencias ideológicas que a la hora de la verdad no existen más que en detallitos de progresismo residual. Pura imagen.

Ahora, además, los grandes grupos mediáticos, como están en manos de esos grupos, tienen vocación geoestratégica, y por eso ahora El País sacude a Venezuela (lo de Podemos es un accidente) y los dirigentes actuales de Prisa y de El País vienen de América Latina e incluso de dirigir la edición de “Las Américas” desde, sorpresa, Venezuela. Ahora no hace falta controlar contenidos amenazando con quitar la publicidad: la prensa en papel hace tiempo que no es rentable. Y si no, comprobad en una hemeroteca el grosor de El País Semanal de hace quince o veinte años y el que tiene ahora esa cosa llamada [S]. De modo que la supervivencia del medio depende simplemente de ser portavoz de los intereses económicos y políticos de la clase avara que nos gobierna a nivel glocal.

En este panorama, que afecta a la prensa tradicional escrita de aquí y de fuera es muy difícil ser naíf y pensar que el impulso recibido por los alegres muchachos de los círculos y luego los expedientes X con los que se les pretende desactivar son cosas de la vida periodística. En este contexto es inevitable preguntarse de dónde sale la ascensión meteórica de Ciudadanos –y su líder: la versión de colegio privado de Iglesias—y la paralela caída en desgracia mediática de UPyD y su líder. En esta situación es para pensar muy mal que Convocatoria por Madrid, por poner un ejemplo, se titule en El País “la formación de Tania Sánchez” y paráfrasis parecidas cuando son Equo, algunos de sus aliados en Primavera Europea y las Mareas  quien ha estado en el impulso de las convergencias madrileñas desde el 26 de mayo pasado, cuando Tania Sánchez no tiene “formación” y cuando la visibilidad de Inés Sabanés y las compañeras y compañeros de Equo, su prestigio y su empuje son reconocidas, off the record, por cualquiera que conozca un poco la política madrileña.

Dice la leyenda que si pronuncias tres veces el nombre de Equo en la redacción de El País se aparece el espíritu de Botín y el consejo de administración de Unesa y Repsol y convierten a los becarios en zombies y a Cebrián en agricultor griego votante de Syriza. Es posible que sea verdad, porque si no el silencio que envuelve a Equo no hay quien se lo explique, y no me da que la cosa sea tan paranormal.

Quosque tandem…?

P.S.: hablo solo de Prisa y El País porque forman parte de mi pasado y mi cariño. Porque fueron parte de mi memoria y de mis luchas… y hasta de mi ganarme la vida hace un tiempo.  Por eso duele más que lo que hacen otros, aunque sea lo mismo.

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Equo está al otro lado.


Se dice como lugar común que a Copérnico, Giordano Bruno y otros maestros del Renacimiento los persiguieron o quemaron en la hoguera por defender el Heliocentrismo astronómico, es decir, por proponer como lectura alternativa de los datos astronómicos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al contrario. La verdad es que eso no es cierto, y hay que explicar por qué. En primer lugar, las teorías heliocentristas venían de muy antiguo –no solo Eratóstenes, o Aristarco de Samos, sino algunos otros pensadores, se dice que Hipatia incluida– ya habían propuesto esa lectura de lo observado. En segundo lugar, los datos astronómicos en aquella época servían para cualquiera de los dos movimientos: tuvieron que llegar más tarde Tycho Brahe y luego Johannes Kepler para establecer que los pocos datos que no eran consistentes con una Tierra fija en el Universo obligaban a desplazarla a su lugar como planeta orbital.

No, lo que se jugaba en las salas de la Inquisición Vaticana era parar una corriente de conocimiento esotérica basada en un heliocentrismo ideológico, astrológico y que sustentaba varias de las utopías de una incipiente igualdad entre los hombres, entre ellas las de Pico della Mirandola. Situar el Sol en el centro del Universo era apoyar “científicamente” (para entendernos) una tradición herética que amenazaba de manera frontal al poder de la tradición sobre la que se basaba un papado y una Cristiandad en crisis. De modo que decir que la Tierra giraba alrededor del Sol no era neutro, ni “a-ideológico” (nada lo es) ni desde luego una simple etapa en la evolución del pensamiento y el método científico.

Digo esto porque cada vez qe se presenta una formación o un mensaje político en tiempos de tanta volatilidad, las propuestas o no-propuestas tratan de sacarse de lo ideológico, presentarse como hechos, como lecturas neutras, incluso como verdades científicas. Recurso que todas las ideologías grandes y pequeñas, como ya mostró Althusser hace tanto tiempo, tienden a emplear. Incluso las instituciones religiosas lo hacen. Si en algo el análisis marxista no ha caducado es precisamente en hacer ver que la ideología como superestructura simbólica (semiótica, si se desea) busca legitimarse presentándose, precisamente, como fuera de su lugar superestructural, como verdad indiscutible, como hecho.

Estamos en este momento en una era que está pariendo un corazón y que, seguramente, se muere de dolor. Y entre los dolores de parto está la consideración de que la ecología y su aplicación política son transversales: las propuestas ambientalistas estarían, por tanto, fuera de la posición ideológica y sería, por tanto, asumible desde cualquier rincón político. Y no es cierto. Lo siento, pero no.

Esta crisis no tiene un “componente ambiental”: los recursos, la lucha por su control y aun los juegos de la ruleta bursátil en los famosos activos a futuro están en el corazón del capitalismo despiadado, desmadrado y deshumanizado. La crisis ha mostrado que el ecologismo político como praxis y la ecología política como armazón ideológico y cosmovisional no puede asumirse desde posiciones que consienten la pobreza económica/energética, la pobreza de alimentación/agroganadera, la pobreza generada por el desmantelamiento del principio sencillo de que pague más no solo el que más tiene sino el que más contamina y el que más recursos naturales acapara y destroza. Los derechos humanos sin acceso a la energía, a la alimentación y a la equidad –también con nuestros compañeros de planeta: plantas y animales– no serán sino una declaración vacía, decimonónica, de cuando la revolución industrial aún era una incipiente incubadora de vampiros avariciosos y víricos.

Equo tiene, entre otras, la prioridad, como ha señalado varias veces su co-Portavoz Juan López de Uralde de hacer que las personas sean conscientes de que posicionarse desde la ecología y el ecologismo político es revolucionario porque implica un cambio cosmovisional, una crítica razonada y alternativa ante la destrucción humana que el sistema del dinero por el dinero está provocando.

De modo que no, la opción por Equo no es transversal. De modo que sí, es ideológica. Y de modo que sí: estamos al otro lado. Solos todavía, todavía creciendo. Pero en otro lado.

No se me confundan.

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