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La Asociación de la Prensa y algún pecado original.


“Me han publicado una carta al director en El País”. Estas diez palabras, en nuestro entorno giliprogre, eran el equivalente afrodisíaco a “me he entrevistado con Fidel Castro” o “he cenado en la Bodeguiya”. En otros ambientes sería el equivalente a “¿quieres dar una vuelta en mi Ferrari?” o “acabo de volver de la Unión Soviética”. A elegir. A mí me han publicado tres. Pero una de ellas –asómbrense, damas y caballeros—en un domingo. Impresionante.

Las cartas al director eran la punta del pequeño iceberg invisible de todas las personas que querían o queríamos matizar una noticia, una opinión, una información. A veces se usaban para corregir, otras para encomiar, otras para procurar un punto de vista adicional sobre lo que se leía en un diario o en cualquier otro medio escrito. Había incluso “profesionales” de la carta al director, gente con tiempo libre y pluma celosa (de no poder escribir ellos a su vez en el diario o la revista de sus entretelas) que rumiaba y enviaba su opinión de manera constante y que también con cierta regularidad veían publicada su misiva.

Cuando aún era un diario de referencia y prestigio, El País lo leíamos de atrás hacia adelante. Primero, la columna de opinión de la contra. Después la tele, especialmente en la época gloriosa de Antonio Albert, una de las mejores y más afiladas plumas que jamás he leído. Luego, los deportes, después a Joaquín Vidal si eras aficionado a los toros, si no, sociedad, Madrid, Tribuna Libre, los editoriales y, por supuesto, las cartas al director. Solo cuando había algo muy gordo o algo muy cercano se aventuraba uno en las páginas primeras, las de Internacional.

Por supuesto, El País no era el único medio escrito con cartas al director. Hasta los cómics tenían su sección, y los tebeos si se me perdona el guiño. Eso además diferenciaba a estos medios de esa comunicación prescriptora, sin ventanas, autoritaria y de traje que eran los informativos audiovisuales, tanto de radio como de televisión. Y eso aun cuando la radio tenía sus ventanas abiertas a los oyentes, que rara vez tuvo la televisión. Especialmente la buena televisión.

Todo esto, queridos señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, es un retrato de un tiempo que no volverá. Ahora, señores de la Asociación de la Prensa de Madrid, sus medios, sus periodistas, sus técnicos, sus redactores, sus fotógrafos, sus becarios, sus mensajeros… todo quisque que tenga que ver con un medio de comunicación y cualquiera que sea su formato, está sometido a las reglas de las redes sociales.

Ahora a un medio o a un periodista o al mismo dios, se le puede zarandear, trolear, discutir, y coger virtualmente de las solapas. Ahora –aunque rechace de lleno el hecho—están ustedes sometidos a lo que estuvimos todos sometidos desde hace mucho tiempo: la agresión, el escrutinio infame de gente sin escrúpulos, a señoritos del tiempo libre que solo saben insultar, perseguir y obrar con zafiedad. Ahora las puertas que les unen con la sociedad (con lo bueno y lo malo de la sociedad) están abiertas de par en par.

Claro que ustedes no son inocentes del todo. Han cometido algunos pecados que deberían considerarse como mortales si existiera una religión sancionadora en su oficio. Enumeraré unos poquitos que, con todo este susto de las nuevas tecnologías, las nuevas redes en la nueva sociedad, les han debido pillar a ustedes de improviso, con la guardia baja:

  1. Han permitido ustedes comparecencias de responsables públicos sin que se les ofrezca la oportunidad de preguntar. Dicho en llano, ruedas de prensa sin preguntas. Lo que, como todos los que trabajamos en esto sabemos, no tiene más nombre que
  2. Como corolario del punto anterior, han dejado ustedes pasar nada menos que el hecho de que el Presidente del Gobierno del Reino “comparezca” –apenas puedo aguantar la risa al pronunciar esa palabra—ante sus medios a través de una pantalla de tv por circuito cerrado.
  3. Han mirado ustedes hacia otro lado, o no se han dado cuenta cabal, cuando los profesionales a los que deberían representar han denunciado acoso político en medios públicos.
  4. También como epítome de lo anterior, parece que no han tenido noticias de la introducción de redacciones paralelas en los medios de comunicación públicos, locales y autonómicos, donde ha gobernado el único partido político de la democracia del 78 procesado (pro-ce-sa-do) por corrupción.
  5. Ignoro, porque no lo he encontrado, cuál ha sido su papel en el proceso de petición de responsabilidades por la muerte del sr. Couso, reportero gráfico muerto en Irak a manos de las fuerzas estadounidenses.
  6. Han dejado ir a periódicos de marca mayor hacia redacciones y titulares propios de las páginas “de tráfico”: “cinco maneras de…”; “lo que no habías imaginado que dijera…”; “el dirigente político más…”, y así caso tras caso.

Podría seguir poniendo ejemplos de cómo no solo se han rendido al imperio de las Relaciones Públicas; cómo han sido apabullados por el dinero de las grandes marcas –que siguen invirtiendo millonadas en soportes que ya saben que no valen para vender su producto, sino para comprar otras cosas–; cómo en lugar de forzar a las redes y a los públicos a seguir su camino de seriedad y rigor se han vendido a la retórica del trolleo, de la sorpresita, de la venta fácil, de la dictadura del Community Manager

Pero es tontería. Verán: ya han perdido ustedes el sitio. Ya vivimos en un mundo en el que todo el mundo insulta a todo el mundo, en el que nadie compra la verdad, sino el relato más rompedor, el que viene en cinco cosas, en lo que no sabías, en la foto más indiscreta o en el tuit más ingenioso. Ahora creen que lo que hacen los trolls podemitas es acoso. Y es posible que lo sea. Pero ¿saben qué? Es el mismo trato que el que dan a Inda, a Paquirrín, a Marhuenda, a Raquel Bollo, a la última estrellita choni o tete de los programas matutinos.

Y como ustedes han sembrado parte de estos polvos, con perdón, no crean que no les va a caer buena parte de estos lodos.

No lo crean ni por un segundo.

P.S. Que esta denuncia la haga Victoria Prego será quizá materia de otro post.

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La indignación oculta se ha vengado (Sátira I).


Lo que ustedes van a leer de este párrafo en adelante requiere de cierto cuidado conceptual y seguramente un porcentaje nada desdeñable de gente es muy posible que lo malinterprete. Estoy abierto a cualquier aclaración o debate. Va de uno de los factores que creo han sido decisivos en las Elecciones Presidenciales de los Estados Unidos de América y del crecimiento de los llamados populismos en Europa. Para más factores, más sátiras futuras.

La presunta izquierda en la que creemos compartir espacio de transformación y cambio es una lata para mucha gente. La izquierda presunta en la que llevamos entrando y saliendo algunos desde poco antes de la muerte de Franco, en una cama de hospital y a muy avanzada edad, se ha convertido en algo que a mucha gente la harta, le supera o, sencillamente, ha dejado de estar a su alcance.

La presunta izquierda que por ejemplo en España ha dado el poder al único partido procesado en los tribunales de la historia de nuestra Democracia es la misma que acaba de perder frente a alguien que en cualquier otra época histórica mínimamente seria hubiera sido considerado poco menos que un payaso y una curiosidad vecinal. Y las otras presuntas izquierdas en las que estamos, hemos estado o tenemos la tentación de estar no van por mejores caminos. Y es que somos un auténtico incordio. Somos una panda de empollones, pedantes, enamorados de nosotros mismos y tenemos planteamientos dificilísimos de explicar, que necesitan cientos de matices y encima no sabemos debatir. Pero sobre todo, a la gente normal la tenemos harta. En Estados Unidos la gente que ha votado a Trump (teniendo en cuenta que Hillary Clinton es tan de izquierda como lo pueda ser María Dolores de Cospedal, por ejemplo) está muy indignada, solo que ha incubado esa indignación en silencio y callada y minuciosamente, han puesto en la papeleta su pequeña venganza contra la presunta izquierda. Contra nosotros.

Las fuerzas progresistas, la izquierda, los movimientos de transformación, sabían hablar a la gente que antes se llamaba sencilla. Hasta que de esa gente surgimos los listos, las élites del análisis, los empollones del arte, la cultura y el análisis sociopolítico. En el momento en el que para ser de izquierda había que ser titulado o, mejor, doctor en algo, se fue jodiendo el Perú. Y si encima quiere uno ser ecologista, ni te cuento. Igual con una ingeniería no nos llega.

Las presuntas izquierdas hemos ido tejiendo un aparato cuasirreligioso en el que el debate, para empezar, está mediatizado por las formas. Si uno o una quiere hablar normal, emplea el neutro en su expresión oral o escrita y no pone arrobas, equis o directamente habla en femenino ante una audiencia puede ser vilipendiado en privado, en público, en las redes y hasta en una cena de cuñados. Así que ojito con lo que hablas.

En este nuestro ambiente cuasiconventual, mal está si uno se pone corbata o se la quita; sospechosa es una si lleva tacones o no; cautela con las viejas cazadoras que pueden ser de cuero o nada de zapatos de ante o de gamuza azul ni en los viejos vinilos, porque serás crucificado.

Sospechoso cuando no culpable serás de los males que aquejan a los que padecen pobreza energética porque dejas tus electrodomésticos en estánbai, porque has comprado en el súper y te han dado una bolsa de plástico, porque una vez tiraste el chicle en un alcorque, porque aún, miserable descamisado, no te has gastado 25.000€ en un coche híbrido y sigues con tu diésel de 8 años. Tú eres el culpable de la catástrofe ambiental.

¿Qué decir del problema de los refugiados? ¿De los manteros? ¿De las minorías éticas, sexuales, de los muy jóvenes, de los muy viejos? ¿Cuándo te preocupas por ello, miserable chupatintas? ¿Qué es eso de usar la crisis para dejar de pagar a Unicef, ACNUR, Médicos sin Fronteras, Greenpeace…? ¿Hasta cuándo vas a creer que con una sola suscripción y un SMS tienes tu conciencia silenciada?

No digas que no vas en bicicleta porque vives en la Carretera de la Playa. Cómprate una eléctrica.  No digas que comes carne, porque serás el responsable de la deforestación, del cambio climático y del maltrato animal. No comas mucha verdura, porque talan bosques para cultivar la que consumes. No seas ovolácteo porque las granjas de gallinas y vacas son inhumanas. Y ojito con apoyar la energía solar porque nuestros ingenieros te dirán que no es para tanto. Piensa además en la eólica que tantos pajaritos mata. Pero, obviamente, tienes que apoyar las renovables. Ya te diremos cómo.

Esta caricatura al estilo de Juvenal (el original romano, no el epígono que os escribe ahora) nos deja un hombre o a una mujer blanca, casada, que se desloman a trabajar o llevan tres años o más en paro, que dicen tacos ocasionalmente sexistas, que alguna vez  han contado un chiste de mariquitas, que le han dicho a una compañera o a un compañero “qué guapo vienes hoy”,  que han comido carne, que tienen un coche diésel porque les dijeron que contaminaba menos al consumir menos, que no tienen carnet Joven porque no son jóvenes, que no tienen carnet de la 3ª Edad porque no son viejos, que no tienen ingresos suficientes para ser ecologistas, para comer ecológico, para tener un coche eléctrico, que no tienen preguntas difíciles sobre sus vidas, sobre los ladrones que les han robado, sobre la mierda de mundo en que viven y que se dirige a un abismo del que les hacemos sentirse culpables, que van al cine a divertirse, que leen el Marca o el As o el Semana y que a veces ven (¡ah, pecadores horrísonos!)  Sálvame Limón.

Esa gente está indignada. Pero indignada contra nosotros, las élites, que les culpamos de todo, que les decimos que si no entienden nuestras soluciones es porque no leen lo suficiente, que si no acertamos haciendo encuestas les llamamos mentirosos, que antes que ellos están todas las minorías, todas las mayorías, todos los que ni son ni hablan ni viven como ellos.

Pues bien, esta gente, en Estados Unidos ahora, pero seguro que en Europa después (en Italia ya pasó) está muy indignada, tiene un sobre con un voto y es peligrosa. Y nosotros somos tan listos, tan listos, pero tan listos, que cuando la depositen en la urna no vamos a saber por qué.

Qué listos somos.

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Adiós a Todo Eso.


Es posible que fuera por pasar al otro lado del espejo, persiguiendo inútilmente al conejo de mi juventud activista, libertaria y llena de utopías.  Es posible también que fuera por la misma curiosidad que, hace ya tantos años, me llevase a tender puentes profesionales entre la investigación de la publicidad y hacerme yo mismo publicitario.

También puede ser que durante mis años de asesoría viera que es cierta la frase de Inés Sabanés: “si no quieres hacer política, descuida: alguien la hará por ti”.

En todo caso, he dado mis últimos cinco años y pico a un proyecto que siempre, desde primeros de los 90 di por necesario: un proyecto ecologista. En un país culturalmente yermo, socialmente conservador y políticamente analfabeto sabíamos todos que la implantación de un partido verde a la europea sería muy difícil y, dado el medio siglo de desfase con los países avanzados que arrastramos desde la Revolución Francesa, cuestión de echarle paciencia. Total, los verdes alemanes nacieron en los 70. Así que para 2020 habría esperanzas.

Eso ahora ya no me es posible. No me importa mucho, porque mi vida ha solido consistir en etapas, ciclos quizá, de entre 5 y 7 años.  Y porque, como dijo Malcolm X, “¿Tienes enemigos? Genial.  Eso es que en algún momento de tu vida, te has plantado por algo”.

En este proyecto, me planté por Juantxo López de Uralde y por su sueño de un partido ecologista relevante. En este proyecto trabajé muy duro para que Florent Marcellesi tuviera la oportunidad de llegar al Parlamento Europeo bajo una forma de cooperativa política en la que, al final del proceso, pude ayudar a un imprescindible Alejandro Sánchez con el final de las negociaciones. Tuve la oportunidad de ayudar a promover y pactar la candidatura de la que ahora es la co-Portavoz federal del partido, desde las primeras comidas en Aranda, Burgos y Segovia hasta la culminación de la II Asamblea. Tuve también la ocasión de co-dirigir a un extraordinario grupo de personas, tanto de Podemos como de Equo, en el mayor éxito electoral de Equo, en las Elecciones Generales de hace un año en Vitoria/Gasteiz.

Y ahora toca dar un paso atrás. Y no hay lamento. No lamento de ninguna manera haber conocido a tanta gente que trabaja callada, constante y seriamente en un montón de sitios que he conocido y querido gracias a Equo. Lo que nunca podrá ser objeto de arrepentimiento es haberme encontrado con tantas personas honestas, cabales, que miran a los ojos y que abrazan con calor, que dan la mano fuerte, que besan con besos que suenan. Nunca podré renegar de mi segunda familia de Araba y de Valencia, de Castilla, de La Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Asturias (sí, querido: de Asturias), de Madrid… Ahí seguiré estando. Porque vosotros, vosotras, os lo merecéis todo.

Pero sobre todo os merecéis que me vaya de la primera línea. Que ya está bien.

Y no se me rindan. Ya lo dijo M. Gandhi: “Cualquiera que diga que no está interesado en política es como el que se está ahogando y dice que no le interesa el agua”.

Feliz futuro.

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Otra vez sí.


En la historia de este modesto y muy intermitente blog se puede comprobar que las pocas veces que he hablado de temas orgánicos de Equo, de sus planteamientos y de su futuro, o cuando se ha tratado de escoger a personas y líneas políticas he dicho siempre que sí.

En la corta historia de Equo –debido en parte a los ridículamente cortos mandatos que nos hemos dado—ha habido varios momentos decisivos en los que  la mayoría hemos tenido que trabajar muy duro por el , por los síes. En esos momentos muchos de nosotros nos hemos dejado buena parte de nuestro pellejo defendiendo un Equo en afirmación, en positivo, en acción y en sintonía con el momento histórico que nos ha tocado, como en la maldición china, disfrutar sufriendo, o sufrir disfrutando.

Tuvimos que luchar para convencer y superar a quienes no vieron en Primavera Europea la herramienta de la primera entrada histórica de los ecologistas españoles en las instituciones. La irrupción de Podemos restó importancia a un hito: entrar en el Parlamento Europeo. Incluso entró, primero como asistente y luego como diputado, una persona que se opuso al principio a esa cooperativa política. Y muchos de nosotros nos enzarzamos en una dura batalla para lograr esa representación que además, aunque ahora se olvide, conviene recordar que era prácticamente el punto de supervivencia de Equo con  la estructura mínima de la que disponía en aquel momento. Algunos por tanto dijimos que sí. Ganó el sí. Y entonces ganó Equo. Un poquito. No mucho, no tanto como otros. Pero ganó.

También tuvimos que luchar para lograr que Equo estuviera en la corriente histórica que culminó en los llamados Ayuntamientos del Cambio y en la entrada de varios de nuestros militantes en los parlamentos autonómicos. Otra vez quienes defendimos el sí, la cooperación, el poner por delante la causa, el tener como objetivo entrar en las instituciones para ser relevantes, para ser herramientas de cambio y para estar orgullosos del trabajo de todos nuestros concejales y concejalas, pudimos ver satisfechos la entrada de las gentes de Equo en más de 100 cargos municipales y con voz y voto en 15 capitales de provincia. Además, entramos a gobernar en el País Valenciano, donde fuimos y somos una fuerza política de primera línea en responsabilidad y visibilidad.

Más tarde hubo que trabajar para proponer un nuevo sí. El más difícil: el sí a entrar en coordinación con la fuerza política que se había apoderado de nuestras ansias de renovación y de la visibilidad mediática y social. Este fue un sí muy duro, muy difícil de conseguir. Nuestro ahora parlamentario europeo no se decidió por el sí ni por el no. Pero nuestra ahora diputada (gracias a nuestro sí, gracias a que derrotamos su no) sí se posicionó en el no: clara y públicamente. Fue una victoria muy dura, casi amarga por todo lo que nos habíamos dejado la mayoría de nosotras y de nosotros para conseguirla.

Pero también fue una victoria dulce. Porque en el único lugar donde Equo encabezaba la lista, el trabajo de Equo y de Podemos, de nuestros pocos y de sus muchos pero de todos juntos, de todas juntas, nos llevó a ganar dos veces con el mejor resultado histórico en la provincia y, comparativamente, en el Estado. Fue un triunfo hermoso del sí, de nuestro sí, del sí que han encabezado Juantxo, Inés, Alejandro, Carmen, Ramón, y tantos y tantas otras  desde el principio.

Nos hemos dejado mucho en el camino para que siempre gane el sí en Equo. Yo mismo esta vez doy un paso atrás y digo no muy bajito a estar en ningún puesto orgánico. Pero sigo siendo del sí. Seguiré trabajando por el sí verde, útil, relevante, honesto y que siempre esté en acción, en positivo y en lo que hay que hacer: en la tarea de salvar el Planeta y, sobre todo, a los seres que lo habitan.

Ese es mi sí a Equo en Acción.

http://equoenaccion.org/

Ese es mi sí a las personas que en Equo siempre han dicho que sí.

Sí.

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Lo sentimos por los hechos.


Se dice, aunque con muchas dudas por la variedad de relatos y los evanescente de las descripciones que tenemos a mano, que durante los triunfos que se otorgaban a los generales romanos ras una campaña existosa un esclavo público o su hijo varón más pequeño le acompañba en el carro de cuatro caballos recordando al triunfador su condición mortal, en cada parada de la Via Triunfal hasta su llegada al templo de Júpiter Capitolino.

Se cuenta también, esto con más detalle y unanimidad entre los historiadores, que tras el carro, comediantes, miembros de las tropas y civiles con gracia cantaban a voz en cuello canciones satíricas y malsonantes contra el protagonista (en un triunfo de Cayo Julio cantaban eso de “maridos, esconded a vuestras mujeres y mujeres esconded a vuestros maridos, que viene el viejo y sucio calvo”, esto último con un doble sentido idéntico al que empleamos ahora). Eso probablemente ayudaba a rebajarle los humos al triunfador, pero también ayudaba al control social de la envidia y a desahogar por un día una disciplina militar y civil que, como la romana, era muy estricta y a veces hasta sangrienta en su ejecución.

A la vista de las declaraciones de algunos líderes de partidos tras las últimas Elecciones Municipales y Autonómicas, parece que la desaparición de ambas costumbres hace centenares de años no ha sido una buena cosa. El marketing político, que tan bien se conoce desde la época imperial romana, impone la regla de, sea cual sea la realidad, ofrecer un relato propio que la re-lea y la re-presente (que la re-cuente) a la opinión pública, de manera que los datos, los hechos, son tanto más irrelevantes cuanto más hábil es la relectura que se ofrece.

Escuchando algunas declaraciones públicas de los últimos días da la sensación de que ni los resultados de las Elecciones al Parlamento Andaluz de marzo ni las Elecciones Municipales y Autonómicas de mayo han sido como dictaba el programa de marketing político. Los resultados han puesto en cuestión seriamente la agenda del laboratorio podemita, los cálculos y las expectativas puestas en Ciudadanos y la capacidad del Partido Popular de ocultar su problemilla de podredumbre estructural, aun cuando seis millones de personas sigan ignorando la corrupción pepera. Ni siquiera se puede decir en alto que los resultados del PSOE, dadas las circunstancias no han estado tan mal, ni mucho menos. Y mucho menos en comparación con lo que se esperaba a la luz (oscura y manipulada) de la mayoría de las encuestas publicadas.

Estructuralmente hablando, ni siquiera se puede hablar de un vuelco absoluto. Antes partían el bacalao cuatro partidos –el político y el mediático– y ahora vuelven a ser cuatro –sobre todo el mediático– y así seguimos. No estoy hablando de una intercambiabilidad total entre UpyD y Ciudadanos ni entre IU y Podemos, por supuesto. Pero el caso es que más de la mitad del electorado sigue sosteniendo a los dos grandes partidos y que una opción de centro-derecha ha sustituido a otra y una corriente a la izquierda del PSOE se ha agrupado en siglas que, donde han ido en solitario, se ha merendado a IU.

De modo que, poniendo los hechos sobre las lecturas, ocurren todo tipo de ruidos que se convierten en relato plausible cuando se ponen negro sobre blanco. Veamos:

Hecho 1. Donde IU ha ido en solitario, se ha estrellado. Hasta el punto de no entrar ni en el Parlamento Autónomo ni en el Ayuntamiento de Madrid. Declaraciones públicas de personas de IU: “no iremos a ningún lado sin nuestra marca y no desapareceremos en ningún mar de siglas, nuestro proyecto no está agotado”. Vale, pues nada. Sigamos igual.

Hecho 2. Podemos no solo no se presentaba en estas Elecciones Municipales, sino que en algunos sitios su posición indefinida, la soberbia de algunos de sus cuadros, la metodología fagocitadora de éstos en las mesas de negociación y las luchas entre diversas corrientes internas no ha hecho más que retrasar y confundir muchas formaciones de confluencia que al final, a pesar de todo ello, han aguantado e, incluso, han tenido éxito. Medición: 250.000 votos más para Ahora Madrid que para Podemos en solitario. Lectura mediática y podemita: “las formaciones impulsadas (????) por Podemos han barrido. Podemos es ahora el interlocutor. Carmena es un invento de Podemos. Podemos estudia una convergencia de todas las izquierdas bajo el paraguas de su marca –cosa que se ha hecho en las Elecciones Autonómicas–”. Así que da igual que Podemos ni se acercase a las previsiones más pesimistas de las encuestas preelectorales ni en Andalucía ni en media España. Da igual que Ahora Madrid y confluencias parecidas hayan trabajado y logrado un éxito rotundo a pesar de Podemos y de sus líos, de sus tácticas dilatorias y su indefinición ideológica táctica. Da igual que todo el mundo reconozca a CxM, a Equo, a las Mareas y a personas anónimas su aportación en la construcción de Ahora Madrid y de su líder tranquila y, digámoslo de paso, no precisamente una jovencita. Es el mundo y Podemos. Es los muebles contra Ikea. El periodismo patrio no da para más… sobre todo si no quiere.

Hecho 3. Los dos anteriores muestran a las claras que las confluencias, del grado y tipo que fueran, han sido la clave del éxito y probablemente lo serán en las siguientes legislativas. De hecho, han fracasado o han logrado peores resultados allí donde se han dividido entre sí en dos o tres Ganemos o Ahoras o lo que sea. Y también han funcionado las buenas y viejas coaliciones de las de toda la vida, con un guión en medio y entre paréntesis la procedencia de cada persona de la lista. El electorado ha premiado el dar trigo de la unidad, incluso a costa de egos y marcas, antes que la predicación de unidades que solo se aceptan si las encabeza el amado líder. Lectura: no importa, porque los periódicos así lo dicen. Las candidaturas de unidad popular solo tendrán cabida al abrigo de la única marca capaz de sobrepasar al viejo PSOE, ocupando la transversalidad y recibiendo con humildad pero sin complejos el encargo de encabezar el clamor del cambio. Al viejo PSOE le han salido las cuentas en casi todas partes en comparación con lo que se esperaba, de sorpasso nada, la gente sabe muy bien dónde está cada cual y vota, además, a personas que le suscitan confianza, pero eso da lo mismo. Solo son hechos.

Hecho 4. Y es que Podemos, como marca, solo ha ganado en encuestas, no en todas, hasta febrero, cuando PRISA levantó el pulgar a Albert Rivera y lo bajó a Rosa Díez**. En Andalucía se quedó en el porcentaje más bajo de las horquillas previstas. En las Elecciones Autonómicas, lo mismo. Cerca, pero no. Como tampoco los muchachos de Albert Rivera han sido el contrapeso esperado en casi ninguna parte. La lectura debería ser “menos lobos y aver qué hacemos y con quién”, y no la de exigir “humildad” a los demás partidos, con más número de votos. Está bien hacérselo pasar mal al PSOE, claro. Pero cuidadín.

Y es que igual que la realidad no debe estropear un buen titular, los hechos no pueden desarmar una teoría elegante. De eso vivimos y hemos vivido algunos de nosotros. Precisamente por ello conmigo, al menos, no cuela.

A Esperanza tampoco le han gustado los hechos. Como buena demócrata a la española, los resultados solo son justos si gana ella. O al menos si no pierde frente a una rival directa. Y resulta que los periódicos no han dicho eso. Ni siquiera sus periódicos. Como para enloquecer.

Con lo fácil que sería leer la realidad y aceptar los hechos. Claro que eso, en política…

Por cierto, otro hecho: el trabajo de Equo en las confluencias de todo el Estado ha sido decisivo. E igual de intenso que donde hemos ido en solitario. Eso me encanta, y no me lo va a estropear ningún buen titular.

 

**Parece que se ha descubierto recientemente que el pulgar hacia arriba y hacia abajo se han confundido en la historia tradicional. El pulgar hacia abajo, así, significaría precisamente la salvación del gladiador derrotado. Curioso.

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Podemos: ¡qué emocionante!


Hace muy poquito, en una reunión informal, una mujer joven, arquitecta, inteligente y entusiasta hacía una reflexión que ahora debe ser muy común y que –con forma diferente—no era la primera vez que oía: “es que eso de [Equo] de reflexionar, argumentar, exponer programa… eso es viejo, del siglo XX. En el siglo XXI se trata de las emociones, de comunicar emociones, de llegar a las tripas, al corazón”. Se refería así, comparando sus actitudes ante la comunicación política con la de Equo, claro está, a la alegre muchachada de los círculos.

La respuesta que di  a esta entusiasta mujer no le gustó nada. Le hice notar que las emociones, en política, se llevan usando mucho tiempo antes del siglo XXI. Y que cuando se ha hecho así, las cosas no han ido precisamente bien. Le hice notar lo emocional que era, por ejemplo, el nacional-socialismo. En general, añadí, todos los ultranacionalismos, los extremismos, los fundamentalismos,  se construyen sobre lo emocional.

Y es normal que así sea. Casi nada de lo que las emociones aceptan sin rechistar se puede tratar racionalmente sin que a uno o a una lo acusen, como mínimo, de aguafiestas. Meterse con las emociones, con lo emocional, es meterse contra la moda del marketing pasional, contra los dictados de Pretty Woman y derivados, contra la identidad de pueblos, contra los paraísos religiosos,… cosas así.

Ante esta dictadura de lo emocional no hay nada que hacer. Si uno señala que considerar que es mejor que un espermatozoide y un óvulo, por azar, se reunieran en Castelldefels que en Villamanta; mejor en Jaén que en Bourg-en-Soissons; mejor en Ejpannia que en Ecuador, etc. y que esa cualidad azarosa es como presumir de tener cinco dedos en las manos, se le contesta inmediatamente: “es un sentimiento, hay que respetarlo”. Pues no. A la persona siempre, a lo que juzgo una estupidez, nunca.

Si uno señala la irracionalidad de los paraísos de cualquier religión o secta, de la existencia de un Dios omnisciente, omnipotente  y que interactúa con la historia (y hasta habla con gente y opera violaciones de las leyes naturales) por el sencillo método de señalar que no hay una sola prueba de que tal ente exista, se le reprende con el “no ofendas los sentimientos de la gente, es su creencia”. Vale, sin ofender. Respetando a la persona creyente, pero jamás la creencia.

La alegre muchachada de los círculos no soporta, ni admite, una sola crítica precisamente porque está surfeando los sentimientos de indignación, de cabreo, de hartura, que están gobernando nuestra sociedad desde que se acabó la fiesta del ladrillo y empezamos a ser los felices propietarios de monumentos ruinosos, constructoras megalómanas y bancos llenos de delincuentes. De modo que cuando alguien señala que su discurso es un anti-discurso; cuando alguien se atreve a apuntar que hace meses dijeron unas cosas y ahora dicen otras (especialmente en temas económicos); cuando a alguien se le ocurre decir que en Cofrentes son pro-nucleares y en Burgos anti-nucleares, o idependentistas en Catalunya y antiindependentistas en Toledo; cuando algún o alguna valiente se atreve a recordar que no han apoyado una sola movilización ciudadana desde abril; cuando una voz se alza para hacer ver que estos adalides del 15-M y la democracia participativa han elegido sus órganos a la búlgara; cuando alguien se horroriza de que digan a las claras y en medios de comunicación masivos que “harán y dirán lo que sea necesario para llegar al poder”;

http://politica.elpais.com/politica/2014/11/26/actualidad/1417030679_132277.html

cuando una memoria se espanta de que basen sus discursos en cepillarse –con razón—la Transición… pero al compás de L’Estaca y del Canto a la Libertad… entonces sus sentimentales voceros, su cohorte mediática y sus ciberactivistas crucifican a quien sea “porque el enemigo es otro”, porque “esos son los ataques de la casta”, porque “el clamor de la ciudadanía pide que desalojemos a los corruptos, no importa cómo”, porque, en fin, cualquiera que les critique es un resentido, un miedoso, celoso de su éxito y que no comprende que lo nuevo tiene que imponerse a lo viejo por la sencilla razón de que es nuevo. Aunque la novedad huela a II Internacional, por supuesto.

Y ahora, por favor, lean esta entrevista sobre las “propuestas” de Podemos sobre cultura. Si tienen tiempo háganse un resumen y vean lo que sale después de quitar las consignas, los lugares comunes y las ocurrencias. Es precioso ver frases como:

“… podemos decir que en el proyecto político de Podemos hay una voluntad de generar un nuevo espacio cultural. Una orientación que entiende la cultura como un elemento fundamental del cambio que proponemos”.

 ¿Es la Cultura elemento de cambio? Respuesta: “El modelo denominado [¿denominado por quién? N. del A.]  “Cultura de la Transición” ha sido un modelo político y cultural al tiempo. Tenemos que salir de ese bloqueo para formar un nuevo proyecto de país”.

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-11-11/queremos-acabar-con-la-hipsterizacion-de-la-cultura_439785/

Es decir. Casta, Transición y cambio. Si se les pregunta por cualquier cosa –y esta es la clave de su éxito–: casta, Transición y cambio. Y emociones. Muchas emociones. Mucha indignación. Mucho clamor social.

Esta semana convocan una manifestación solo para ver cuánta gente va. No los vimos por la República, con las mujeres, ni en el Día del Orgullo, ni apenas en las Mareas (excepto, claro está, a título “personal” como en Ganemos)… Pero para sí mismos sí, para saber cuánto es el apoyo que pueden visibilizar en la calle. A ver si son tantos y tan guays como creen. Otra novedad que ya había visto mucho antes en contextos quizá dudosos.  Lo que se ha llamado toda la vida una “demostración”, es ahora un test. A ver cuánta gente, indignada contra la Casta, agotada del modelo de la Transición y deseosa del cambio sigue a la alegre muchachada de los círculos.

Qué emocionante.

Otras, otros, en Equo pero también en otras partes, tendremos que seguir trabajando para dar a conocer propuestas y programa. Sin medios, sin periodismo de apoyo, sin demagogia fácil, sin retórica tipo Gran Hermano, El Chiringuito de Jugones o Sálvame… Currando por un modelo alternativo de verdad. Con ideas de verdad, de las que se pueden consensuar, debatir y refutar.

Qué poco emocionante.

 

 

POST SCRIPTUM: A la arquitecta le pregunté, además, si emplearía ese criterio exclusivamente emocional a la hora de elegir o juzgar su relación de pareja. “Respondió un “sí” contundente, espontáneo, definitivo… y dos segundos después hizo un silencio y dijo “espera. A lo mejor, no. Ya me has dejado pensando”. Pensando. Otra cosa poco emocionante… ¿a que sí?.

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Hace muy poquito nuestro muy siniestro Gobierno subió el tipo impositivo del Impuesto sobre el Valor Añadido del 12% al 21%. Por todas partes se leyeron y escucharon titulares y comentarios que hablaban de una subida del 9%, cuando el tipo impositivo nuevo casi doblaba al antiguo. Digo esto porque en general la lectura de datos popular y mediática suele olvidarse, no ya de las matemáticas, sino de la simple aritmética, de modo que las interpretaciones sobre las encuestas sociales y electorales que corren por ahí se las suelen traer con abalorios. Dejemos aparte el hecho cierto de que las encuestas que se publican no suelen tener mucho que ver con las que realmente se tienen (dicho sea de paso, que Equo no tuviera los recursos económicos para hacer su propia encuesta fue otro handicap serio para la formación).

También existe una tendencia a tratar las encuestas como a los OVNIs, metiendo a una simple herramienta –las encuestas son una de las muchas herramientas que se pueden utilizar para estudiar la realidad social– en el mundo de la creencia, especialmente si sus resultados nos confunden, no están de acuerdo con lo que pensamos o las hace una empresa asociada a intereses financieros, económicos o políticos. En general, la frase “no creo en las encuestas” suele venir, simplemente, de personas que no comprenden ni su estructura, ni su función ni el uso o los usos a los que están destinadas. Podríamos parafrasear la piadosa frase de los teístas: “no importa que tú no creas en las encuestas. Las encuestas creen en ti”.

Vistas desde el punto de vista de quienes las usamos, es creencia común que las empresas o instituciones que hacen encuestas pre-electorales emplean mucho más tiempo en explicar por qué no han dado ni una que en el trabajo de campo, tabulación y análisis de los datos. Normalmente los errores vienen de malas fijaciones de variables (quien vota X compra Y, lee o ve Z) que, a su vez, vienen de la no utilización o de un mal uso de estudios de base de tipo cualitativo para cocinar como se debe. Además, cuando surge un fenómeno “pico”, que se sale de las medias y entra como un ciclón en los gráficos, por ejemplo, ERC o Compromís (sí, y también los alegres muchachos de los círculos), el primer reflejo del estadístico suele ser minimizar o “corregir” a la baja el fenómeno. Recordemos que solo las “israelitas” de la COPE se atrevieron a prever 3 ó 4 escaños. Yo, personalmente, no creí en el fenómeno hasta que me dí contra ello, como muchas y muchos de mis colegas.

Después está el asunto de las encuestas de diagnóstico y las encuestas de pronóstico. Entre procesos electorales, las encuestas que preguntan por la intención de voto y otras variables que se piensan relacionadas suelen ser más diagnósticas. Ofrecen un “corte”, una instantánea del statu quo espacio-temporal en el que está un conjunto social dado sometido a estudio. Cuanto más se acerca uno al momento de los comicios, más prognosis se puede hacer con la herramienta del sondeo, puesto que se está más cerca de lo que la gente quiere que pase que en el momento del diagnóstico entre elecciones.

Parece que para la formación circular el asunto es discursivamente claro: la gente declara que va a votar lo nuevo porque lo viejo no ha funcionado. Lo que quiera hacer o no lo nuevo, su programa, sus intenciones e incluso sus personas dan lo mismo –es clamorosa la ausencia de paridad en sus órganos, en sus fotos y en su imagen pública. Es diferente y me vale. Y contra eso no hay cocina ni Arriola que valga. La dichosa encuesta del CIS va amostrar ese diagnóstico, que probablemente entra en un escenario de prognosis coherente con el momento actual. Y que viene muy bien a los muchachos de Políticas para poder decir lo que se les antoje bajo el paraguas del cambio. Lo hizo Obama y lo hizo el otro modelo en el que se han inspirado: Felipe González en el 82. Líder joven, que habla de manera simple en un mundo ávido de simplicidad, que confunden –confundimos– con inteligibilidad.

Está también jugando de fondo una falsa esperanza: la de que estos de los círculos van a devolvernos al tiempo pasado. Que volveremos al desarrollo, al consumo, a la circulación de la pasta y al trabajo de 8 horas y las vacaciones en las Seychelles. Que nuestros jóvenes volverán a trabajar para comprarse el piso y el coche. Y va a ser que no: después de una crisis tan profunda, el mundo que era ya no será. Que, además, nos acercamos al punto de no retorno de nuestra extinción (el planeta no está en peligro: ha sobrevivido a otras catástrofes en el pasado y seguirá girando hasta que el sol lo engulla en su conversión a gigante roja), con lo que los modelos ecologistas son imprescindibles o no estaremos para verlo. Pero nada de eso importa ahora. Ahora solo importa el “hay que echarlos”.

No hay que hacer muchas más lecturas. Los viejos partidos se hunden. Lo nuevo viene. Una posición inteligente será ponernos junto al foco de luz que ahora ilumina, en los medios y en la calle, al tsunami de la indignación y la petición de novedades. Tenemos que hacernos ver aprovechando que en los márgenes del escenario la luz ilumina ahora también a Equo. Además, como dijo una figura política de relevancia, “Equo es más peligroso que Podemos. Vosotros tenéis un plan”.

Ahora habrá que comunicar ese plan. Que se preparen.

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