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Sobrevivir al Chiringuito (la liebre y la tortuga)


Para muchas personas que rondamos el medio siglo hubo un par de programas de televisión de análisis de la realidad social y política y de entrevistas que nos marcaron. Uno fue La Clave, dirigido por José Luis Balbín, con modelo de cineforum o cineclub, en el que primeras figuras de la política, la cultura y las universidades (cosas que no siempre van juntas) ofrecían a la audiencia una lectura de lo que andaba pasando por nuestra actualidad. El otro fue el programa A Fondo, donde el maestro Soler Serrano entrevistaba a quienes entonces eran celebridades, personas del calibre de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Marguerite Duras, Carmen Martín Gaite, Milan Kundera, la Madre Teresa de Calcuta… Tenéis una lista aquí: http://afondo-entrevistas-soler-serrano.blogspot.com.es/p/listado-de-entrevistas.html.

Ver ahora cómo esos nombres han sido sustituidos por los personajes de Gran Hermano, Mujeres y Hombres y Viceversa; que las celebridades son ahora las que se sientan en los sillones de Sálvame (con De Luxe incluido) y que los programas de “análisis deportivo” de los Chiringuitos varios son como ese Sálvame transformado en discusiones de barra de bar con periodistas de bufanda y carajillo, despiertan en muchas personas como yo una mezcla de perplejidad y terror.

Sé que muchas y muchos de los que lean este post van a supurar dislikes, me llamarán pureta y cosas por el estilo, pero creo que el fenómeno Podemos –como otros fenómenos político-mediáticos– tiene que ver con una retórica cultural mayoritaria que está en la clave de la fast-food comunicativa, del cuestionamiento sin respuestas y de la polémica poligonera (hortera se decía entonces, aunque es sexista) en la que está instalada nuestra oferta de medios de masas.

Por más que las cosas de la moda siempre sucumban a lo clásico, más tarde o más temprano, en el tiempo entre las suturas culturales de la prisa hay que saber moverse y ser la tortuga por más que corra la liebre. Tarde o temprano, a la liebre se le preguntará hacia dónde corre, con quién va, qué propone para cuando llegue. La tortuga tiene tiempo de explicar las cosas mientras avanza, despacito. Tiene tiempo de hacer crecer su caparazón, de hacerse ver más, de mostrar quién es, aunque le cueste más tiempo y más trabajo.

El discurso ecologista, en los países mediterráneos, ya lo he dicho en otros posts, no está construido para el consumo rápido. Ni la Ecología ni sus líderes ni sus seguidores y seguidoras han llegado a la política vendiendo perritos ideológicos en un puesto callejero o en tertulias donde el nivel lo dan Marhuenda o Inda. No han imprecado a nadie en tertulias, no han limitado su quehacer mediático a tres consignas sobre la nada (y si pueden ser dos, mejor: todo a un euro). No han vendido su alma a la prisa cultural y a la política hecha puzzle de dos piezas.

Es claro que Equo y la ecología (los/las “verdes”) tienen que derribar muros mediáticos, culturales, estereotipos, bloqueos y vetos. Pero también debemos todas y todos los que estamos en esto que lo tenemos complicado de partida, porque nuestro discurso es al de los populisto-leninistas lo que una entrevista de Soler Serrano a José Luis López Aranguren es a una entrevista de Jorge Javier a la hija de la Pantoja –a quien llaman en el medio, agárrense, “Isabel II”.

En efecto. Un trabajo duro y difícil. Pero es el que tenemos que hacer. Es el que vamos a hacer. Mientras tanto, que siga corriendo la liebre, Évole mediante.

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